Bitácora Reporteril
Por: César Barrera Vázquez
En política, para ser hay que aparecer. No basta con tener aspiraciones; hay que ocupar el escenario, enviar señales y construir narrativa. La fotografía del pasado domingo —donde liderazgos del PAN y el PRI comparten mesa en un restaurante— no es un encuentro casual ni una sobremesa inocente. Es un mensaje político con destinatario claro: 2027.
Ahí están las cartas sobre la mesa: Mely Romero, Riult Rivera, Lizzy Moreno, Sofía Peralta, Betzaida Pinzón, Julia Anguiano y Enrique Rojas. Nombres que no aparecen juntos por coincidencia. La imagen, ampliamente difundida en círculos políticos y medios, funciona como preámbulo: la oposición tradicional explora una ruta común frente a Morena.
La fotografía no es fortuita. Coincide con la más reciente medición de RUBRUM, que coloca al PRI como segunda fuerza política en el estado, debajo de Morena y por encima del PAN. El dato no es menor. Si se suman las dos principales fuerzas opositoras, la distancia frente al partido en el poder se reduce a seis puntos. En un escenario de competencia cerrada, seis puntos colocan la contienda en una circunstancia mucho más competitiva que la del 2021.
Claro, la ecuación no está completa. Falta el papel del Verde y el PT, que a nivel nacional atraviesan tensiones con Morena por la reforma electoral. También está Movimiento Ciudadano, siempre dispuesto a jugar como tercera vía o factor de fragmentación. Pero lo cierto es que el tablero comienza a acomodarse.
Falta casi un año para la elección a la gubernatura, pero en política los tiempos se aceleran antes de que el calendario lo marque. Las fotografías son mensajes anticipados. Los que aparecen ya se colocan en la conversación pública. Los que no, empiezan a quedar fuera del encuadre.
Lo que sigue no es menor: construir competitividad real. La oposición no sólo necesita una alianza aritmética; requiere perfiles que acrediten trabajo, liderazgo y capacidad de gobierno. Si la ciudadanía percibe que se trata sólo de un reparto de posiciones, la suma no alcanzará. Si logra articular un proyecto con visión y coherencia, el escenario puede cambiar. La foto es el inicio de la misiva. La posdata se escribirá en 2027.
Dos puntos.
La realidad comienza a erosionar el discurso triunfalista del régimen. Al déficit del Tren Maya —más de 3 mil millones de pesos entre enero y septiembre del año pasado, según datos oficiales— se suman los cuestionamientos al Aeropuerto Felipe Ángeles, el desabasto en el IMSS Bienestar y la reforma judicial que debilitó contrapesos. Son obras y decisiones que, lejos de ser autosustentables, requieren inyecciones constantes de recursos públicos. El costo no es ideológico; es financiero. Por lo tanto, ya no se trata de polarizar, sino de demostrar qué logros y qué funcionado para el régimen. Porque las evidencias son cada vez más indiscutibles del fracaso de sus políticas públicas, y el costo lo asumen las y los mexicanos. El debate político debería centrarse en eso.
*Las opiniones expresadas en este texto de opinión, son responsabilidad exclusiva del autor y no son atribuibles a CN COLIMANOTICIAS.

