Una Mirada Retrospectiva

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    Este trabajo surgido inicialmente en forma de tesis, sienta un precedente para aquellos que desean rescatar la prevalencia de quienes en principio habitaron y hoy viven en esta región del país, dentro de la diversidad de determinadas actividades productivas, comerciales y de servicios, así como de usos  y costumbres, que les han permitido garantizar su propia subsistencia a lo largo de los siglos.

    Aun cuando uno hubiera esperado que Morán Camberos abundara más en la investigación y análisis de los usos y costumbres, no obstante prevalece más en su trabajo el enfoque económico y el análisis del desarrollo social. Y menciono esto, tras haber advertido en mi lectura de su libro que en principio nos orienta, mediante datos históricos diversos y concisos, extraídos de la investigación documental y bibliográfica, a disponer como lectores de la visión histórica de la integración de los pobladores de esta zona, a través de los reinados del periodo prehispánico, durante la conquista y la colonización española, hasta llegar a la modernidad en México.

    Esto significa que, en Reconstruyamos nuestra regionalidad, Juan Manuel Morán Camberos pone a disposición de los lectores lo mismo una mirada retrospectiva en la búsqueda del conocimiento de una identidad centrada en el desarrollo social, así como el conocimiento detallado de lo que desde 1999 hasta 2004 se registró de las características poblacionales, la actividad económica primaria en agricultura y ganadería, la actividad económica secundaria en industria manufacturera, la actividad económica terciaria como es el turismo, así como en infraestructura que integra transportes y comunicaciones, unidades comerciales y viviendas, y lo que dentro de ese periodo, por año, se registró como Producto Interno Bruto (PIB).

    Por eso, el trabajo y análisis llevado a cabo por Juan Manuel Morán Camberos, además de aportarnos un importantísimo material de profundo valor testimonial, expone ante el lector y ante quienes se interesen por registrar periodos y aspectos de aquello que nos identifica, que frente al reto que implica conocer la historia, la política, la economía, y las actividades o expresiones sociales y culturales que nos caracterizan, es necesario estar dotado previamente de una adecuada metodología de la investigación y pertrechado de las técnicas y conocimiento de los géneros que los complementen.

    Señalo esto recordando cómo a menudo, en esta provincia, hay confusión en torno a lo que presuntamente es el historiador o cronista, y lo que es el escritor, en sus respectivas labores.

    Aludo a un ejemplo que, en lo personal, me concierne. Cuando viví en el poblado de Comala, a mí se me sugirió retomar la leyenda del indio Vicente Alonso, pues existía, me dijeron, un relato muy corto y querían que procediera a hacer otro con lo que consideraban mi estilo, y mucho más extenso. Desconocía entonces aquello que por escrito estaba a disposición acerca de este personaje mitológico. De ese modo tuve que dedicarme de inmediato a investigar muy ampliamente, mediante el testimonio oral con poco más de sesenta personas en esa zona, con pruebas documentales, y lo demasiado poco que había y sigue habiendo, en material de consulta bibliográfica histórica y literaria, acerca del periodo del porfiriato y la Revolución específicamente en Colima.

    Y ocurrió que, una década después, reunido ya bastante material al respecto, principalmente testimonial, procedente de la memoria oral en la región, me vi en la necesidad de definir a través de qué género iba a rescatar el contexto y experiencias de este personaje. El dilema era si mediante la crónica-reportaje o la novela-reportaje, o simplemente la novela como género de ficción, porque, además, para un libro de historia ni estoy dotado en formación, ni me interesa, y mucho menos había los suficientes datos precisos y comprobables acerca de la vida y andanzas de los indígenas encabezados por Alonso, que se rebelaron en contra del porfiriato, así como en particular contra el gobernador Enrique Octaviano de la Madrid y de una empresa estadounidense, la Colima Lumber Company, misma que en contubernio con De la Madrid poseía y usufructuaba los terrenos y madera de la comunidad de Zacualpan.

