Bitácora Reporteril
Por: César Barrera Vázquez
Después de más de seis años de “otros datos”, la credibilidad del gobierno federal está en ruinas. Incluso frente a hechos verificables con imágenes, videos y testimonios, la administración se aferra a su narrativa oficial, minimizando realidades innegables, como la tala de más de siete millones de árboles por la construcción del Tren Maya.
Fue el propio gobierno quien reconoció esta devastación, pero sigue insistiendo en que la obra es un “proyecto ecológico” y de “alto impacto social”, aunque no haya evidencia clara de beneficios tangibles para la población por esta mega obra que se estimó costaría 150 mil millones de pesos y terminó pagándose 550 mil millones de pesos, de acuerdo a datos del mismo informe de AMLO al final de su sexenio.
La destrucción de seis mil hectáreas de selva y el daño a los ecosistemas subterráneos no es una especulación, sino un hecho documentado por expertos ecólogos y organizaciones ambientalistas. Pero la estrategia oficial es negar, desacreditar y descalificar a quienes señalan estos problemas. Aquí no pasa nada. Todo está bien. Y si alguien dice lo contrario, es un conservador, un fifí, un traidor al pueblo.
La credibilidad no se pierde en un día, sino con la acumulación de mentiras. ¿Cómo creer en un gobierno que, en plena pandemia, aseguraba que el COVID-19 era una simple gripe? ¿Cómo confiar en un gobierno que nos dijo que no habría más de 60 mil, en el “escenario más catastrófico”, pero terminó con más de 800 mil defunciones? ¿Cómo tomar en serio a un gobierno que afirmaba que el presidente no contagiaba porque tenía “fuerza moral”?
El problema de esta retórica es que ha desgastado la investidura presidencial. Y ahora ya se ven las consecuencias: cuando la presidenta Sheinbaum asegura que los homicidios han bajado un 20% y presenta cifras, pocos le creen porque consideran que son cifras maquinadas. ¿Y cómo culpar el sospechosismo si el gobierno ya ha mentido? Estos resultados no entusiasman ni a su base, porque la realidad en las calles contradice los discursos triunfalistas.
Antes, el CONEVAL, un organismo autónomo, evaluaba los programas sociales con criterios técnicos. Se confiaba en sus mediciones porque era independiente del gobierno. Ahora que lo desaparecieron, ¿quién validará los números oficiales sobre pobreza? Cuando Sheinbaum diga que “hay menos pobres”, ¿se le creerá o será otro uso propagandístico de la estadística?
Lo mismo ocurre con el sistema de salud. Las autoridades afirman que el abasto de medicamentos está en niveles óptimos, pero médicos, trabajadores del sector y pacientes denuncian diariamente la falta de tratamientos. Y como la solución no es reconocer el error, sino insistir en que todo está bien, el gobierno gastó 2,700 millones de pesos en una “megafarmacia”, un elefante blanco cuya única función es encubrir el fracaso en la compra y distribución de medicamentos.
Si el gobierno no deja de lado la retórica de los “otros datos” y se enfoca en reconocer y resolver los problemas reales, jamás podrá corregir el rumbo. Insistir en esta estrategia sólo profundizará la crisis de credibilidad en la que está sumido. Un gobierno que miente con facilidad pierde la confianza de su pueblo, y sin credibilidad, cualquier cifra que presente será letra muerta.
Dos puntos
Acertado que el gobierno del estado, encabezado por Indira Vizcaíno Silva, impulse operativos en los centros de readaptación social. En un reciente cateo, se encontraron 14 celulares. No es un dato menor: las cárceles han sido centros de operación del crimen organizado. Basta recordar que una riña en el Cereso de Colima, que dejó nueve muertos, fue el punto de inflexión que desató la ola de violencia que aún padecemos.
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