Por José Díaz Madrigal
El día que lo mataron, tenía apenas 17 días de haber resultado triunfador en las elecciones para presidente de México. Así que también en aquel tiempo como ahora, mientras no toman posesión del cargo se les llama presidente electo. Ciertas versiones de la época, que de preciso fueron silenciadas; le achacaron la autoria intelectual del asesinato, al presidente saliente porque era su modus operandi, dar el zarpazo asesinando, agazapado detrás de otro, además fue el más beneficiado con la muerte del que llegaba para sustituirlo.
Al imbatible Obregón, le pasó como a la fábula del perro y el coyote. Éste presumía de ser el animal más astuto para robar gallinas del gallinero, hasta que el ranchero arrimó a un perro terco y testarudo, que acabó con la vida del mañoso coyote. El canino representa a Plutarco Elias Calles, el mayor matón de mexicanos del siglo pasado. Según los diceres no oficiales fue quien mandó matar a Obregón. Con la muerte del Manco de Celaya, se inauguró el periodo en la historia de México, lo que se conoce como el Maximato.
Una vez muerto Obregón, Calles mismo se autoproclama como “El Jefe Máximo de la Revolución”. Terminó su presidencia y coloca de interino a su primer títere incondicional, Emilio Portes Gil, un miedoso abogado tamaulipeco al que Calles lo deja con poco margen para moverse. En las elecciones extraordinarias de 1929, Calles le ordena al de Tamaulipas, manipular los resultados de las urnas y con ésto, le escatiman el triunfo electoral a don José Vasconcelos; colocando en la presidencia al segundo títere del Maximato, Pascual Ortíz Rubio, un oscuro ingeniero que tenía la distinción de ser el lambiscón más discreto del turco, otro apodo de Calles.
Por aquellos tiempos la residencia oficial de los presidentes, no era Palacio Nacional, sino el Castillo de Chapultepec. Casi enfrente, en Polanco vivía Calles. El ingenio popular se desbordó, comentaban apuntando al castillo: ahí vive el presidente, pero el que manda vive enfrente.
Los moneros de entonces dibujaron a Pascual -dicho sea de paso, veían lo nango que era y lo apodaron el nopalito. . . Por baboso- el dibujo decía ¡yo mando! En el mismo dibujo a un lado, en una lancha con remos en el lago de Chapultepec estaba pintarrajeado Calles gritando ¡y yo remando y remando!
Pascual Ortíz no aguantó las burlas, optando por renunciar. Fue cuando hizo su arribo el tercer presidente títere de callismo, Abelardo L Rodriguez, el Pocho, que se la pasó nadando de muertito para no contradecir a su amo. El cuarto títere fue Lázaro Cárdenas y las cosas no cambiaron, por ese motivo le salió respondón. El turco se sentía el rey de México. Lázaro tuvo que apechugar más de un año la intromisión de Calles.
En cierta ocasión acudió Cárdenas a la casa de Calles. -Díganle que me espere, estoy jugando dominó, expresó Calles. Pero señor, es el presidente de México, le replicaron. . . Y que, que me espere he dicho. Cárdenas se aventó dos horas de antesala y finalmente decidió retirase, sin poder hablar con el turco. En los días siguientes, Lázaro dió de baja a varios individuos protegidos de Plutarco.
Cuando Calles se enteró, de inmediato se dirigió a la oficina de Cárdenas; sin previo aviso y de forma violenta abrió la puerta y gritó: ¡Lázaro! En qué artículo de ley te apoyaste para dar de baja a mis amigos?. . . En el artículo de mis güevos, respondió Cárdenas con agallas. Dos días después, Calles fue desterrado del país, acabando de un manotazo la vida pública de ese desalmado asesino.
Las circunstancias que está viviendo la presidenta electa en estos días, tiene algún parecido a la época de Calles-Cárdenas. Por la tarde ella ofrece discursos conciliadores porque de ese modo se necesitan, sin embargo al día siguiente en la mañanera, el presidente le echa a perder sus mesuradas palabras y, tiene que aguantar vara sin arrugar la frente, porque todavía no es su turno.
Ante tal situación surge la duda ¿tendrá la presidenta electa las agallas que tuvo Cárdenas, para quitarse de encima a Calles; en éste caso Claudia a López Obrador? O ¿va a pasar a la historia de México como una nopalita, a semejanza del inepto Pascual Ortíz Rubio?
La esperanza de muchos mexicanos es que, una vez que Claudia tome las riendas del poder, se lo quite de encima.
