Trampolín

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    Como un mal presagio, la tarde del jueves 24, día de la bandera, alrededor de las 4 de la tarde algunas personas escucharon unos fuertes truenos, sin saber si eran cohetes o relámpagos, a pesar de que el cielo estaba soleado; sin embargo en forma intempestiva, negros nubarrones cubrieron el cielo de Colima, y un viento fuerte y una ligera lluvia empezó a caer, junto con la trágica noticia del lamentable accidente aéreo, en que perdiera la vida el gobernador Gustavo Vázquez, sus colaboradores y miembros de la tripulación, del cual dieron cuenta primeramente los medios nacionales.
     
    Así al conocer tan lamentable suceso al cuál no daba crédito mi conciencia, sentía que algo por dentro se desmoronaba; algunos todavía albergamos en nuestro interior la esperanza de que fuera un error y que después dijeran que no había sido tal…nadie sabía qué hacer, a dónde acudir para corroborar dicha información. En la radio habló el secretario general de gobierno, quien a las 7 de la noche decía que todavía no estaba confirmada la noticia, es decir la muerte del gobernador y sus acompañantes; sentimos un vuelco en el corazón e imploramos un milagro.
     
    Pero tras largas horas de ausencia, el mismo Arnoldo Ochoa confirmó la fatal noticia: el gobernador Gustavo Vázquez, Roberto Preciado, Luís Barreda, Guillermo Díaz, Alejandro Dávila y los dos tripulantes, habían fallecido en el accidente aéreo en el estado de Michoacán. ¡QUE TRAGEDIA!. Los gritos y llantos hicieron más tenso el ambiente; ya nada se podía remediar, y yo muy afectada, tenía que trabajar para a través de canal 11,  llevarle la información de estos lamentables hechos a los colimenses, que esperaban impacientes, conocer todos los detalles, a través de la radio y televisión.
     
    Si el día que me tocó cubrir la anulación de las elecciones extraordinarias, sentí un tremendo vacío en el estómago, al igual que miles de colimenses que sufragamos por Gustavo Vázquez; la noticia de su deceso, como el de sus acompañantes quienes murieron en el cumplimiento de su deber (buscar atraer inversiones al estado); esta noticia nos cayó como bomba, y ¿ahora qué?, ¿por qué nos toca sufrir a los colimenses esta desgracia?, ¿No fue suficiente con la desgracia del sismo del 21 de enero de 2003?.Nos levantamos después de la anulación del proceso electoral del 6 de julio y  volvimos a ratificar el triunfo de Gustavo Vázquez, ¿y todo para qué?, ¿por qué se nos fue nuestro gobernador y los demás funcionarios de su gabinete?; ¿valió la pena tanto esfuerzo para que triunfara el proyecto de GVM?.
     
    Aunque mucho nos duela, yo creo que sí, que sí valió tanto esfuerzo y que los colimenses hayamos votado en tres ocasiones por Gustavo Vázquez, (la elección interna, la constitucional y la extraordinaria), porque así le demostramos a este gran ser humano, que lo quisimos, que lo apoyamos, que le ratificamos una, dos y tres veces su triunfo;  porque se lo merecía por el gran proyecto, que él y su familia, así como el priismo habían realizado para hacer realidad su proyecto de «Ir Derecho» para que la familia «Viva Mejor, Mucho Mejor»…Aunque este proyecto quedó inconcluso por los designios divinos, que lo llamaron para que allá en el cielo, siga velando por nosotros y por su familia; al igual que sus colaboradores, que siendo tan leales, lo acompañaron en su último viaje, descansen en paz.

    IN MEMORIAN

    No obstante de ser periodista y que en el desempeño de mi función debo ser plural, (así lo he sido en la cobertura de la información como reportera de Canal Once), desde que Gustavo Vázquez, entonces diputado y dirigente del PRI, se registró en la elección interna, me dije: ¡Ese es MI GALLO!, y nunca negué la cruz de mi parroquia como algunos compañeros con todo su derecho lo hicieron argumentando que no debían tener tendencias (aunque siempre tenemos simpatías por determinado proyecto político los periodistas de todos los medios locales y nacionales); en fin cada quien.

    Y no me arrepiento, al contrario estoy orgullosa de haber dado mi confianza al proyecto del profesor Gustavo Vázquez, y cómo no hacerlo, si tuve la oportunidad y privilegio de haberlo conocido de cerca y tener en mi mente algunas vivencias que hoy me alimentan, ante tan trágico deceso que ha enlutado al pueblo de Colima.