    Pero, aparte de ello, hubo otro elemento descubierto a lo largo de mi investigación, negado siempre, hasta la fecha, por la mayoría de los historiadores locales y en los textos oficiales: los vínculos del indio Vicente Alonso y su lugarteniente Lino  Araiza con la División del Norte de Pancho Villa, con el respaldo o asentimiento de Higinio Álvarez García que era su aliado. Visto todo esto, es que decidí escribir “Andanzas del Indio Vicente Alonso” en forma de novela, que no histórica sino de ficción, pero con bastante sustento en la investigación, incluso de usos y costumbres y del lenguaje regional.

    ¿Por qué esa selección de enfoque y género? Sencillamente porque rescatar personajes y experiencias de manera histórica exige el apego a la veracidad, o sea a la verdad; en tanto que, a diferencia de ello, la ficción literaria sólo exige verosimilitud, esto es, que sea creíble lo que se está narrando, aunque no pueda garantizarse que sea absolutamente cierto. Sin embargo, los más ignorantes o faltos de conocimiento acerca de esa distinción entre historia y ficción, así como de géneros, por lo común vienen a ser los historiadores o cronistas oficiales, que incluso exigen ser “vitalicios”, aunque no eficaces.
    Que en pocos años se hubiera clasificado Andanzas del Indio Vicente Alonso como novela histórica y libro de consulta, es cuestión de que lo expliquen otros.

    Volviendo a la obra de Juan Manuel Morán, Reconstruyamos nuestra regionalida”, destaca en ella todo ese sustento en la investigación concisa, concreta y amplia, como afirmé previamente, que no da pie al discurso solamente retórico, pues entrevera esa información obtenida exhaustivamente, para hacernos saber por qué a Colima, Jalisco, Michoacán y Nayarit algo en común les identifica.
    Similar al de Morán Camberos, sobre todo en su enfoque, es la obra posterior del también colimense David Oseguera Parra, que investigó y analizó específicamente la producción alimentaria en la misma región que comprenden estas cuatro entidades federativas.

    Inicialmente tesis, no obstante esta obra de Juan Manuel Morán es precursora en la investigación y desarrollo regional, y pasará a ser, en poco tiempo, libro de consulta básico para los estudiosos en distintas especialidades.
    De ahí que, para Juan Rulfo -lo dijo cuando vino a Colima en 1983 a dar charlar con nosotros-,  rescatar la historia tiene su gran valor. “Es importantísimo, no solamente importante. Es lo que arraiga al hombre a su tierra, es lo que hace que el hombre permanezca y que le tenga cariño al lugar donde vive. Es precisamente la razón por la cual muchos se han ido de braceros, el hecho de no tener conocimiento de su pasado ni del lugar donde habitan.

    El día que conozcan a sus antepasados, el día que sepan que en esos lugares donde habitan vivieron hombres valiosos, el día que sepa que esa tierra ha dado grandes muestras de una cultura viva, el hombre se arraiga más, confía más en su trabajo y tiene conciencia del lugar donde vive, y tiene el valor suficiente para saber defenderlo y poder trabajar con entusiasmo y con amor al lugar donde nació”. Y es que, en su opinión, “el que no conoce su historia, su pasado, no tiene identidad alguna. Es un hombre que está volando en las nubes, está navegando en el vacío, está simplemente fuera del mundo y de la sociedad en que vive. Ésa es la importancia de la historia y es necesario conocerla para poder sentir que se pertenece a una sociedad, y que esa sociedad debe ser solidaria, debe crear una solidaridad, y esa solidaridad crear una integración. Por eso es importante la historia”. Ése es el consejo que nos dio Juan Rulfo.

    Y hay que pensar como dijo el suizo Robert Walser: “Tenía ante mí toda la rica tierra, y sin embargo tan sólo miraba hacia lo más humilde y lo más pequeño… ¿Dónde estaríamos los pobres hombres si no existiera la tierra fiel?, ¿qué tendríamos si no tuviéramos esta belleza y bondad?”.
    Felicito entonces a Juan Manuel Morán Camberos por incursionar en ello, deseándole produzca más obra, ya que demuestra sus conocimientos y rigor, y reconozco en el Senado de la República su labor de difusión por poner especial interés en publicar obra, muchas veces marginal, de autores colimenses.

    *Texto leído en la presentación del libro Reconstruyamos nuestra regionalidad, del colimense Juan Manuel Morán Camberos, en Casa de la Cultura de Villa de Álvarez, Colima, el 20 de marzo de 2009.

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