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BONOS EDUCATIVOS

Por: Carlos Orozco Galeana

Coincido con algunos analistas en el sentido de que  uno de los mejores anuncios hecho por el presidente Enrique Peña Nieto, es el  de la creación de los Bonos de infraestructura educativa, mediante
los cuales, explicó el secretario del ramo en su momento, Aurelio Nuño,  se podrán obtener alrededor de 50 mil millones de pesos,  que serían empleados para mejorar los planteles de educación básica y sería una inversión agregada a la que ya está fijada de 30 mil millones, para hacer una suma de 80 mil millones de pesos para lo que resta del sexenio. En la reciente reunión de Conago, la SEP  obtuvo el apoyo de los gobernadores para apoyar el programa federal.

Como cualquier  otro bono, serán colocados en la bolsa y tendrán que pagar un rendimiento. El respaldo para ellos será el Fondo de Aportaciones Múltiples (FAM), que ya existe en la Ley de Coordinación Fiscal. Este se constituye como el 0.814 por ciento de la recaudación federal participable. Por ejemplo, hasta julio de este año, la recaudación participable ascendió a un billón 449 mil millones de pesos, lo que implica que al FAM fueron 11 mil 794 millones.

Ya se han identificado los poco más de 32 mil planteles educativos a los cuales se canalizarían los recursos. Estos se encuentran ubicados en dos mil 11 municipios de alta marginación e incluyen una matrícula de 5.2 millones de alumnos. Recuérdese que el censo de escuelas realizado por el Inegi detectó que de  173 mil inmuebles educativos, 27 por ciento carece de agua corriente y 11 por ciento (19 mil) no tiene sanitarios.
Si recuperásemos lo dicho en algunas entrevistas por el presidente Peña Nieto, tendríamos que estar de acuerdo con él porque esta inversión tan generosa impactará positivamente el desarrollo educativo, con énfasis en el beneficio hacia  zonas indígenas. Si bien es muy fácil decir que hay carencias ancestrales en estados considerados como atrasados, como los del sureste, gracias a la reforma se hizo un padrón de profesores y un censo de escuelas, lo que ha permitido determinar  en  qué estados se aplicará la millonaria inversión.

Las condiciones escolares no son iguales en el país, principalmente en las zonas semi urbanas y rurales en donde faltan con frecuencia instalaciones, maestros y apoyos didácticos para los niños, lo cual produce desigualdad e inequidad. Desigualdad porque el aprovechamiento escolar es distinto entre niños y jóvenes del medio urbano e inequitativo porque los recursos gubernamentales, aplicados en forma preferente, desquician toda posibilidad de justicia.

Estoy seguro que es programa fundado en los bonos de referencia será bien recibido por los mexicanos, principalmente por los profesores y padres de familia, que tanto se esfuerzan en enviar a sus hijos a la escuela aunque a veces sus condiciones económicas no sean las mejores. Los niños de México, del lugar que sean, merecen escuelas dignas y buenos profesores, responsables y actualizados para que les transmitan los saberes adecuados.  Y si algo de esos recursos se pudieran “resbalar” hacia los adultos mayores de 15 años de edad que atiende el Inea  que estudian en donde se puede: en un taller mecánico, debajo de un árbol, en una cochera, o a pleno sol a veces, mucho se le agradecerá a los secretarios de Hacienda y Educación que hablan de igualdad. A ver si es cierto lo que dicen.

Por otra parte, es plausible que los que dirigen la educación en el país busquen y usen fórmulas  novedosas para multiplicar las inversiones en educación. Y lo más importante: que se vigile que cada peso tenga el destino estipulado, que al paso de los procesos no se reduzcan por cualesquiera razones. Algunos programas gubernamentales se retrasan, se encarecen o se desvían de sus propósitos originales, y esto tiene que acabarse vigilando más rigurosamente los recursos.

Por lo demás, ojalá y ese fondo, que puede ascender a los 80 mil millones de pesos para restaurar instalaciones escolares en todo el país, se incremente y cambie la educación para bien de todos los mexicanos.  Lo deseamos todos.