RICARDO EL MASÓN

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Por José Díaz MadrigalEn una de las céntricas calles de Colima, un tanto cargada hacia el poniente de la ciudad; residía una conocida y numerosa familia encabezada por un respetado y querido patriarca del clan. Éste venerable anciano había sido seminarista en su juventud, por algún motivo tuvo que renunciar a la carrera eclesial, para ingresar como modesto empleado de Gobierno del Estado; lugar donde se desempeñó laboralmente hasta su jubilación, y le dio el sustento para vivir y mantener a su fecunda prole.El buen hombre era devoto de La Virgen de Guadalupe. Tenía en la sala de la casa, un magnífico altar con la imagen Guadalupana visible desde la calle. Previo a la llegada del 12 de Diciembre de cada año, día de la máxima festividad de nuestra Señora del Tepeyac. Él y su esposa organizaban el rezo de 46 Rosarios, uno cada día,  que representan el número de estrellas en el manto de La Virgen. Invitaba a parientes y vecinos para hacer la oración nocturna, que con gusto iban a su hogar, puesto que después de rezar ofrecía una deliciosa cena a los asistentes.Por la misma calle a unas casas de por medio, también vivía otra familia que entre sus miembros había varios maestros de profesión. Uno de ellos se ostentaba engreídamente como libre pensador, era masón. Con altanera arrogancia despreciaba los Rosarios y se burlaba de los asistentes que con fervor rezaban ante La Virgen morena.Una noche en que se estaban haciendo los preparativos para dar inicio con el Rosario, pasó caminando por la banqueta el profesor masón, se detuvo frente a la puerta abierta del hogar gritando con tono majadero: “chinguen a su madre toda la bola de rezanderos y de pasada su virgen de guadalupe también”. No hubiera dicho eso el profe hocicón, porque se le dejó ir encima el varón más joven de la familia, que  de tremendo derechazo le fracturó la nariz y lo derribó; sin embargo el profe no se amilanó, se levantó hecho un demonio trenzándose en una lucha pareja, puesto que estaban del mismo pelo en edad y peso. Poco más tarde intervino la policía -cuando era efectiva- rápido se llevaron a los dos peleadores.La semana pasada en varios medios informativos, se difundió una fotografía del líder de Morena en el senado Ricardo Monreal, donde se le observa en un ritual recibiendo el grado 33 de la logia de los masones; ésta es la distinción más alta para un masón y es reservada sólo para unos cuantos. La foto sin duda, a pesar de la secrecía de esos ritos, fue divulgada a la prensa por el propio senador, ésto fue con un claro propósito. En la política mexicana, ningún mensaje puede dejarse de lado.De los 4 precandidatos de Morena destapados por Lopez Obrador, para competir por ese partido en las elecciones del año próximo, para la presidencia de la República; sólo Ricardo Monreal con el evento de ordenación de gran maestro masón de la semana pasada, se ha declarado abiertamente pertenecer a una logia masónica; de los otros 3, no se sabe con exactitud  sí pertenecen o no a una cofradía de ese tipo.Un periódico de Tabasco refiere que Lopez Obrador es un masón de alto rango, no menciona de que grado. El presidente públicamente no lo ha aceptado o desmentido, pero si suelta pistas de que si sea masón, porque en primer lugar es un gran admirador de 2 presidentes mexicanos que fueron masones: Juárez y Cárdenas,  a cual más de nefastos y, en segundo lugar, el discurso habitual del presidente es en contra de los conservadores que eran históricamente los enemigos de los 2 presidentes mencionados.Ricardo Monreal es un político coyote, soberbio y tramposo. La jugada mediática que hizo, fue genial, tiene el propósito de engañar al presidente, como diciendo: yo mero soy entre los 4 precandidatos, el único heredero de los ideales juaristas y cardenistas; por tal motivo a mi me corresponde ser el candidato que designe Lopez Obrador para que lo suceda en el cargo. Para espantar un coyote, se ocupa un perro, el presidente tiene olfato canino y no se va a dejar engatusar por otro embaucador. Entre gitanos, no se leen  la suerte, dice un refrán popular.El porcentaje de masones dentro de la población mexicana, es muy bajo, ni siquiera llega al 1% en cambio el pueblo Cristiano Católico anda alrededor del 80%. Los masones no pueden ser Católicos. Un documento que está vigente de la Iglesia Católica señala: Cristianismo y masonería son esencialmente incompatibles, hasta el punto que inscribirse en uno, significa separarse del otro. La afiliación a una sociedad masónica, está prohibida por la Iglesia; la pertenencia a una asociación de éste tipo, es irreconciliable con la Fe Católica.Con soberbia y arrogancia, así se dejaba ver el profe que le rompieron la nariz, del mismo modo pero con verborrea más refinada, se ha manifestado Ricardo Monreal. Lo bueno es que el Peje no lo quiere.