TONALTEPETL

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Por: Gustavo L. Solórzano

En la vida de cada persona existen momentos en que las necesidades superan a las posibilidades.  Es cuando parece que el mundo se cierra y literalmente no encontramos la puerta que nos permita identificar la respuesta a nuestras interrogantes. Afortunadamente cuando las puertas están cerradas Dios siempre deja una ventana abierta.

Ignoro a fondo que requisitos o aspectos se valoren para que un árbol sea derribado, asesinado y privarnos con ello de un importante espacio vital. Un pequeño universo dentro del nuestro, que nos prodiga sombra, frescura, oxígeno y vida, además de ser refugio de pequeñas especies.

Anuncios van y anuncios vienen, dictados por diversas autoridades en materia ecológica y las personas parece que no queremos entender. Preferimos una banqueta “limpia de hojarasca”, que un apoyo para la vida, nuestra vida, es decir, tener un árbol afuera de nuestro domicilio. La gente sigue “barriendo” la calle con el chorro de la manguera y permitiendo fugas en su casa, mínimas pero en detrimento no solo de la economía, sino de la vida que hoy conocemos. “Hara mara, agua sagrada, con el agua todo y sin el agua nada”, dicen los habitantes de nuestros olvidados pueblos originarios, cuando hacen sus ceremonias en honor de la vida.

Tan sencillo que es abrir una llave y que el vital líquido llegue a nuestras manos, dicen. Sin embargo poca, muy poca gente entiende y valora el esfuerzo físico y económico que representa traer el agua hasta nuestro domicilio. La realidad es que el agua se encuentra en un punto crítico para la humanidad y no me refiero solo a la infraestructura que permite su llegada para servicio humano, sino a la depredación de mantos freáticos, ríos, arboles, mares y todo lo que ello conlleva.

Se imagina un día sin agua para asearnos, para beber, para cocinar, etc. Usted, yo, nuestras familias, sin agua. Piense por favor, una semana sin agua, ¿Qué pasaría? Infecciones, enfermedades y muerte, así de drástico podrá usted decir, realmente me quedo corto en plantear que pasaría en realidad.

Por eso es importante sumarnos en el cuidado del agua, para ello no solamente es necesario economizar su uso, sino también realizar acciones que favorezcan la lluvia y con ello la recarga de los mantos freáticos, reforestar y no talar de manera innecesaria, menos clandestinamente. Le pongo un ejemplo: este domingo por la avenida Ignacio Sandoval esquina con Rubén Darío, derribaron una hermosa primavera, “con permiso”, cuyo pecado fue que tenía “múltiples ramas secas que caen con tormentas y han causado daño a vehículos-además de levantamiento de banquetas que han requerido reparaciones frecuentes”. Simplemente eso no se vale, las autoridades correspondientes necesitan hacer uso de su sentido común y su conocimiento, evitando así,  caer en un doble discurso. Preservar nuestro entorno, requiere de la suma de voluntades, más allá del discurso.

ABUELITAS:

Dos terceras partes del territorio mexicano se consideran áridas o semiáridas. Aunado a ello, un ochenta por ciento de la población vive en lugares cuya capacidad acuífera es apenas del 33 por ciento. Existe rezago o ausencia en cuanto a leyes para el uso del agua, las concesiones para el uso del agua están empañadas, dicen, por la “mordida” y la ley de aguas nacionales se rige por un reglamento obsoleto. Al día de hoy, existen diecisiete países y 23 entidades en el nuestro, con el riesgo cercano de quedarse sin agua, Colima es una de ellas.  “No hay razón para seguir en pausa. Necesitamos volver al origen e invertir en la naturaleza”, aseveró Ana Gabriela Morales, gerente de Gestión Hídrica y Resilencia Urbana del Instituto de Recursos Mundiales, WRI. Es cuanto.

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