Bitácora Reporteril
Por: César Barrera Vázquez
Cumplir el trámite no es lo mismo que rendir cuentas. Esa diferencia separa, en este arranque de periodo, a las dos senadoras colimenses en ejercicio, particularmente en un tema fundamental para combatir la corrupción: la transparencia proactiva.
Mely Romero Celis, del PRI, publicó por iniciativa propia un recuento de su trabajo: 95% de asistencia, con apenas cuatro faltas —por gestiones en Cataluña, adonde fue invitada por esa delegación—; 121 iniciativas, 28 de su autoría; 59 intervenciones en tribuna a favor de Colima; la presidencia de la Comisión de Desarrollo Rural y su integración a otras seis. Pero el dato que más pesa no es ninguno de esos números, sino una decisión: no justificó esas cuatro faltas, para que no se le pagara por los días que no trabajó. “Si no es por salud, un senador no debería justificar su inasistencia. No se debe cobrar si no se asiste”, explicó ella misma en sus redes sociales.
Ana Karen Hernández, del PT en la coalición oficialista, no ha ofrecido un ejercicio equivalente. Sus redes sociales sólo dan cuenta de eventos oficiales o felicitaciones de cumpleaños. Lo que sí existe es su registro de asistencias, público en el micrositio del Senado: 25 inasistencias justificadas entre septiembre de 2024 y septiembre de 2026, todas pagadas.
Aclaro, para que no se preste a confusión: ninguna cifra es ilegal. El Reglamento del Senado contempla licencias y causas de fuerza mayor que explican buena parte de las faltas de cualquier legislador. El tema de fondo es moral: si no es por enfermedad no tendría por qué cobrarse, como bien afirma Romero Celis. Y es también de transparencia: mientras ella explicó sus ausencias por iniciativa propia, Ana Karen no ha dicho una palabra sobre las suyas —¿fueron por salud o por motivos personales? La opacidad no lo permite saber.
Ahí está la diferencia de fondo. Mely tenía a su disposición el mecanismo para justificar sus ausencias, cobrar su dieta completa y no dar explicaciones a nadie. Decidió no usarlo, y lo hizo público sin que se lo exigieran. Ana Karen, en cambio, sí utilizó ese mecanismo —sin incurrir en irregularidad alguna—, pero acumuló casi una falta justificada por cada seis sesiones del pleno en dos años, sin ejercicio propio de rendición de cuentas que lo explique.
Ahí es donde la transparencia proactiva se vuelve el criterio que distingue a un representante de otro. No se trata solo de quién falta menos, aunque también ahí hay diferencia: cuatro faltas frente a veinticinco. Se trata de quién decide rendir cuentas sin que se le exija, y quién se limita a cumplir el papeleo que la ley ya le exige de cualquier forma.
Dos puntos
Rumbo al 2027, el desempeño legislativo empezará a pesar tanto como el posicionamiento político. Y ahí, los números —y sobre todo quién decide compartirlos primero— hablarán antes que los discursos. Precisamente por eso muchos no son proactivos en materia de transparencia: o no tienen nada que decir, o sí mucho que ocultar.
*Las opiniones expresadas en este texto de opinión, son responsabilidad exclusiva del autor y no son atribuibles a CN COLIMANOTICIAS.






