¡PURO CHILEEE!

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Por José Díaz Madrigal

A Jesús Robles Martínez le tocó nacer en Colima de pura chiripada, fue durante un agosto, cuando apenas hacía unos meses había estallado en el norte del país la segunda fase de la Revolución Mexicana. Hijo de un abogado tapatío, su familia vino a nuestra tierra por asuntos laborales; pero en ese tiempo los gobiernos locales duraban apenas un suspiro, así que pronto regresó ese grupo familiar a Guadalajara llevando en su haber a un nuevo miembro oriundo de Colima.

Hizo los estudios escolares en la capital de Jalisco y en la ciudad de México. Se graduó de la primera generación de ingenieros electricistas, en el Politécnico Nacional. Luego se desempeñó como profesor en esa misma institución, dejando como legado el lema del IPN: “La técnica al servicio de la Patria” que es de su autoría.

Fue de los maestros fundadores del SNTE y su tercer líder nacional, del cual ya no soltó la estafeta hasta 23 años después. Dando inicio con la etapa de los caciques en ese sindicato, poniendo y quitando a 8 líderes nacionales, que le servían para cubrir las apariencias, mientras él era el mero mandamás.

Era un hombre carismático y polifacético. Sin dejar el control del SNTE, fue también director de Banobras por once años consecutivos; nadie más le ha igualado ese marca. A la par de sus actividades políticas, con éxito desarrollo diversos negocios en la iniciativa privada, llegando a considerarse uno de los personajes más acaudalados de todo México, en la década de los setentas.

La primera vez que compitió para una curul federal, como una prerrogativa que tenía por ser un líder nacional, pensó en un distrito de la capital o de Jalisco; pero en sus documentos decía originario de Colima. El ingeniero replicó a los de su partido, oigan, no conozco a nadie de Colima. Mira, de todos modos ya avisamos a la oficina local del partido que tú eres el candidato.

Con aquel aspecto de tipo jovial, alegre y aliviando; llegó a Colima a empezar su campaña, visitando pueblos y rancherías. La gente de esos lugares asistía a los mítines del candidato como una forma de distracción y curiosidad; puesto que en la práctica iban a solicitar el voto, pero no regresaban por el rumbo. Así pues, mucha gente estaba hastiada de promesas incumplidas y de imposición de candidatos desconocidos. En aquel tiempo como ahora -pero hoy en día con mayor cinismo- hacía mella la corrupción.

Por tales motivos hubo una concentración de carácter chusco, en un poblado al norte del estado. Resulta que la persona encargada de organizar el recibimiento, había preparado con anticipación a un lugareño bien visto en la comunidad. Se le dió un acordeón en una hoja de papel blanco, para darle la bienvenida al candidato. El detalle es que ese día temprano se había echado unos tuxcas y cuando llegó la comitiva ya andaba medio jalado. El papel que le dieron, lo traía todo arrugado y no pudo leerlo. Terminó por hacerlo bolas y lo aventó hacia adelante improvisando el siguiente discurso.

Miren amigos, no me hacen falta bules pa’nadar. Me dieron ese papel pa’recitarlo, pero pa’decir verdades y pa’caminar no se ocupan muletas. Aquí está un señor dizque candidato, que bueno que nos visita pa’de una vez hablar a cuero pelado; porque nomás vienen a prometernos y no cumplen. Candidatos van y vienen, unos prometen los bueyes y otros las carretas. Y a ver digan ustedes -alzando la voz ante los asistentes- ¿qué nos han dado?

Se hizo un silencio momentáneo, de repente surgió la respuesta desde el fondo: ¡Puro Chileee!

Robles Martínez, avispado, alegre y también ocurrente, fue el primero que soltó una sonora carcajada. Luego todo mundo rió divertido aquella verdadera puntada. El candidato le dió un sincero abrazo al improvisado orador. Terminando por ser buenos amigos.

*Las opiniones expresadas en este texto de opinión, son responsabilidad exclusiva del autor y no son atribuibles a CN COLIMANOTICIAS.