«Después de los Gritos todo era Confusión y Nadie se Ayudaba…»

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    COLIMA, COL., 24 de agosto.- La música, el choque de los vasos, las risas, los mareos propios que ocasiona el exceso de alcohol en la sangre, los besos de despedida…… y después gritos, llanto, dolor, eso es lo que vivieron los jóvenes que estuvieron en el bar Nuit Lounge el domingo a las 3:05 de la mañana, cuando un sujeto entró y abrió fuego contra los asistentes. El saldo no es positivo: siete heridos y alrededor de cien personas marcadas por el incidente, señala el reportaje especial del semanario Avanzada que circula desde ayer en el estado.Aunque todos los que recibieron los balazos están fuera de peligro, recordarán con mayor claridad la situación que vivieron; según datos extraoficiales hay quienes ya perdieron algunos dedos del pie, de la mano y otros quedaron destrozados de sus brazos o piernas.

    Esta es la psicosis con la que están viviendo desde aquel domingo sangriento: “la herida en la pierna duele menos conforme pasan los días, pero el temor está vigente, me robaron mi tranquilidad, me hicieron conocer la realidad de Colima, viví la inseguridad y de la peor manera”, dijo una de las víctimas cuyo nombre prefirió omitir por las investigaciones que se están realizando en la Procuraduría de Justicia del Estado.

    Nuestra testiga dice que sólo se dio cuenta de lo que pasaba cuando comenzó a escuchar a sus amigas gritar: “Ellas gritaban pero no sabía porqué, fue en cuestión de segundos, después de los gritos todo era confusión, no sentía nada, solo miedo y después dolor, mucho dolor, desesperación, nadie se ayudaba, todos estaban asustados, yo estaba asustada, quería salir de ahí pero no podía”, dice.
    A ella el balazo que recibió en su pierna la tumbó “caí al piso por el impacto, y luego comencé a llorar, pensé que íbamos a morir, y luego vi que otros también estaban heridos. Lo que me pasó no quiero que se repita, ningún joven tiene porqué padecer esto. Ahora después de que varios amigos me han visitado, pienso y me da coraje lo que viví, después del terror me dio coraje, porque estamos desprotegidos”.

    El bar Nuit Lounge, ubicado por la calle Felipe Sevilla del Río en la capital colimense, era el antro de moda entre los jóvenes; el domingo 15 de agosto, a las 3 de la mañana, el lugar tenía más de 100 jóvenes en su interior, los cuales disfrutaban de la fiesta.

    Después de haber pasado cinco horas en el bar, la algarabía era intensa, muchos de los asistentes ya tenían algún grado de ebriedad, otros simplemente ya tenían sueño pero decidieron esperarse por un amigo, el dueño del automóvil aún quería quedarse un poco más.

    Justo en el Nuit Lounge, la madrugada de ese domingo cambió la vida a varios jóvenes que pasaron de la fiesta al terror. Sus amigos, conocidos, compañeros de antro, comenzaron a correr cuando se escucharon las primeras ráfagas, los heridos cayeron al piso, sin imaginar que ese día estaban abriendo un capítulo nuevo en sus vidas.

    El llanto, la desesperación, las ganas de ponerse a salvo, convirtieron a ese bar en una zona de terror, la sangre comenzaba a evidenciar la tragedia en la que se encontraban inmersos y aunque ninguno de los asistentes perdió la vida, presenciaron un acto de violencia inusitado en sus vidas y que jamás pensaron transitar.

    Después de las 3:10 de la mañana, la desesperación reinó en la zona, las salidas de emergencia fueron insuficientes, los que estaban heridos trataron de salir por la parte trasera del bar, los que no pudieron moverse por el terror que invadió su cuerpo simplemente se quedaron tirados en el piso, llorando y algunos de ellos rogando por sus vidas.

    A nuestra personaja, sus amigos la auxiliaron, los gritos: “hay heridos, llamen a la ambulancia”, retumbaron en todo el bar, mientras los vecinos salían de sus casas a apoyar a los jóvenes que padecían una crisis nerviosa.

    “Lo único que queríamos era salir de ahí. No sé lo que pasó, estaba de espaldas a la puerta y de repente escuché los disparos, voltee, y vi que había gente que estaba cayendo, y solo pude ver a una persona parada en la puerta con algo en la mano, fue rápido, ni siquiera tuve tiempo de reaccionar”, contó otro de los asistentes en el bar Nuit ese domingo en la madrugada; él no resultó con ninguna herida física, solo el temor de estar en el lugar equivocado a la hora equivocada
    “Nadie nos garantiza nada, estábamos en un bar donde la mayoría de los asistentes nos conocemos y de repente llega alguien y dispara a quemarropa. ¿Dónde está la seguridad?, ¿que nos digan cómo podemos protegernos?, ¿cómo podemos proteger a nuestras familias?, porque ya nos atacan en lugares públicos, porque ya no hay paz, nos quitaron la tranquilidad, nos robaron la paz”.

