SE AVECINA EL FESTIVAL COLIMA DE DANZA, DEL 25 AL 2 DE OCTUBRE

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    “Colima es un pueblo que sabe bailar y ésta es su fiesta” subrayó Dení García Medina, coordinadora operativa del festival, quien ofreció mayores detalles de esta fiesta del movimiento que se celebró, por primera vez, en 1998; luego se interrumpió porque –tras el sismo de 2003—los teatros de la ciudad quedaron inhabilitados; pero el festival volvió ¡esperan! para no irse jamás.

    Son varias las particularidades del Festival Colima de Danza: es una fiesta incluyente donde encuentran cabida todas las manifestaciones dancísticas, es una fiesta que ofrece espectáculos infantiles, a veces espectáculos internacionales y que, además, trastoca la rutina de la ciudad para darle un aire festivo.

    “El maestro Rafael Zamarripa, con toda su experiencia en festivales en el extranjero, quiso que Colima tuviera un festival singular y único dentro de nuestro país; y así fue como él concibió todo el esquema del festival: desde su programación hasta el sistema operativo.”, subrayó Dení.

    Y la novedad de este festival es que –en esencia— el trabajo del día a día es realizado por estudiantes voluntarios de la licenciatura en danza del Instituto Universitario de Bellas Artes (IUBA), que se involucran en todos los procesos de la realización de un festival.

    “Los grupos que vienen, y esto es totalmente singular en nuestro país, tienen siempre a una persona del festival con ellos: alguien que los recoge en el aeropuerto, los lleva al hotel, los acompaña en su montaje y les ofrece todas las atenciones; esta labor es hecha por voluntarios que fungen como responsables de los grupos…y, con esta atención, creemos que le damos un valor agregado a este evento”, comentó la coordinadora, quien ya está dando los toques finales a esta fiesta del movimiento.

    El Colima de Danza nutre su programación con la de otros festivales que conforman la Red Centro-Occidente de la Coordinación Nacional de Danza del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA); por ejemplo el Onésimo González, de Jalisco; el Internacional de Danza Contemporánea, de Michoacán; y el Internacional de Danza, de Querétaro.

    “Somos los que hemos podido trabajar en un circuito porque nuestras fechas coinciden; hacerlo nos ha traído varias ventajas: optimizamos recursos, llevamos una curaduría de programación conjunta y eso ha fortalecido el festival”. Ya bien consolidada esta red –espera Dení García– el próximo año y con más apoyo se podrán incorporar actividades paralelas al festival.

    Lo cierto es que la fiesta está casi lista: del 25 de septiembre al 2 de octubre todos los habitantes de esta tierra caliente tenemos que poner a bailar los ojos, el cuerpo y hasta las ideas. Está prohibido quedarse sentado.

     

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