TAREA PÚBLICA
Por: Carlos Orozco Galeana
Una vieja aspiración del país es lograr que el mayor número de sus habitantes tenga acceso a una educación de calidad, principalmente aquella parte de la sociedad que por situación cultural o por aspectos económicos, no ha logrado superar la barrera que significa no saber leer o escribir.
Por no superar esa insuficiencia es que hay rezagos en cuanto a tener una ciudadanía cabal que participe consciente y activamente en el desarrollo nacional y también en el renglón de productividad. Una población mejor formada en el saber entiende su realidad y dispone de más elementos para aumentar su bienestar.
México ha realizado esfuerzos importantes en materia educativa, eso es innegable. Pero en alfabetización aún tiene retos fuertes por delante. Hace dos décadas tenía más de 6 millones de analfabetas y ahora este número llega a los 3.9 millones de personas, concentrándose esa población en estados como Chiapas, Oaxaca y Guerrero con tasas de un dígito, mientras que en Michoacán, Puebla y Veracruz se mantendrán estas entre el 6 y 7 por ciento.
El director general de INEA, Gerardo Molina Alvarez reveló que con esos números y según la ONU, México podría ser declarado antes de que finalice el sexenio libre de analfabetismo, aunque será difícil que en los últimos cuatros meses del gobierno se llegue a disminuir el analfabetismo un 0.26 para llegar al 4 cuatro ciento. Esta dificultad es porque quienes están inmersos en ese rezago son personas de zonas indígenas sin estadía prolongada en diversas regiones del país y adultos mayores de 65 años de edad.
Los lectores han de saber que existen personas reacias a aprender el alfabeto y a continuar estudios básicos. A menudo, ocurre que quienes ya se contabilizaron como alfabetizados, al paso del tiempo olvidan lo que aprendieron en esa fase y son registrados como no alfabetizados en los censos de cada diez años. Y así parece que la institución creada ex profeso para atender esa parte de población, el INEA, permaneció cruzada de brazos cuando lo que ocurrió es que se enfrentó a un fenómeno de resistencia cultural y a condiciones geográficas y económicas muy difíciles.
En el caso de Colima, hay buenos números según ha informado esa institución. El IEEA cuenta con una plantilla de funcionarios de excelencia y una plantilla de técnicos docentes que conoce Colima como la palma de su mano. Sus asesores, también, son de lo mejor en aspectos de responsabilidad social. Varias veces al año, como ocurrió por estos días, organiza jornadas de acreditación en todo el país y facilita a los adultos el acceso a la educación básica haciendo una titánica labor de convencimiento en los lugares más alejados.
El resultado es que hay avances significativos como para aspirar a que se levante la famosa bandera blanca antes de que finalice el régimen del presidente Peña Nieto. Será ocasión en que se reconozca el esfuerzo del IEEA y de muchas instituciones públicas y privadas que se sumaron con determinación a esa gran tarea educativa.

