REACCIÓN DESMESURADA
Por: José Luís Santana Ochoa
El director de un conocido colegio , ha emprendido agresiva campaña en contra de la instalación en la colonia donde vive, Lomas de Circunvalación, de un colegio privado para 50 niños de maternal y preescolar, utilizando los mismos argumentos que podrían ser esgrimidos por los vecinos del plantel a su cargo que alberga a unos mil 200 estudiantes, para exigir su clausura, tales como el haber convertido la zona habitacional en que se ubica, en un caos generado por el trágico vehicular y la invasión de los frentes de las viviendas convertidos en áreas de estacionamiento “a la hora de salida y entrada, sin contar eventos especiales y festivales”, tal como alega el susodicho en un volante que hizo distribuir casa por casa en contra de la apertura del pequeño Colegio Arbore. Su alegato de que Campo Verde inició operaciones antes de que se construyeran las colonias “Las Palmas” y “Santa Bárbara”, no palia las molestias e inconvenientes que les causa a sus habitantes.
Como si se refiriera a su propio lucrativo gran negocio escolar, el empresario de la educación alega “el molesto ruido a la hora de recreo y salida, el soportar el sonido a un alto volumen en la ceremonia de los lunes, las juntas de padres de familia o las fiestas del colegio”, para incitar el rechazo de sus vecinos al funcionamiento en la casona ubicada en el número 961 de la calle Jesús Ponce y que abarca desde la calle Gabriela Mistral hasta la Luis G. Urbina, de la escuelita para infantes no mayores de 6 años que ningún problema causó en el tiempo que prestó sus servicios educativos en su anterior domicilio de Avenida La Paz 1295.
Para alarmar a sus escuchas, quien a ciencia y paciencia de las autoridades de la época en que empezó a construir sus instalaciones actuales, se apropió de buena parte de la calle Venustiano Carranza, les dice también que la apertura y operación del Colegio Arbore traería aparejados puestos de vendedores ambulantes que “se ubican a la salida de las escuelas”, ¿Cómo en su propio gran colegio?, y la disminución de la plusvalía “a partir de que un colegio se ponga en tu colonia”.
Desmemoriado por conveniencia, Costa Lavín olvida cómo inició su propio proyecto educativo privado en la entonces, 1978, zona residencial de la Calzada Galván, sin que nadie lo fustigara como él ahora lo hace con una joven educadora que tiene todo el derecho a desarrollar una actividad lícita en una zona donde desde hace años han prestado similares servicios la Unidad Pediátrica Infantil (UPI), una escuela de lectura rápida y el Colegio Alfa, sin causar a los vecinos ninguna de las molestias e impactos negativos que en forma por demás alarmista pronostica Costa Lavín causará el Colegio Arbore. También ignora las recomendaciones que hacen los educadores profesionales en el sentido de procurar que en su tierna infancia los niños asistan a escuelas enclavados en el entorno inmediato donde viven.
Verdad de a kilo es que la parte de Lomas de Circunvalación donde abrirá sus puertas el Colegio Arbore, nunca ha sido ciento por ciento habitacional, pues enfrente, desde sus primeros días y durante unos veinte años, hubo una gran panadería, “Pan Casero”, sin que nadie pusiera el grito en el cielo por la emisión de aromas al ambiente ni por el movimiento de carga y descargada de materias primas, ni de las vehículos repartidores. En su lugar hay ahora una bodega de muebles y un taller para motocilcistas que no invade ni el arroyo de la calle ni las banquetas ni genera ruido más allá de lo tolerado. Al estilo de los típicos barrios colimotes, también funcionan una tortillería, dos estéticas, dos lavanderías, una Unidad Médica y las oficinas de una aseguradora, el Colegio de las Madres Adoratrices y la Clínica del ISSSTE, que generan más movimiento de personas y de automóviles que el esperado en el caso del Colegio Arbore.
Ojalá que la autoridad municipal privilegie los derechos a la educación, al trabajo y al aprovechamiento de un inmueble que por sus dimensiones y los nuevas necesidades de su propietaria ya no le es atractivo habitar, como sucedió con las grandes residencias de la Calzada Galván que cambiaron su uso habitacional por comercial, oficinas principalmente, sobre la grilla emprendida por quien muchos beneficios ha recibido del gobierno y de buena parte de la sociedad colimense.

