LA FAMILIA, LA INSPIRACIÓN
Por: Carlos Orozco Galeana
El Papa Juan Pablo 11 fue sin duda un dirigente católico que conmovió el corazón de todo mundo. Tan solo su presencia, junto con su sonrisa, cautivó a millones que vieron en él no solamente a una persona afable y carismática sino a alguien que generaba confianza y cuyo mensaje estaba revestido del amor que Jesús pregonó. Solo hay que recordar cuando este Papa visitó México, ocasiones esas en las que nuestros compatriotas acudieron a los eventos litúrgicos y a los lugares por donde pasó
Pues bien, este Papa se preocupó mucho por la familia, a cuyo fortalecimiento dedicó gran parte de su mandato pastoral. El definió sabiamente que la familia era la primera e insustituible escuela de sociabilidad, ejemplo y estímulo para las relaciones comunitarias más amplias. Y advirtió, además, sobre el peligro que corría por la pérdida de identidad personal en medio de un mundo masificado. El hombre, gracias a la familia, tiene un ambiente propicio, sale del anonimato y enriquece su dignidad, postuló Juan Pablo II.
Defendió la tesis de que todo ser humano tiene el derecho a fundar una familia y a educar a los hijos según sus propios valores religiosos y culturales y la posibilidad de que las familias puedan obtener una seguridad física, social, política y económica.
El Papa Juan Pablo fue visionario en cuanto a la familia. Sabía que en ellas se fraguan las sociedades; que ahí se forman primeramente las personas, las cuales reflejan en sus actos la calidad de la formación moral y humana que reciben de sus progenitores. Hoy, presenciamos un deterioro de la familia y un resquebrajamiento de valores. Hay mucha ignorancia alrededor de este tema puesto que hay gobiernos que no se preocupan demasiado por la creación de oportunidades para que la gente se ocupe y se conduzca con responsabilidad y cumpla las leyes.
Y por supuesto, un gran porcentaje de quienes se casan ignoran aspectos fundamentales de lo que es la naturaleza principal del matrimonio; los cónyuges piensan que se casaron nada más para ellos, para tener hijos y vivir como en una ínsula, y la cosa no va por allí. El casorio es también con la comunidad donde se insertan como tales. Serán responsables de la calidad de los hijos que engendren y de la fortaleza o miseria de su entorno.
Socavada por el libertinaje que tantos promueven, la familia es hoy víctima de ataques continuos al postularse el matrimonio entre personas del mismo sexo, al autorizarse el aborto cuando ya existe el desarrollo del embrión y hay un ser formado. Igualmente, la liberalidad impulsada por movimientos contra la familia justifica la adopción de menores en hogares homosexuales y pregona modelos de familia sin el padre o la madre como algo común.
Debemos volver como sociedad a la doctrina de Cristo y replicar la familia donde él se formó, con humildad, sacrificio y alegría. Y como dijo el Papa Juan Pablo en su tiempo, mostrar un gran aprecio por el papel maternal de la mujer al interior de las familias, y dar, si, dar, cariño y respeto hacia esposas e hijos, porque este es el camino de la realización de su paternidad.
Cuidemos nuestras familias, son lo máximo. Mantengámoslas unidas en el amor y el cuidado, al centro que es Cristo. Dialoguemos mucho y con responsabilidad hacia su interior porque es la forma más efectiva de llevar hacia adelante sus anhelos. Los hijos son producto, en gran medida, de nuestro amor y nuestras atenciones hacia ellos. No permitamos que se pierdan.
Si hacemos todo eso, recogeremos frutos buenos que serán la admiración de todos. A mí me impacta muchísimo cuando dialogo y convivo con padres o madres que están rindiendo cuentas desde ahora al guiar a sus hijos por buenos caminos y aportar a su comunidad gente bondadosa y trabajadora, buenos ciudadanos en suma. Esta es la forma de honrar la memoria de un Papa tan cariñoso y a la vez tan comprometido con las familias en el mundo como lo fue Juan Pablo II. Sus enseñanzas son vigentes.