    El mismo domingo, la Procuraduría General de Justicia del Estado confirmó que cinco personas del sexo femenino y dos del sexo masculino fueron lesionados por disparos de arma de fuego cuando salían del lugar.
    Aunque el estado de salud de los afectados es estable, algunos de los lesionados quedarán sin dedos en la mano, en el pie, o con lesiones profundas en sus piernas, y brazos.

    En el Nuit Lounge encontraron varios casquillos percutidos calibre 7.62×39, que pertenecen a los rifles conocidos como Cuernos de chivo.

    De las investigaciones se desprende que a las tres de la mañana con cinco minutos, dos personas del sexo masculino llegaron a bordo de un vehículo compacto, modelo reciente, color negro, con vidrios polarizados, el cual se detuvo de manera intempestiva.

    El copiloto descendió y entre sus manos traía un arma larga conocida como “Cuerno de Chivo”, mientras su cómplice se mantenía al frente del volante con el motor encendido.

    Sin mediar palabra alguna comenzó a disparar al interior del negocio lesionando a las personas cuando salían, luego se subió al auto y se dio a la fuga.
    Conforme a la información proporcionada por los testigos, el probable responsable es una persona del sexo masculino de entre 25 y 30 años de edad, complexión regular, 1.70 metros de estatura, vestía playera y pantalón color negro y portaba una gorra del mismo color.

    Hasta el momento se desconoce el móvil de la agresión.

    “¡Se están metiendo… se están metiendo!”

    “Estábamos cobrando, de hecho la gente ya estaba saliendo, ya estábamos despidiendo a los clientes; era una que otra mesa que estaba ahí, porque faltaba cobrarles nada más. La música ya se había apagado, ya se habían prendido las luces. Había, acaso, dos o tres mesitas, el único marro que no se quiere salir, cuando sonaron los pinches balazos”.

    Lo anterior narró un trabajador del Nuit, quien por motivos personales se quiere mantener en el anonimato.

    “Todos los que estábamos ahí —continúa Equis, como será nombrado en adelante— de volada nos tiramos al suelo, y a escondernos. Luego empezamos a escuchar pasos, y mucha gente empezó a gritar ¡se están metiendo, se están metiendo!, pero cuál; era la misma gente que estaba afuera —ya ves que se queda gente afuera, cotorreando, haciendo la pendeja—y, pues, que se meten en chinga, corriendo. Era la gente que se metió la de los pasos”.

    “De hecho, unos heridos –precisa Equis—como que corrieron, no sé, pues como te digo ya todos estaban afuera, alcanzaron a meterse. Cuando ya se calmó todo, salimos a ver qué onda. Nosotros metimos a unos heridos, para asistirlos, mínimo, y les amarramos las piernas, haciéndoles un torniquete. Después le hablamos a la ambulancia, pero había un paramédico ahí adentro, bueno, uno que decía ser paramédico y que asistió a una muchacha, y después llegaron las ambulancias, pero nunca supimos quién fue ni nada”.

    –¿Se bajaron o pasaron de largo?
    — Pues no vimos. De hecho yo le pregunté a un militar que qué onda, y me dijo que eso, a huevo que se tuvo que haber bajado, porque los casquillos estaban acumulados en un mismo lugar. Me dijo que si hubieran pasado hubieran quedado dispersos en el camino, dice que no. Según él dice que probablemente se bajó; que como que lo estaban esperando, pues. Como que los vatos ya estaban ahí, se bajaron de un carro y el carro estaba esperando al que disparó, a la vueltita, no sé.

    Equis afirma que platicando con el soldado, éste le dijo que aproximadamente dispararon desde el camellón, “que es lo más seguro y como que estaban esperando a alguien, pero quién sabe”.
    Un pensamiento de que “ya valí madre”, fue lo primero que cruzó por la mente de
    Equis cuando escuchó los disparos. Después llegaron los reflejos involuntarios del cuerpo: “me tiré al suelo”. En entrevista exclusiva para este semanario, explica que nunca se hubiera imaginado ser testigo de una balacera, por lo menos no aquí en Colima.

    De su plática con uno de los soldados que llegaron a la escena del siniestro, Equis comenta: “A como me estaba platicando el militar, él, con base en su experiencia, me dice cómo cree que ocurrieron los hechos. Dice que había una camioneta enfrente, él dice que alguien se bajó, caminó, se paró en el camellón y cuando iban saliendo él disparó. Dice que al ver los tiros en la pared lo más seguro…porque en la pared hay pocos tiros, ocho o nueve tiros impactados y son como 36 casquillos, después de eso disparó al aire, tal vez no vieron el objetivo, no sé, disparó al aire para huir, para asustar a la gente”.

