TONALTEPETL

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Por: Gustavo L. Solórzano

Nunca abuses del poder humillando a tus semejantes. Porque el poder termina y el recuerdo perdura. Lic. Benito Pablo Juárez García.

Fue mi maestra de tercer grado de primaria y era como todas las maestras de su época, cumplida y exigente. Tenía por costumbre decirnos, “a ver vale”, palabra que era muy usada en ese entonces y la Profesora Alicia sabía ponerse al nivel de sus alumnos. En ese entonces se usaba la regla y el borrador como medida que complementaba la enseñanza de una buena disciplina. Todos los docentes de mi época tenían esa libertad permitida hasta cierto punto, por nuestros padres. La frase tristemente célebre de “las letras con sangre entran” había quedado atrás y si bien algún borrador atravesaba un salón de clase para detenerse abruptamente en la espalda o cabeza de un inquieto y desafortunado “angelito”, formaba parte de la excepción. Al menos en la escuela donde yo cursé el nivel que menciono. Sin duda no era fácil, los grupos estaban integrados por cuarenta o cincuenta alumnos y más de algún docente perdía momentáneamente los estribos; jamás he justificado la violencia y menos cuando esta se genera desde el abuso que surge de la superioridad. Sin embargo, reconozco que muchos compañeros se ganaban la reprimenda.

Éramos niños y los maestros nos cuidaban como si fuéramos sus hijos, se preocupaban verdaderamente por nosotros e insisto, con esa autoridad docente-paternalista, nos convocaban al orden cuando era necesario. Sergio Días Virgen era el Director del plantel y con el cinturón en la mano esperaba en la puerta a quienes llegaran después de la hora de entrada, ¿Quiubo vale, por qué hasta ahorita? Era la pregunta y la respuesta tenía que ser a la par de entrar corriendo para no ser alcanzados por el cinto que risueñamente y sin malicia esgrimía en señal de regaño. Más tarde, era común ver al director recorriendo los salones mientras entonaba una canción alusiva al compañero Demetrio Escalera a manera de broma, “escaleras de la cárcel…”.

La maestra Estela López Ramírez mi prima, daba primer grado, Esperanza Martínez Orozco impartía segundo grado, Jorge Flores Alcaraz era docente de tercer grado, Guillermo Quezada Isaís en cuarto grado, J Trinidad Hernández Cortés en quinto y El Profesor Jaime Enriques Casillas en sexto, ya no alcancé a Jorge Lorenzo Guzmán Cárdenas que también impartió ese grado hasta antes de irse comisionado a la sección 39 del Snte, afortunadamente conservo su amistad. Estuvieron también dos maestras Trinidad y Felipa, cuyos apellidos no recuerdo, pues en ese entonces, dada la demanda de alumnos existente había dos grupos de primero a tercero. Una infancia feliz fue la nuestra, de vez en cuando algún “prieto en el arroz” como se dice comúnmente, irrumpía la paz de nuestra ciudad y estado. Benito Guzmán era el conserje, hombre de tez morena y raíces ancestrales, amable y afectuoso como todos los que ahí laboraban.

Hoy traje a mi memoria estas vivencias porque la maestra Alicia Checa Barboza, ha cumplido su ciclo y sin duda se ha reunido ya con su esposo en el oriente eterno. Expreso mis sinceras condolencias a su familia y deseo de todo corazón que el amor y la paz sean su fuerza para asimilar tan sensible pérdida. Descanse en paz.

ABUELITAS:

La historia de caperucita es un cuento atribuido a Charles Perrault, escritor de origen francés más como un compilador que como autor. Más allá de la historia original algunas personas usan los términos para fanfarronear con el conque de “ya conocieron a caperucita, ahora conocerán al lobo”. Lamentable porque a veces el comentario viene de gente que debiera poner ejemplo de madurez cordial, de unidad y respeto y sobre todo de profesionalismo e institucionalidad. En fin, nada es para siempre. Es cuánto.