Por: Gustavo L. Solórzano
¿Cuándo vas a dejar de pelear para comenzar a vivir? Facundo Cabral.
A toda dificultad le corresponde una ganancia secundaria, decía Sergio Vázquez, maestro de mi camino y apreciado amigo. Hoy los multicitados libros de texto pusieron a leer a muchos en México, (Léase políticos, comunicadores y sobre todo, persona contrarias al presidente en turno) dicho en otras letras, gente que ve afectados sus intereses económicos. Circula por internet un meme que hace alusión a los padres de familia, “No checan las tareas de sus hijos y ya leyeron los libros que aún no se publican.”
Así pasa en el México de la política, siempre los unos queriendo hacer quedar mal a los otros, en vez de unirse con propuestas de mejora y acciones que de verdad favorezcan a la población en general. Pero no, son muchisisisisimos, diría Chespirito en su papel del Chavo, los intereses en juego, en fin.
Hablando de muchos, pero años, un mal día en la hermosa, pero riesgosa playa de Cuyutlán, mar abierto. A Don Víctor Vázquez Santoyo lo atacó una tintorera, esta es una especie de tiburón ligeramente mas estilizado en algunas partes de su cuerpo, y desde luego, igual o mas salvaje que los tiburones comunes. Don Víctor, lo he señalado en otras colaboraciones, había sido guardavidas, o salvavidas, en su juventud, junto con Gil Cabrera Gudiño y Alberto Isaac, el cineasta, entre otros destacados colimenses. Don Víctor amaba el mar de Cuyutlán y cada que tenía oportunidad se iba a su rincón al pie de la playa. Hombre experimentado, valiente y servicial, humano, ante todo. Gustaba de ayudar, cuando se ofrecía alguna situación de emergencia a los bañistas. Aun a costa de su propia vida.
Diversos periódicos de la época dieron cuenta de esa difícil circunstancia que enfrentó Don Víctor y que por poco le cuesta la vida. Nadando en la inmensa majestuosidad de la ola vede, perdía la noción del tiempo y se extasiaba en el impetuoso oleaje. Concentrado en las brazadas libres, fue traído a la realidad por un dolor que sintió en uno de sus costados, cuando reaccionó al cien por ciento, las fauces del hermoso ejemplar de la familia Carcharhinidae, lo habían mordido y él, desesperadamente golpeaba el morro del animal para poder zafarse. Después de una lucha, literal, cuerpo a cuerpo, Don Víctor se dio cuenta de que los colmillos del tiburón azul, también llamado así, estaban enterrados y atorados en el hueco que existe entre los huesos cúbito y radio. Razón por lo cual, no podían soltarse ambos.
A punto de perder el sentido y haciendo un esfuerzo sobrehumano, logró zafarse del gran escualo y como pudo, nadó hacia la orilla ensangrentado, con la piel desgarrada y el brazo casi sin movimiento. Mientras tanto, la tintorera se perdió entre el oleaje del mar embravecido. “Dios es grande Gustavo”, me dijo Don Víctor en alguna ocasión que platicamos sobre el tema, “No me necesitaba”.
Dios, la vida, le regresaron el amor que él había dado durante su tiempo de guardavidas, pues me consta que salvó a muchos.
ABUELITAS:
Me permito exponer el siguiente caso, deseando que ojalá llegue a la señora Gobernadora y omitiendo el nombre de la persona implicada para protegerla de cualquier posible represalia.
La señora X enviudó y con todo el dolor que implica perder a un ser querido, ahora enfrenta el abuso de una jueza que ha fallado en su contra. Pues la señora afectada heredó una modesta propiedad que ella rentó para ayudarse en su manutención y cuando la quiso recuperar pues a la pérdida de su esposo, el moroso inquilino dejó de pagar. Y no solo eso, sino que el abusivo inquilino metió pleito legal para quedarse con la casa dando falso testimonio. Una funcionaria que no funciona, le está dando el gane a quien solo tiene por mérito haber rentado sin pagar, una casa que no le pertenece. Eso sin contar que la afectada, ya va por el segundo abogado, pues el primero Salió chueco, y con verdadero esfuerzo lo ha contratado. ¿Qué pasa con esas autoridades? Es cuánto.

