AMANECER POLÍTICO
Por: Felipe Díaz Cortez
Teóricamente, la ventaja comparativa es la capacidad de una persona, empresa o país de producir un bien o servicio con un costo de oportunidad menor que sus competidores. Esto significa que se debe renunciar a producir menos de otros bienes para producir uno en particular. La teoría, desarrollada por David Ricardo, establece que la especialización en bienes donde se tiene una ventaja comparativa y el comercio de los excedentes puede generar beneficios mutuos y aumentar la prosperidad general.
Ventaja que en teoría también debería equilibrar la balanza comercial entre las partes ya que, si una domina a la otra, las posibles ventajas se anulan hacia una de las partes.
Y en eso se apoyaron los neoliberales, en su “estrategia” para fortalecer al campo, pero lo que resultó fue un abandono total del sector, problema que inició en el sexenio de Carlos Salinas de Gortari y el operador fue su hermano Raúl, quien por cierto hasta fue encarcelado. Así se fueron acabando al campo que ahora resulta una tarea titánica su recuperación y que lo están utilizando los adversarios para atacar de inoperantes a los gobiernos del cambio verdadero que ha demostrado que sin corrupción se pueden hacer muchas buenas cosas en favor de toda la población sin descuidar a nadie.
En tiempos del neoliberalismo también se vieron favorecidos los coyotes con cara de ovejas, que en realidad son uno depredadores del campo porque son quienes se llevan las ganancias, mientras que el productor, en la mayoría de las veces ni los gastos recupera, cuando lo justo seria que se llevara, al menos, un 25 por cierto.
También como lo ha dicho el señor Arnoldo Vizcaíno, los precios de los insumos para hacer producir al campo suben a cada rato, mientras que los precios de los productos no permiten las utilidades justas para el productor.
La salida más idónea serían los subsidios similares los que se aplican en países como los Estados Unidos y muchos países más. Los subsidios pueden amortiguar los altos costos de los insumos y los bajos precios de los productos del campo y que se entreguen a tiempo para el productor del campo no se vea en la necesidad de caer en las garras del agiotista o el coyote, ambos igual de voraces.
Aunque lo ideal sería precios justos a los productos del campo y precios justos en los insumos que se utilizan para hacerlo producir.
Tampoco tengo duda que con una asistencia técnica adecuada y suficiente, financiamiento blando y comercialización directa, el campo mexicano se podría recuperar y así alcanzar la suficiencia alimentaria que el país requiere.
¿Qué se necesita? Sencillo, primero que los que deben pagar impuestos lo hagan con responsabilidad, luego que los actores que confluyen en el campo se coordinen, organicen y acuerden entre ellos las reglas de intercambio.
Complementariamente, hay que mencionar, que en cualquier lugar del mundo donde haya un campo fuerte, es resto de los sectores, el industrial y el de servicios se fortalecen y generan las condiciones de riqueza que bien distribuida, mejore la calidad de vida de su gente.
No hay que dejar de lado que los coyotes o intermediarios, son una de las lacras más perjudiciales para los productores del campo, pero se pueden eliminar con compradores oficiales que garanticen mejores precios a las producciones agropecuarias.
*Las opiniones expresadas en este texto de opinión, son responsabilidad exclusiva del autor y no son atribuibles a CN COLIMANOTICIAS.

