EL PERDÓN DEL PRESIDENTE
Por: Carlos Orozco Galeana
El presidente de México, Enrique Peña Nieto, pidió perdón hace cuatro días por la llamada “Casa Blanca”, que causó irritación entre los mexicanos. Lo hizo en el marco del anuncio del Sistema nacional anticorrupción que contiene apartados diversos que en teoría servirán para castigar los actos corruptos de funcionarios públicos y también de quienes se asocien con ellos para obtener ventajas económicas.
El mandatario dijo haber sentido en carne propia la irritación de los mexicanos respecto a aquel asunto: “La entiendo perfectamente, por eso, con toda humildad pido perdón por el agravio que causó. Cada día estoy más convencido y decidido de combatir la corrupción”, dijo.
Entre sus cálculos, Peña Nieto pensó que pedir perdón a los mexicanos era casi obligado respecto a la adquisición de aquel bien en forma por demás sospechosa tratándose, el vendedor, de uno de los constructores favoritos y amigo suyo. El enojo colectivo por su conducta y la de su esposa, pero también por diversos funcionarios que han tenido que ver con el dueño del Grupo Higa, a los que este ha vendido bienes inmuebles a costos presumiblemente bajos, no ha terminado. El ciudadano de la calle, ya en estos momentos, dice que ni la burla perdona (el presidente), y que mejor fuera “devolver lo que se ha llevado”. Otros dicen que se tardó en hacerlo y que el perdón no basta. Una pregunta más del público es la de que si los demás miembros del gabinete pedirán perdón, pues varios funcionarios, como dije, adquirieron del Grupo Higa inmuebles costosos en condiciones dudosas. El pueblo está hablando.
Los comentaristas han recordado que ya el expresidente José López Portillo había pedido perdón a los ciudadanos debido a que “no pudo sacar a los pobres de la miseria”, lo que había prometido al iniciar su sexenio; incluso lloró ¿lágrimas de cocodrilo? Felipe Calderón, ex presidente panista, pidió en 2011 perdón por las víctimas de la lucha contra el crimen organizado. Dijo que le “dolía terriblemente” que padres de familia perdieran a sus hijos. Vicente Fox, en el 2000, pidió perdón también por las afrentas y las injusticias de los mexicanos cometidas contra los centroamericanos que en su viaje a Estados Unidos son maltratados en México.
Angela Merkel, Barack Obama Laura Chinchilla, Mariano Rajoy, Juan Manuel Santos, el papa Francisco, Francois Hollande, Lula da Silva, son personajes conocidos mundialmente por los cargos presidenciales que ocuparon y ocupan y que pidieron perdón a sus pueblos mas no por conductas personales presumiblemente corruptas, sino por las políticas públicas asumidas en determinados momentos y circunstancias.
El perdón de Peña Nieto tras 18 meses de aquel escándalo de la Casa Blanca, no convence del todo a la mayoría. Me hubiese gustado que detallara el asunto y diera explicaciones claras sobre las relaciones y los trámites jurídicos hechos para que su esposa se hiciera de una propiedad millonaria que increíblemente ya devolvió. Al final, en los Pinos terminaron hechos bola pues cada información que se ofreció a los medios, más dudas generó el tema.
Por otra parte, valdría la pena que se difundiera profusamente los apartados del sistema anticorrupción, para que haya elementos de juicio en torno a este andamiaje jurídico. No podemos brincar de gusto porque tenemos una ley más, de hecho México tiene estructuras legales para presumir, pero el problema son las personas que tienen una concepción distinta del servicio público y piensan que este es un destino para robar y no para servir.
En Colima habría la oportunidad de estrenar el nuevo sistema de leyes anticorrupción Aquí ha habido jauja los años pasados, hay millonarios por todos lados entre la clase política mientras que el desarrollo social parece estancarse. Pareciese que toda ella anda nomás tras el dinero.
Deseamos que el SAC sirva para darle a la política el sustento legal, moral y ético que requiere. No podemos seguir viviendo en medio de la inmundicia. Los mexicanos estamos escépticos de cualquier gestión que se haga para acabar con la corrupción pues el problema no son las leyes sino el ADN que portamos los mexicanos, que nos obstaculiza pensar en términos afines a los intereses colectivos porque no hay ley que lo impida.