    Lo conocí en octubre de 1994, cuando a invitación del coordinador del Congreso del estado de la 51 Legislatura, Librado Silva García, me integré al área de comunicación social. Así, por instrucciones de él, el oficial mayor Jesús Acosta, acudimos Pepe Rodríguez a cada cubículo para ser presentados a los diputados como coordinadores de prensa, esa fue la disposición de Librado.

    Así pues, recorrimos uno a uno los cubículos de los legisladores, y al llegar al de Tecomán, nos recibió muy sonriente, como siempre, Gustavo Vázquez, quien agradeció el detalle y dijo que trabajaríamos en forma coordinada para la difusión de las actividades de las comisiones de Educación y Salud que él presidía; antes de retirarnos, nos pidió nuestro nombre para anotarlo en su agenda; fue el único diputado que lo hizo, lo que desde un inicio habló de la forma organizada con la que trabajaba.

    De ahí en adelante, fueron varias las ocasiones que me tocó acompañarlo a sus giras de trabajo por los diversos municipios, junto con sus compañeros diputados que formaban parte de su comisión, recuerdo entre ellos a los panistas Víctor Torres y a Martha Sosa, y a su amigo Luís Gaitán, con quienes llevaba una buena relación. Luego de hacer su trabajo de campo como la supervisión de las escuelas y centros de salud, principalmente del segundo distrito; Gustavo Vázquez nos invitaba a comer en Tecomán, en las «Hamacas del Mayor», donde contaba chistes y anécdotas y por supuesto, nos cantaba.

    Sí, porque eso de la cantada no surgió a raíz de que fue gobernador, ese gusto lo traía en la sangre y aprovechaba toda ocasión para deleitarnos con sus canciones, y lo hacía bien como a muchos nos consta, porque no cantaba mal las rancheras, ni las románticas. Fue en una de esas veces, en que escuché de su voz la canción que dice: «y nos dieron, las diez y las once, las doce, la una y las dos….», cuyo nombre no recuerdo, pero era la que siempre traía en su repertorio, el cual lo fue ampliando conforme pasaron los años, y por qué no decirlo, los cargos públicos que ostentó.

    Siempre un hombre jovial, sencillo, carismático, que nunca perdió el piso a pesar de los cargos públicos que fue desempeñando: la dirección de Educación, Cultura y Deporte (tres de sus pasiones); la regiduría; la primera diputación local, la presidencia municipal; la segunda diputación por su distrito de Tecomán; secretario de elecciones del PRI, la presidencia del C.D.E. de este partido, y la gubernatura, cuyo cargo no pudo concluir por el fatal accidente que lo privó de la vida, pero su esencia está con nosotros, pero sobre todo con su querida familia, a la que siempre honró y amó.

    Vaya, hasta pequeños «negocios» me tocó realizar con Gustavo Vázquez, quien siempre me llamó «licenciada» desde que lo conocí y hasta el último día que me tocó verlo y saludarlo, por que si algo tenía el gobernador era ser respetuoso y muy formal, por eso a casi todas las personas les hablaba de usted, no obstante que fueran personas menores que él y al estrato social al que pertenecieran; así de humilde y sencillo fue nuestro gobernador. Dicho «negocio» era que una servidora para mejorar la economía familiar, en un ese tiempo me dediqué a hacer «contratas» o «tandas» y en un buen gesto, algunos diputados de la 51 Legislatura, entre ellos Gustavo, que aunque no tenían necesidad, le entraban con un número, sin duda para ayudarme, lo que hablaba de su sensibilidad.

    Recuerdo que en una ocasión, luego de una larga sesión, los diputados se reunieron a comer en un restaurante de mariscos, a la cual fuimos algunos trabajadores del Congreso; reitero era durante el período en que Gustavo Vázquez fue diputado, integrante de la 51 Legislatura; ahí él y Luís Gaitán (su compadre), con quien hacía una mancuerna para divertir a todo el Congreso, no paraban en contar chistes. Uno de ellos era que según narraron, durante una reunión de legisladores locales que tuvieron en Acapulco, en el tiempo de recreación, el diputado panista de Coquimatlán,  Manuel Pizano, salió a la playa con un short naranja fosforescente del equipo «chilinguinero» y un morral, pero que al regresar e intentar entrar al hotel donde se hospedaba la delegación de Colima, los vigilantes lo detuvieron y le dijeron: «ya te hemos dicho que no pueden pasar los vendedores ambulantes al hotel», a lo que Manuel Pizano les dijo. «yo soy diputado y estoy hospedado en este hotel», y un guardia le reviró: «si tú eres diputado, yo soy el dueño del hotel», mientras que lo sacaban a «cantarito»; en lo que salieron sus compañeros diputados, -quienes observaban divertidos los hechos desde el loby – para decir, que sí, efectivamente, el que creían que era vendedor ambulante era diputado y que estaba hospedado en ese hotel de lujo; las carcajadas estaban a la orden del día.

