No Miramos, No Escuchamos y No nos comunicamos

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Conciencia Colectiva

RGTM

Hoy desperté preguntándome: ¿estoy lista? Llevo tantos años preparándome, pero a veces no sé para qué; sin embargo, la pregunta siempre es oportuna.

Yo creo que nunca estamos listos, porque la vida es así: improvisa, no pregunta, no cuestiona. 

Después de unos momentos, el planteamiento es otro: ¿en qué clase de persona me estoy convirtiendo?.

Llevo muchos años que no miro, solo veo; quizá, en gran medida, la mayoría de las personas solo ven, ya que si miraran, se darían cuenta de cómo vive el prójimo, qué le duele, qué necesita y sobre todo, comprenderíamos la importancia de mirar, ya que si lo hiciéramos bien, descubriríamos que quienes nos representan nos quieren ciegos. 

Hace muchos años que no escucho, solo oigo. Quizá por eso la mayoría de nosotros solo oímos; ya que si lo hiciéramos bien, escucharíamos el dolor de las personas o su risa, pero también sabríamos cuáles son sus necesidades y qué les falta para estar bien.   Si escucháramos, sabríamos que las personas que nos representan están mintiendo, que nos quieren sordos. 

Llevo muchos años sin comunicarme, solo hablo; quizá por eso entre nosotros no nos entendemos. Si nos comunicáramos, sabríamos que nuestras palabras pueden herir o lastimar, pero también pueden engrandecer a las personas, o hacerlas felices. Si nos comunicáramos, las personas que nos representan tendrían miedo, porque al comunicarnos, nos defenderíamos unos a los otros; por eso nos quieren mudos.   

¿Estamos listos? Lo más probable es que no. Pero todos en el fondo somos valientes, aunque también tenemos miedo. Nadie nos preparó ante la indiferencia e inacción del Estado ante las atrocidades que estamos viviendo hoy en día. ¿Qué tan inmundos somos para permitir que los encargados de garantizar que existan condiciones adecuadas sean los responsables de que bebés y niños mueran en sus manos?.  

Esto no es política, es falta de humanidad y de conciencia. Llevamos mucho tiempo sin mirar, escuchar o comunicarnos, pero, además ya no sentimos, perdimos la capacidad de sentir dolor y empatía, ya no nos asombra nada. 

Ya aprendimos a vivir en la inmundicia, pero permitir que asesinen a nuestros hijos, nos convierte en cómplices de asesinato. ¿Qué esperamos para reaccionar?.

*Las opiniones expresadas en este texto de opinión, son responsabilidad exclusiva del autor y no son atribuibles a CN COLIMANOTICIAS.