Que Roxana Guzmán no sea una estadística más

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Bitácora Reporteril

Por: César Barrera Vázquez

En México el periodismo vive un doble embate. Por un lado, los grupos criminales que asesinan, desaparecen y amenazan a quienes documentan sus actividades ilícitas y sus vínculos con el poder político. Por el otro, la estigmatización cotidiana desde la mañanera de la presidenta Claudia Sheinbaum, donde se señala, desacredita y exhibe a periodistas cuyo único delito es cuestionar al gobierno y exponer las contradicciones, la ineptitud y corrupción del régimen.

La víctima más reciente de esta tragedia es la periodista Roxana Guzmán, directora del medio digital Impulso Informativo, secuestrada en Veracruz por un grupo de hombres armados. El video difundido en redes sociales, grabado por la propia Roxana, es brutal.

En él se observa a tres sujetos encapuchados irrumpiendo violentamente en su domicilio. Dos portan rifles de asalto. Otro utiliza un mazo para derribar la puerta. La periodista alcanza a grabar parte del ataque antes de que uno de los agresores le arrebate el teléfono. Desde entonces se desconoce su paradero.

La Fiscalía de Veracruz informó que desplegó un operativo de búsqueda. Ojalá aparezca con vida. Ojalá no se convierta en una estadística más. Porque las cifras son aterradoras. De acuerdo con Artículo 19, entre el año 2000 y mayo de 2026 han sido asesinados 176 periodistas en posibles hechos relacionados con su labor informativa. Además, entre 2003 y 2026 se han documentado 32 periodistas desaparecidos.

Lo más grave no es sólo la violencia. Es la impunidad. El 98 por ciento de estos casos permanece sin castigo. Eso significa que prácticamente cualquier agresor sabe que en México puede asesinar o desaparecer a un periodista sin enfrentar consecuencias.

Y mientras el crimen organizado hace su parte, desde la mañanera de la presidenta Claudia Sheinbaum se construye un ambiente cada vez más hostil para el ejercicio periodístico. Un día sí y otro también se desacredita a periodistas, medios de comunicación y analistas críticos, presentándolos como adversarios políticos, conservadores, corruptos o defensores de intereses inconfesables.

El mensaje es particularmente peligroso en un país donde la violencia contra periodistas está ampliamente documentada. Porque cuando la presidenta Claudia Sheinbaum señala públicamente a periodistas críticos, contribuye a generar un clima de polarización donde la labor informativa deja de verse como una función democrática y comienza a ser presentada como una actividad adversa al gobierno.

Además, genera un efecto amedrentador que inhibe a otros periodistas a preguntar y criticar, a investigar y publicar trabajos periodísticos de alto impacto. Así se fomenta la autocensura. México acumula más de dos décadas figurando entre los países más peligrosos del mundo para ejercer el periodismo fuera de zonas formalmente reconocidas como de guerra. A estos territorios se les conoce como zonas de silencio.

En las zonas de silencio sólo existe la información oficial como oferta mediática. No hay opinión pública ni mucho menos libertad de expresión. Lo que prevalece es la visión autocomplaciente de los gobiernos que ignoran o se niegan a reconocer las grandes problemáticas que enfrenta la sociedad.

Por eso la desaparición de Roxana Guzmán no puede convertirse en un dato más dentro de las estadísticas de violencia. Su caso representa una prueba para las autoridades y también un recordatorio de que sin libertad de prensa no existe democracia posible. Por la tragedia que vive México y por la indiferencia con que buena parte de la clase política observa estos hechos, pareciera que el régimen busca extender esas zonas de silencio a todo el país.

Dos puntos.

La senadora Mely Romero está realizando su tercera gira legislativa por el estado, actualmente en la capital. Le faltan los municipios de Armería, Manzanillo, Coquimatlán y Minatitlán. Sin embargo, es de destacar que se trata de la tercera gira que realiza para nutrir su agenda legislativa con planteamientos de las y los ciudadanos, representantes de organizaciones civiles y sindicales, así como liderazgos políticos, académicos y sociales.

Es un trabajo que acredita su vocación de servicio público y que también permite contrastar su actividad legislativa con la de los otros senadores del oficialismo, a quienes no se les vio durante más de un año. Hoy, que está en puerta el proceso electoral, vuelven a aparecer como hormigas voladoras después de la lluvia. A Mely no se le puede acusar de oportunismo, pues ésta es la tercera gira que realiza, como lo ha hecho al término de cada periodo ordinario de sesiones.

*Las opiniones expresadas en este texto de opinión, son responsabilidad exclusiva del autor y no son atribuibles a CN COLIMANOTICIAS.