    –¿Nunca te había tocado una experiencia así? –Pregunta el reportero.
    –Nunca, wey, ni aquí ni en ningún lado. Pero está cabrón, ya ves que está pasando en todos lados pero… lo más seguro es que… Pues he escuchado en algunos lados que se traen algo contra los del bar, no creo. De hecho los tiros, si dan a la altura. Como que el wey del mismo susto, al ver a tanta gente, se puso nervioso, quién sabe, porque los tiros se ven de abajo hacia arriba, así me explicó a mí un militar, pues. Pero sí apuntó hacia arriba; te paras en la entrada —del Nuit—y a la altura de la cabeza, más o menos, están los disparos. Pero no le dio a nadie.

    Equis señala, como testigo presencial de los hechos, que hay más disparos arriba que abajo. Al recrear el momento preciso en que se dieron los hechos, el trabajador del Nuit relata que la gente sí entró en pánico.
    “Muchos de los que estaban afuera se metieron para resguardarse, es lógico: escuchas balazos y ni modo que te quedes ahí. No: la gente corrió adentro del bar. Nosotros no les cerramos la puerta, abrimos la puerta los de seguridad para que la gente entrara y se resguardara”.

    Comenta que todo esto fue cuestión de minutos, dos o tres. “La gente salió por detrás porque no quería salir por el frente. Tenemos una atrás. Salieron por la puerta de atrás. En lo que llegaron las ambulancias, peritos, soldados, la judicial, ya todos, duró como una hora aproximadamente, cuatro y media, más o menos. De ahí nos fuimos como a las ocho de la mañana, pero ya fue dar declaraciones. Pero fue… no sé, wey, estaba raro”.

    –¿Tú crees que fue un ataque directo al antro, a una persona en especial?
    –Hay mucha comunicación entre nosotros, y como el mismo personal conoce a los clientes de vista, luego luego te preguntan, oye, ¿no sabes de esto? Pero no sabemos en realidad qué hagan. Obviamente que va gente que gasta mucho dinero, como en todos lados, gente que tú ni te imaginas que andan en algo. Pero nunca recibimos una amenaza ni nada.

    Respecto a este punto, en su visita la procuraduría para dar su declaración, Equis afirmó que las autoridades le explicaron que tenían información sobre una amenaza de que iban atacar un lugar.

    “Lo único que sí, es que fuimos a la Procuraduría, y eso sí se me hace una pendejada: los de la Procuraduría dicen que ellos ya habían recibido como una amenaza de que iba haber algo en un lugar público. Esto se me hace una estupidez.
    ¿Por qué no lo previnieron, por qué no pusieron seguridad en todos los lugares donde se encuentra mucha gente, por qué hacer eso?”, inquiere Equis.
    Afirma que en el momento de los hechos no había ni una sola patrulla, ni un solo elemento de seguridad. “Diario hay patrullas, no había ni una patrulla. No hay nada. Se supone que debe haber una patrulla afuera de un antro”.

    Equis comenta que si hubiera habido una patrulla en ese momento, “es muy raro que un cabrón se baje” y haga algo como lo que pasó. Detalla que no son cien los antros que hay en Colima, que son pocos y que nada cuesta poner una patrulla y un judicial, para proteger a las personas que concurren a estos sitios de divertimento.

    Agrega que la patrulla que no estaba ese día, tal vez se deba a que les toca “24 por 24, un día sí un día no”.

    –¿Es sospechoso que no haya estado una patrulla ese día precisamente?
    –No es sospechoso, lo que pasa es que así trabajan ellos: un día sí un día no, es la mamada del sistema ése que tienen.

    A pesar de los hechos cruentos que se registraron ese día, Equis asevera que no va dejar el trabajo que tiene, y espera que no esta semana, pero quizá la próxima, el antro vuelva abrir sus puertas.

    “Hay mucha gente que depende de ahí, quizá yo no, que tengo otra chamba. Pero todos los meseros y muchas personas más, es su única fuente de empleo. Yo siento, pues, por qué detenerte por pinche gente malosa”.

    Agrega que este hecho no sólo repercute de manera negativa en el antro que trabaja, sino también en los diferentes antros que hay en el municipio y la capital del estado. Según información de la Secretaría de la Juventud, un gran porcentaje de los jóvenes en Colima acuden a estos sitios para divertirse, aproximadamente siete de cada diez jóvenes.

    En su opinión, Equis considera, a lo que le han dicho algunos amigos, que se la van a pensar más de dos veces en acudir a un antro, por lo menos hasta que la situación se calme.

    “La gente está asustada. Mira: desgraciadamente, ahorita, ven de referencia al Nuit. Y les preguntas del Nuit y dicen que no van a ir, pero es en general, ¿eh?, o sea: ya no van a querer a ir a ningún antro”.

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