    Así pasaban las horas, hasta que Gustavo vio su reloj y dijo «Ay, ya se me hizo tarde, son casi las seis de la tarde y es la graduación de primaria de mi hija (Rocío) y tengo que estar ahí para darle su regalo, al parecer unos patines, y a pesar de que algunos le pedían que se quedara otro rato para convivir; en un  gesto de gran amor y gran responsabilidad para con su hija mayor y su esposa, se retiró apresurado para asistir a la graduación de su primogénita. Así era Gustavo Vázquez, amante de su familia y muy responsable de sus actos.

    Otro recuerdo en mi mente es que con motivo de la Navidad, los diputados ofrecieron una comida en el «Sutucito», local de la Universidad de Colima que se localiza en la colonia Loma Bonita, donde los diputados encabezados por Claudia Alcaraz, Luís Gaitán y Gustavo Vázquez, lograron que el coordinador del Congreso, Librado Silva, rifara unos regalos consistentes en apoyos económicos para los trabajadores; una de las premiadas, que era secretaria de mayor antigüedad, se sacó un premio y emocionada le dio un beso en la mejilla al diputado Luís Gaitán, dejando la marca del lápiz labial.

    De repente, el diputado Gustavo Vázquez se paró y a la vez que agarró el cuello de la camisa blanca de Luís Gaitán le dijo: «límpiate ese beso porque tu esposa se va a enojar», a la vez que todos reían por la ocurrencia y Luis le dijo: ¡ ahora sí me amolaste, no me la voy a acabar con mi esposa!. Todo eso era parte de la gran amistad  y camarería que existía en la 51 Legislatura de la que formé parte como comunicóloga, y en la que tuve oportunidad de trabajar con Librado Silva, Rigoberto Salazar, Aureliano Hernández, Víctor Jaramillo, Juan Vízcaino, Jerónimo Polanco, Luís Gaitán, Víctor Torres, Martha Sosa, Jaime Avalos, entre otros, pero principalmente con Gustavo Vázquez, excelente persona y jefe.

    Pasó el tiempo y luego de concluir su cargo como diputado de la quincuagésima primera legislatura, Gustavo Vázquez contendió y ganó la presidencia municipal de su natal Tecomán (tierra que adoptó por ser de su familia); un acercamiento mas con él fue en un convivió que ofreció al club de reporteros del que formo parte, luego de un encuentro futbolístico entre los «tundemáquinas» y el ayuntamiento a su cargo; la atención fue excelente del profesor Gustavo.
      El nuevo cargo de él fue la segunda diputación por su distrito; ahí en mi calidad de reportera de la fuente política y del Congreso lo volví a tratar; siempre igual de fresco, sencillo, amable, jovial; en unas palabras un ser divino. A la par de la diputación a Gustavo le tocó ocupar el cargo más importante de su partido, la presidencia del Comité Directivo Estatal del PRI, donde cada lunes y viernes ofrecía una rueda de prensa a las once del día. Y cuando por algún motivo llegaba tarde su vocero, Juan Ramón Negrete nos decía a los reporteros de la fuente que no nos desesperáramos porque el dirigente ya venía en la Coca Cola, «del rey Colimán o de Tecomán», le preguntábamos, a lo que sólo asentaba con una sonrisa. Pero siempre, los reporteros de la fuente política, aún a regañadientes esperábamos el mensaje del líder priísta, quien con su amabilidad y sonrisa, nos conquistó a la mayoría de los trabajadores de los medios. ¡Cuánto lo extrañamos!.

    Luego vino la elección interna en la que distinguidos priístas se registraron como Humberto Silva, Rogelio Rueda, Héctor Michel, Jesús Orozco y Socorro Díaz, y la ganó sin mayor contratiempo. Luego llegó la elección constitucional del 6 de julio de 2003, y a pesar de la deserción de los socorroristas y chuchistas que se fueron al PRD donde no ganaron (sólo socorro Díaz y Armando González, que por la vía plurinominal alcanzaron la diputación federal y local).

