La ignorancia de nombres de libros y sus autores, de los precios del kilo de tortillas y de la carne, del monto del salario mínimo general promedio en México, y la atropellada y pésima pronunciación de los tres o cuatro párrafos que leyó Peña Nieto en su reciente visita a Gringolandia, no es tan grave como la joya verbal de su hija Paulina Peña Pretelini: “Un saludo a toda la bola de pendejos que forman parte de la prole y sólo critican a quien envidian”, y la aclaración defensiva que resultó ofensiva, machista, a todas luces sexista y discriminatoria, que un descontrolado Quique le hizo al entrevistador español para justificar su desconocimiento de los precios de dos productos de la canasta básica y del salario mínimo general imperante en el país: “No soy la señora de la casa”, por lo tanto, de subentiende, no tiene por qué ocuparse de tales nimiedades que sólo afectan a 50 millones de mexicanos que se debaten en la pobreza extrema.
La estrategia reactiva de los peñistas consistente en hacerles la misma pregunta sobre libros y autores a otros prominentes políticos panistas y perredistas, resultó totalmente fallida, nadie le dio importancia alguna a los yerros de Ernesto Javier Cordero Arroyo que le cambió el nombre de pila a una escritora, del ex Secretario Salud del Gobierno Federal José Ángel Córdova Villalobos que confundió al Príncipe de Macchiavello con el Principito de Antoine De Saint – Exupery y del colimense Mario Delgado Carrillo que le plagió la autoría del Cien Años de Soledad a Gabriel García Márquez para dársela a Jorge Mario Pedro Vargas Llosa.
Las graves regadas de Enrique Peña Nieto dieron tema y material a millones de pendejos proletarios – Paulina dixit – a lo largo y ancho del país que a través de las redes sociales acabaron ya con el producto milagro en el que los mercadólogos lo convirtieron a fuerza de enormes sumas de dinero gastadas en la profusa difusión de auténticos comerciales del canal de las estrellas, Televisión Azteca y las grandes cadenas de radio nacional, amén de la prensa escrita. Con los primeros tallones que le dieron al golden boy, al carita de telenovela, al chaparrito de copete, le salió el cobre y se fueron al drenaje las cualidades y valores que sin sustento alguno de atribuyeron sus publicistas. A la hora de la verdad, “chafeó” y le dio al traste al futuro político de otros supuestos galanes priistas como el tapatío Jorge Artistóles Sandoval o el peñita de Colima José Manuel Romero Coello.
De mucha mayor relevancia que la caída política en picada de Peña Nieto es el descubrimiento de la enrome influencia colectiva que las redes sociales tienen ya en el proceso electoral en marcha. En los próximos seis meses se verá en todo su esplendor el activismo de millones de “pendejos de la prole” que al menos acotará la capacidad manipuladora del duopolio televiso que les ha impuesto su ley a partidos y candidatos, clase política que al final de la jornada deberá estar agradecida porque las redes sociales los liberarán pronto de la dictadura de los Azcárraga Jean y Salinas Pliego. Este relevante avance democrático bien vale la zarandeada que le seguirán dando a Enrique Peña Nieto hasta que su partido, el PRI, lo retire del mercado electoral, como a cualquier producto milagro, para sustituirlo por alguien que al menos sepa leer aunque no escriba, que pueda hablar sin apuntadores, guion ni telepronter.
