¿Una capital digital o sólo un buen discurso?

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Bitácora Reporteril

Por: César Barrera Vázquez

La digitalización gubernamental ha dejado de ser una promesa futurista para convertirse en una exigencia ciudadana. Por eso no sorprende que el presidente municipal de Colima, Riult Rivera Gutiérrez, haya anunciado con entusiasmo que su administración continúa trabajando en la simplificación de trámites y el uso de herramientas tecnológicas para acercar el gobierno a la gente. El discurso es correcto, el enfoque es deseable, pero la verdadera pregunta es: ¿qué tan profundo es el cambio?

Desde hace años, los gobiernos —sin importar el nivel— repiten con convicción la palabra “digitalización” como si fuera una fórmula mágica para resolver la ineficiencia, la burocracia y la desconfianza institucional. Pero no basta con subir formularios a una página web. La transformación digital auténtica implica rediseñar procesos, capacitar personal, garantizar accesibilidad para todas las personas —incluidas las que no tienen internet— y, sobre todo, blindar la transparencia.

Rivera Gutiérrez ha dicho con razón que “si no te subes al engranaje de la innovación y la tecnología, te quedas en el pasado”. Sin embargo, más que subirnos al engranaje, hace falta construir uno propio, adaptado a las necesidades de una ciudad como Colima, donde persisten brechas tecnológicas y desigualdades que impiden que todos los sectores accedan en igualdad de condiciones a estos beneficios.

En ese sentido, el fideicomiso para la innovación y la tecnología que anunció el Ayuntamiento es el primer paso, uno importante, hacia esa digitalización y modernización de los trámites.

El alcalde también participó también en la “Gira Tecnológica Colima 2025”, donde enfatizó la necesidad de conectar la ciencia, la investigación y la innovación con la vida diaria de las personas. Ese es, sin duda, el espíritu que debe animar cualquier política pública digital. Pero en una ciudad donde todavía hay colonias sin servicios básicos o sin acceso regular a internet, la innovación no puede ser una burbuja de élite. Debe democratizarse o corre el riesgo de convertirse en otro eslogan hueco.

La digitalización municipal debe ir más allá de hacer más cómodos los trámites: debe transformar la relación entre ciudadanía y gobierno, facilitar el acceso a la información pública, reducir la discrecionalidad, agilizar la rendición de cuentas y, sobre todo, garantizar que ningún ciudadano se quede atrás.

Dos puntos

La desaparición del INAI y la transferencia de sus funciones a la Secretaría Anticorrupción y Buen Gobierno representan un grave retroceso en el derecho humano de acceso a la información. El desecho del 14.6% de los recursos de revisión —sin precisar cuántos se han resuelto— es una muestra clara de opacidad disfrazada de eficiencia. Comparar cifras anuales del INAI con apenas cuatro meses de gestión evidencia manipulación y falta de transparencia. Este nuevo modelo no rinde cuentas ni garantiza el acceso efectivo a la información pública. En lugar de combatir la corrupción, la burocracia del actual régimen la encubre. Se consolida así un Estado menos transparente y más autoritario. Y donde hay opacidad, prolifera la corrupción.

*Las opiniones expresadas en este texto de opinión, son responsabilidad exclusiva del autor y no son atribuibles a CN COLIMANOTICIAS.