    Pero por cuestiones políticas que no jurídicas (la venganza a nivel federal contra FMP y la importancia de Colima por ser el puerto más importante de México, al ser la entrada más cercana  a Asia), el TRIFE anuló las elecciones constitucionales, y los colimenses en elecciones extraordinarias, ratificamos el triunfo del tecomense Gustavo Vázquez, pasando por arriba de la Coalición de «Todos Por Colima», encabezada por el panista Toño Morales, con el apoyo del PAN, PRD y ADC. Este fue un triunfo histórico.

    Y así en un acto de justicia divina, Gustavo Vázquez arribó a Palacio de Gobierno el 31 de diciembre del 2003, en medio de una multitud que vestían de rojo, por la llamada «marea roja», a quien desde el balcón central lo vitoreaban y le decían en un canto de alegría «Si se pudo, sí se pudo», que el mismo gobernador coreaba con su tono afinado y muy emocionado, porque después de tanto esfuerzo y con el voto de más de 100 mil colimenses, llegaba a ocupar la máxima magistratura del estado: la gubernatura, por la que tanto luchó y que por azares del destino sólo la ocupó por un año, un mes y 24 días, para nuestra desgracia.

    Pero a pesar del dolor de la ausencia física de nuestro gobernador, nos debe quedar el consuelo de que fue un hombre «de luz» que vivió intensamente su vida a plenitud que fue de apenas 42 años: puedo decirlo con conocimiento de causa, de que nunca vivió amargado o deseándole el mal a sus adversarios políticos, esos que en la campaña constitucional y extraordinaria trataron de denostarlo, pero que no pudieron porque no tuvieron, como no los tienen, elementos en su contra. El no era de enemigos, ni rencores, por eso nunca estuvo amargado, sino pleno y feliz, y así murió.

    Siempre tuvo Gustavo, una palabra de aliento y de esperanza para quienes alguna vez acudimos a él para pedirle apoyo; para todos se dio tiempo en escucharlos; ahí están como testimonios las audiencias públicas, las entrevistas personales, que conforme a su agenda de trabajo ofrecía a los ciudadanos, hubieran o no votado por él, porque sabía y lo asumía que era el gobernador de todos los colimenses. Gober, gracias al tiempo que me dedicó en Casa de Gobierno , y aunque por circunstancias de la vida, no se pudo concretar alguno de los proyectos comentados y pendientes; de mi parte estoy en paz y agradecida con usted, por el simple hecho de haberlo conocido y disfrutado de los pequeños, grandes momentos en que me tocó disfrutar con usted, junto a su maravillosa esposa, Norma Galindo, por quien hago votos para que pronto supere tanto dolor por su ausencia física; así como a sus queridos hijos; Rocío, Gustavo, Antonio y Normita. A Todos mi solidaridad fraterna, como esposa y madre de familia que soy.

    A LA SEÑORA NORMA GALINDO, MI MAYOR AFECTO Y SOLIDARIDAD

    En medio de mi conmoción y tristeza por el deceso de su señor esposo y colaboradores, me viene a la mente y la visualización de esta tragedia que están viviendo las familias del gobernador Gustavo Vázquez, de Roberto Preciado (gran amigo mío y de mi esposo al que siempre le llamo, tocayo y en ocasiones compadre, aunque no lo eran) y de Luís Barreda; Guillermo Díaz, así como del empresario manzanillense, Alejandro Dávila y tripulantes del avión accidentado.

    Vi a la señora Norma, -mujer de gran entereza y espiritual,  forjadora del proyecto de desarrollo humano que puso en marcha desde el DIF Estatal para impulsar los valores familiares, y que desafortunadamente ahora está truncado por la muerte de su esposo, el gobernador Gustavo Vázquez-, quebrada por tanto dolor; así como a sus hijos mayores, Rocío y Gustavo (ambos muy jóvenes) que como es lógico lloraban la muerte de su señor padre , que con gran entereza recibieron  a las personalidades de la vida política local y de todo el país que estuvieron acompañándolos para expresarles  sus condolencias; tal es el tamaño de su espíritu, el cual sin duda heredaron de su esposo y padre.
     
    De igual forma, envío mis más sinceras condolencias a la familia de nuestro amigo, Roberto Preciado Cuevas, quien siempre nos distinguió con su amistad y comentarios una servidora y a mi esposo, su tocayo; siempre tan jovial y dicharachero; un político que tenía un futuro muy promisorio por delante, pero que quedó truncado por este lamentable accidente que los privó de su vida; a su familia como al resto de los tripulantes del avión en el que perdieron junto a su patrón y amigo Gustavo Vázquez, mis mejores deseos de que en la fe y el amor de Dios, encuentren consuelo, ante tan lamentable pérdida. Descansen en paz.

    FEBRERO DEL 2005

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