INFLADOS
Por: Édgar Rodríguez H.
La mayoría de los diez alcaldes electos andan como Cornelio Reyna, en la nube más alta, como a 20 mil metros de altura, desde donde se darán tremendo porrazo cuando se vean la cruda realidad que enfrentan las administraciones municipales que encabezarán a partir del 15 de octubre próximo. Los gustos no les van a ajustar para los pesares que les esperan. Cuando empiecen a darse cuenta de que su capacidad de respuesta está muy por debajo de las demandas de la gente, entran en pánico, cambiarán hasta su modito de andar.
A los diez nuevos alcaldes sólo les queda un mes para disfrutar las victorias electores que lograron el primer domingo de junio anterior; sentirse importantes por los requerimientos de chambas y propuestas de hacer negocios que a diario reciben; y soñar, como lo han hecho con anterioridad otros en su misma situación, que van a llevar a sus municipios por la senda del desarrollo, la modernidad, la excelencia y el bienestar para todos. Su frustración será del tamaño de su incumplimiento de las altas expectativas que por iniciativa propia han creado en la población.
Sólo tres de los diez alcaldes electos, Ernesto Márquez Guerrero, Armería; Crispín Gutiérrez Moreno, Ixtlahuacán; y Horacio Mancilla González, saben lo que les espera. La experiencia del haber desempeñado ya el mismo cargo los hace prudentes, les da ubicación y sabiduría para entender que de los buenos deseos a las respuestas concretas hay mucho trecho. A otros tres de siete restantes que se estrenarán como alcaldes de los municipios más grandes, les llevará no más de 6 meses para que se alivien de sus delirios de grandeza, vuelvan a poner los pies sobre la tierra y acepten que muy poco podrán hacer y lograr ante las insuficiencias financieras, las pesadas cargas laborales y las presiones sindicales. Estos últimos podrán seguir viendo de reojo a quienes creen que no necesitan, pavonearse y creer que todo lo pueden, que nadie los merece por estar muy por encima del común de los mortales.
Ellos son las señoras alcaldesas panistas de Manzanillo, Gabriela Benavides Cobos, quien pelea hasta con su sombra; y Yullenny Cortés, de Villa de Álvarez. También, su compañero de partido el tapatío Héctor Insúa García que gobernará a los capitalinos con el respaldo de un grupo de notables jalisquillos entre los que se encuentran su propio hermano y un grupo de amigos igual de desubicados que él, pues no cree ni en su partido ni en la capacidad de los colimenses a quienes ve como Dios a los conejos. Habría que preguntarse lo que pasaría en la Perla Tapatía si su alcaldía fuera asaltada por colimotes. De seguro los quemarían con leña verde, no como aquí donde priva el malinchismo y el clasismo.
Habrá que estar muy atentos al desempeño del trio panista Gabriela, Yulenny y Héctor, que todavía no estrenan cargo y ya se ven conteniendo por otros de mayor envergadura en 2018. Los tres darán mucho de que escribir para próximas entregas. Al tiempo.
SE DICE QUE…
*“Llego sin ningún compromiso con nadie”. Con esta gastada frase salió a los medios de comunicación el nuevo presidente de la Comisión de Derechos Humanos del Estado de Colima (CDHE), Sabino Hermilo Flores Arias.
*No nada más el todavía gobernador del estado compró medallas y diplomas de primeros lugares nacionales en todo lo que se le ocurrió. Lamentablemente varios alcaldes como el de Manzanillo, Virgilio Mendoza Amezcua, siguieron su pésimo ejemplo.
*En Manzanillo continúa baladroneando el perdedor de elecciones Sergio Marcelino Bravo Sandoval, quien jura y perjura que tiene tres ofrecimientos en la próxima administración estatal: Secretaría General de Gobierno, Secretaría de Fomento Económico y Presidencia del CDE del PRI.
*Otro que se ve ya como Secretario de Turismo es Alejandro Meillón Galindo.

