TONALTEPETL

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"gustavo lopez"

Por: Gustavo López Solórzano

En mi época de infancia disfrutábamos con ciertos cuidados, claro está, la libertad de jugar en ciertas calles sin mayores riesgos. Las personas que tenían un automóvil eran pocas y las calles del centro colimense se quedaban solas alrededor de las nueve de la noche. El silbato de Don Emilio Padilla Méndez, (q.e.p.d.) se escuchaba melancólico en el silencio de la noche, que solamente era interrumpido por nuestros gritos del “cinto escondido”, el “chinche legua arriba” o la famosa “trais”, entre otros muchos juegos de desfogue a los que estábamos acostumbrados. La pareja de policías que solía estar en el jardín de la Soledad se retiraba temprano y de cuando en vez, pasaba la patrulla en su rondín esporádico. Qué tiempos aquellos señor Don Simón.

Los semáforos eran contados con los dedos de una mano, los automovilistas con gran cortesía cedían el paso a los peatones; era más fácil que te atropellara una bicicleta conducida por algún distraído galán que iba en busca de su amada, a que lo hiciera un automovilista. La tranquilidad acorde a la modesta forma de vivir de los habitantes de nuestra ciudad y estado, eran la regla; la excepción, un accidente ocasional, muy ocasional. Como ejemplo, recuerdo que una tarde en la que estaba de guardia en la Cruz Roja, el teléfono apenas sonó dos veces, y al contestar, una voz alterada solicitaba apoyo de una ambulancia, el tren había atropellado a un hombre y casi cercenado ambos pies. Al paso de la ambulancia mucha gente se santiguaba y se quedaba atenta hasta que la unidad de emergencia desaparecía, después todo volvía a la quietud.

Gran distancia existe con el Colima de hoy con el de ayer, sin duda, en el 2010 tan solo por ejemplificar, éramos 2.4 personas por vehículo, (por encima de la ciudad de México, León o Guadalajara). Lo anterior nos colocó como una de las ciudades a nivel mundial con mayor número de vehículos por persona. Lo anterior nos lleva a pensar en la urgencia de regular el paso de vehículos y racionar el uso de los mismos en beneficio del medio ambiente, de la vida en general. Por otra parte, los semáforos son necesarios en ciertos puntos álgidos de nuestra ciudad, pues la misma afluencia vehicular genera riesgos para los peatones. En ese sentido, trascendente ha sido la puesta en marcha del conjunto de semáforos que el alcalde Federico Rangel Lozano, acompañado de las presidentas del DIF Estatal y Municipal, Alma Delia Arreola de Anguiano y Leticia Contreras de Rangel, respectivamente, sobre la avenida prolongación Anastasio Brizuela, (está con c y con s) con lo que se brinda seguridad a quienes acuden al Complejo de Atención Integral a Grupos Vulnerables.

Sin duda elevar la calidad de vida de la población y generar seguridad, ha sido el compromiso del gobierno estatal y en este caso, del municipal. El trabajo en equipo y la capacidad para dar respuesta a los planteamientos de la población por parte del ayuntamiento de Colima, también fue reconocido por la señora Alma Delia Arreola de Anguiano, quien expresó su felicitación para el alcalde “porque es una obra benéfica para mucha gente,” dijo la presidenta del Dif estatal. Felicidades Colima.

ABUELITAS:

“El tubero sube a la palma con una balsa o jícara en la espalda; y allá arriba, se balancea dentro de una palapa y se sube sobre ella sentándose cómodamente. Los racimos dedicados a tuba se lían con una cuerda antes de que se reviente el botón. En tal sentido, la savia, que debería ir a alimentar los frutos o cocos, destila por un agujero hecho en la punta, cayendo las dulces gotas en un porrón de barro. El tubero vacía los porrones en su balsa y baja con la misma facilidad con que subió”. Fragmento del libro Cuentos Colimotes del Prof. Gregorio Torres Quintero, editado por el gobierno del estado en 1998. Lo comparto en su memoria, al cumplirse 71 años de su fallecimiento el pasado 28 de enero. Es cuánto.