Quod scripsi, scripsi

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    Y es la fea costumbre que han tomado las estudiantes de todos los niveles de usar faldas cortísimas, que provocan pensamientos lúbricos y le dan un toque de indecencia hasta al cuerpo más limpio. Es una verdadera lástima que en las escuelas se siga permitiendo que las alumnas vistan de la forma en que lo hacen, exagerando la cortedad de las faldas que no dejan nada a la imaginación, como se estila decir. Las famosas minifaldas son una ofensa al pudor. Y no decimos esto porque seamos mojigatos ni estemos imbuidos de falsa moralina. Nos preocupa el hecho de que las muchachas se vistan de ese modo tan indecente porque ellas mismas propician que se les trate de forma irrespetuosa. El desfile de ayer fue una muestra de que en las escuelas ya no se cuida la presentación de los alumnos y de que los padres solapan que las hijas se atavíen como sexoservidoras. Es una vergüenza que se vistan más decentes los hombres que las mujeres en las escuelas. Y vamos decir algo que observamos. La única escuela cuyas alumnas iban vestidas de forma respetable eran las de la Escuela Secundaria Técnica Número 11, de Santiago, que llevaban aparte de su uniforme bien estructurado, también la prenda de su conducta seria y formal. Fueron la mejor escuela en vestuario y en comportamiento. Y eso debe hacer sentir orgulloso a quien la dirige. Pero el resto de escuelas daban pena y provocaban repugnancia porque veíamos a las muchachitas contonearse y enseñar más de lo que la decencia permite. Insistimos en que no nos espantamos, ni nos hacemos los moralistas. Simplemente la lógica nos dice que se deben cuidar esas que no son detalles sino normas firmes que se deben mantener a salvo en las instituciones de educación de todos los niveles. Y vamos a comentar también algo que hace unos días atestiguamos. Resulta que fuimos invitados a impartir una conferencia en el Colegio Sth. Jhons, hace unos días, por la maestra Lourdes González. La charla era dirigida a estudiantes de los tres niveles que ofrece el Colegio: primaria, secundaria y preparatoria. Y acudimos naturalmente al llamado de la maestra González. Entonces nos llevamos la grata sorpresa de encontrar a un grupo muy numeroso de estudiantes sorprendentemente bien portados, respetuosos, amables, finos, atentos y educados. Naturalmente eso nos produjo alegría por ellos, pero tristeza por lo que hemos visto en escuelas públicas donde el comportamiento de los alumnos es lo contrario de lo que vimos en el Sth. Jhons. Hemos asistido a numerosas escuelas de gobierno y nos hemos topado, en todos los niveles, con estudiantes malcriados, groseros, vulgares, maleducados, que dejan en vergüenza a sus maestros. En el Colegio particular que citamos, fue todo lo contrario y eso nos llenó de pesar. Porque quienes suponen que los “juniors” son lo peor, a veces se llevan el fiasco de hallar gentes tan dignas y decentes que merecen nuestro reconocimiento. Claro que no todas las escuelas oficiales adolecen de ese mal comportamiento en sus alumnos. Hay muchas donde también se mantiene una rigurosa disciplina. Y nos viene a la mente la Escuela Secundaria “Fernando Moreno Peña” cuya directora, Margarita Figueroa Ordaz ha demostrado su capacidad y su labor bienhechora educando a sus alumnos con la prudencia y el buen tino que la caracterizan. Pero son escasas y hay que decirlo. Falta en la educación pública mayor disciplina y orden. Y el desfile nos lo recordó ayer viendo las falditas de las estudiantes que despiertan el morbo y la libido entre los propios compañeros que se ocupan más de verles las nalgas y las piernas a sus condiscípulas que de hacer lo que se les instruye. Ojalá que los padres de familia tomaran conciencia de eso y colaboraran con los directores de las escuelas para que se corrija ese que, quiérase o no, puede ser un problema social. De pronto nos vino a la mente una frase que pronunciaba nuestra multicitada abuela: “cada quien usa la falda del tamaño de su vergüenza”. EXITOSO. Por lo demás, y cuestionamiento aparte de las educandas desvergonzadas, diremos que el desfile fue un éxito que se anotó al organizarlo, el director del Instituto Municipal de la Cultura, Eduardo Rivera Valdivia. Breve y sustancioso, como los buenos caldos. Bien coordinado, ordenado y ameno, bien representado y con bastante agilidad. Así deberían ser todos los desfiles, porque se entorpece menos el tráfico en la ciudad y se disfruta más viendo los contingentes. Se anotó, como se dice, un diez Eduardo Rivera esta vez. POR HOY, BUENOS DIAS.

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