Por: Antonio Valdés
Escuchando a mi buen amigo Frank un domingo platicaba cuando era joven andaba persiguiendo el éxito en un proyecto que le iba a traer tanto a la empresa como a su carrera profesional. Debo reconocer que mientras él platicaba su anécdota mi mente iba a la a velocidad vertiginosa creando las imágenes, no tanto acerca de lo que estaba relatando sino empecé a organizar una situación con las imágenes creadas en mi mente. Así que esta reflexión terminó siendo una verdad imaginada. Es decir basado en la experiencia profesional de mi amigo Frank y la historia que logré construir basada en su relato.
Hay ocasiones en que nos afanamos a querer alcanzar lo que creemos que nos va a llevar a vivir una vida de abundancia, o lo que el mundo común le llama una vida de éxito, y esto lo he escuchado de muchos empresarios o comerciantes que tienen como primer postulado seguir tus objetivos sin parar hasta que los alcances y muchas personas lo único que alcanzan, si es que lo alcanzan es acumular cierta fortuna, pero su vida sigue igual de vacía que cuando comenzaron. Sus vidas están vacías y carecen de sentido y mucho menos de propósito. En otras palabras no tienen una identidad clara y definida. Le tiene miedo a la muerte y cuando alguien les pregunta acerca del futuro su temor mayor es perder sus fortunas, y desgraciadamente hacen de eso su razón de ser, pues siembran su “éxito” en el esfuerzo de toda una vida de trabajo intenso, así que vemos a una personas que lo único que tienen es dinero en su cuenta bancaria, gracias corretear por años una zanahoria. Y repito si es que alcanzaron la zanahoria.
Por el contrario hay personas que si se esforzaron en trabajar para vivir dignamente y también trabajaron en ellos mismos para cultivar a la persona que estamos diseñados a ser, así que estas personas descubrieron su real identidad, su propósito de vida y sobre todo saben que su seguridad no está en el dinero, sino en Dios. Estas personas no corrieron tras la zanahoria, sino tras la cruz, y alcanzaron la cruz que les permitió comer muchas zanahorias y vivir con el enfoque correcto y bajo la perspectiva de una vida plena y abundante en Dios. Así que amigo lector me atrevo a darte un pequeño consejo deja los esfuerzos de ayer, sigue la cruz hoy ya que seguramente afectará tu vida por siempre. ¿Seguirás la Zanahoria o la Cruz?
¡Mi descanso está en Cristo!
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