Una alerta a tiempo: Cuando los niños dejan de llegar

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VENTANA POLÍTICA.

Por: Guillermo Montelón Nava

La caída de la natalidad más que un dato demográfico, debe verse como una consecuencia de la modernidad y la transformación profunda de la sociedad. México ya está entrando en esa etapa y sería un error mirar el fenómeno únicamente como una decisión privada de las parejas. 

Las cifras dadas a conocer por el INEGI deberían encender las luces amarillas, pues la Encuesta Nacional de la Dinámica Demográfica reportó que la tasa global de fecundidad en México cayó de 2.21 hijos por mujer en 2014 a apenas 1.60 en 2023, muy por debajo del nivel de reemplazo generacional de alrededor de 2.1.

 En 2024 se registraron 1.67 millones de nacimientos, y la tasa de nacimientos registrados por cada mil mujeres de 15 a 49 años disminuyó nuevamente. 

Las nuevas generaciones están teniendo menos hijos. Las razones son múltiples: el costo de la vivienda, la precariedad laboral, los bajos salarios, la dificultad para conciliar trabajo y familia, la transformación de las relaciones de pareja, nuevas aspiraciones personales y profesionales y, particularmente entre muchas mujeres, la legítima decisión de no sacrificar su proyecto de vida por la maternidad.

La maternidad no puede convertirse en una obligación social ni estatal. Pero tampoco podemos cometer el error contrario: actuar como si la suma de millones de decisiones individuales no produjera consecuencias colectivas.

El Consejo Nacional de Población estima que México alcanzará alrededor de 147 millones de habitantes hacia 2052 y después comenzará a disminuir. Para 2070, las proyecciones apuntan a una población de aproximadamente 141.4 millones, pero mucho más envejecida. 

El problema no será simplemente que haya menos mexicanos. El verdadero desafío será quiénes serán esos mexicanos, qué edad tendrán y quién sostendrá económicamente a una sociedad con cada vez más adultos mayores y relativamente menos población en edad productiva.

El envejecimiento es, en buena medida, una conquista, pero una sociedad que envejece necesita prepararse.

CONAPO estima que México tenía alrededor de 16.5 millones de personas de 60 años y más en 2024 y que esa cifra podría alcanzar 28 millones en 2040, aproximadamente una quinta parte de la población que requerirán pensiones, cuidados y atención especializada a la salud.

El sistema de pensiones ya enfrenta una presión creciente. Los sistemas de salud ya están en crisis de por sí y si la población envejece con todo lo que ello implica, también habrá que formar médicos geriatras, gerontólogos, enfermeras, rehabilitadores, psicólogos y cuidadores suficientes. Habrá que construir una infraestructura social para la vejez.

Porque el envejecimiento también puede significar soledad. Familias pequeñas implican menos hijos para repartir las responsabilidades del cuidado. Quien hoy decide no tener hijos está ejerciendo un derecho absolutamente legítimo; pero millones de decisiones similares Impactarán radicalmente las redes familiares que tradicionalmente han sostenido a los adultos mayores.

Pero además hay otros desafíos, porque mientras disminuye la población joven, el mundo laboral experimentará una transformación tecnológica sin precedentes.

La robotización, la inteligencia artificial y la automatización pueden elevar enormemente la productividad y compensar parcialmente la reducción de trabajadores. Pero también pueden desplazar determinados empleos y concentrar riqueza si los beneficios tecnológicos no se distribuyen adecuadamente.

Por otra parte, una población menor no significa automáticamente una sociedad con abundancia. El cambio climático, la escasez de agua, la degradación de los suelos, las sequías y la dependencia de importaciones pueden poner en riesgo la seguridad alimentaria. La FAO ya advierte para México condiciones preocupantes en algunos cultivos y requerimientos, en gran medida por que este régimen de Morena tiene abandonado al campo.

Ante este panorama, el Estado mexicano necesita una verdadera política demográfica de largo plazo, no campañas para convencer a las parejas de tener hijos. Debe facilitar que quienes sí quieran formar una familia, puedan hacerlo sin que la maternidad o la paternidad signifiquen pobreza o abandono profesional. Eso implica mejores salarios, vivienda accesible, guarderías, horarios laborales compatibles con la vida familiar, licencias parentales, educación y servicios de salud reproductiva.

Al mismo tiempo, México necesita reformar y fortalecer sus sistemas de pensiones, impulsar el ahorro para el retiro, elevar la formalidad laboral y preparar desde ahora al sistema sanitario para la sociedad longeva que viene.

También debe invertir en educación tecnológica. Si habrá menos trabajadores, cada trabajador tendrá que ser más productivo. La inteligencia artificial y la robotización no deben contemplarse únicamente como amenazas, sino como herramientas para enfrentar precisamente la reducción de la fuerza laboral.

Y hay que multiplicar la formación de especialistas en envejecimiento. El Instituto Nacional de Geriatría ya ha advertido que el cambio demográfico está transformando las necesidades sanitarias del país. 

El desafío es más serio de lo que parece. Y No se trata de obligar a nadie a tener hijos. Se trata de construir una sociedad en la que quienes quieran tenerlos puedan hacerlo, y al mismo tiempo preparar al país para una realidad inevitable: menos nacimientos, más longevidad, nuevas tecnologías, mercados laborales diferentes y mayores necesidades de cuidado.

*Las opiniones expresadas en este texto de opinión, son responsabilidad exclusiva del autor y no son atribuibles a CN COLIMANOTICIAS.