¡PRUEBAS, PRUEBAS!

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AL DESNUDO

Por: Edgar Rodríguez

Por más que en Palacio Nacional y sus sucursales moradas se desgarren las vestiduras, el doble rasero ya no se puede ocultar. La 4T versión II —más fanática, más reactiva, menos eficaz— celebró con tambora judicial la sentencia de 38 años y ocho meses contra Genaro García Luna, exsecretario de Seguridad Pública, basándose en testimonios de criminales confabulados con el narco, devenidos en “testigos protegidos”. Entonces, bastaban los dichos. Hoy, que la justicia estadounidense voltea hacia sus propios círculos de poder, exigen pruebas, expedientes, sellos, traducciones certificadas… y si se puede, una disculpa oficial.

La presidenta con “a” —porque así lo exige la narrativa inclusiva, aunque no la sustancia del cargo— respondió como quien ya sabe que el agua les llegó a los aparejos: “No hay pruebas, son dichos, que el Departamento del Tesoro envíe la información, si es que la tiene… ni lo negamos ni lo aceptamos… simplemente no hay pruebas”.

Un clásico: la ambigüedad como escudo, la negación sin negar, el viejo arte de patear el bote institucional.

El problema es que el apretón de huesos vino fuerte y desde lo alto. El Secretario del Tesoro de EE.UU., Scott Bessent, no usó eufemismos: “Instituciones financieras como CIBanco, Intercam y Vector están permitiendo el envenenamiento de estadounidenses al mover dinero en nombre de los cárteles. Son engranajes vitales de la cadena del fentanilo”.

Una bomba directa al corazón del círculo empresarial más cercano al obradorismo. Y, por supuesto, saltó el nombre de Alfonso Romo Garza, exjefe de Oficina de AMLO, y patriarca de Vector. En automático, Sheinbaum y sus operadores digitales se alinearon: la defensa no fue jurídica, fue política. Los “bots buenos” hicieron lo suyo.

Pero esto no termina ahí. Viene lo más delicado: el factor Ovidio Guzmán. Extraditado, colaborador del gobierno gringo y, al parecer, con nueva vocación artística como cantante de verdades incómodas. En su tonada, según trascendidos, aparecen nombres y apellidos del lado mexicano, muchos con oficina, fuero y cuentas gruesas.

Y mientras Sheinbaum reclama transparencia y exige pruebas sobre las imputaciones que (aún no) han salido, olvida que Estados Unidos lleva décadas usando narcos como moneda de cambio judicial. Que no le sorprenda la película si ella misma se sentó en la función.

¿Y la justicia mexicana? Bien, gracias. En vez de actuar con iniciativa, prefiere esperar los nombres desde Washington para, entonces sí, fingir interés y patriotismo legal.

Se dice que…

*La CNBV no necesitó “pruebas” para intervenir en CIBanco, Intercam y Vector. Solo bastó un olfato agudo (o una llamada desde arriba) para garantizar que “el sistema financiero no colapsara”.

*Felipe Calderón, desde su retiro político y físico, sigue siendo el villano favorito de la 4T-II. Ahora también es responsable del desabasto de medicinas… por eliminar requisitos de planta en genéricos. Siete años después, nadie ha restaurado ese requisito. ¿Descuido, complicidad o simple ineptitud?

*Y mientras el país se cae a pedazos en seguridad, salud, vivienda y movilidad, los operadores políticos del régimen prefieren seguir culpando al pasado. La culpa es cómoda, lo que incomoda es gobernar.

*Para los buenos entendedores: La libertad de expresión no es un adorno de las democracias; es su columna vertebral. En una sociedad democrática, disentir, cuestionar y debatir no solo es legítimo, es necesario. La crítica fortalece a las instituciones, no las debilita, por más que algunos intenten presentar lo contrario. Callar voces incómodas o sancionar opiniones políticas no es proteger la estabilidad, es poner en riesgo las libertades más esenciales.

El derecho a opinar desde cualquier espacio es, en el fondo, el derecho a tener voz. Y en la vida pública —donde se toman decisiones que afectan a todos— ese derecho se vuelve aún más crucial. Cuando se persigue a periodistas serios, se acosa a medios serios o se castiga a quienes expresan posturas críticas, no solo se ataca a personas o instituciones, se ataca al principio mismo del debate democrático. La intolerancia frente a la crítica revela una democracia frágil. Defender la libertad de expresión es, en definitiva, defender el derecho de todos a participar en la conversación pública, incluso —y sobre todo— cuando incomoda.

PD. “Yo soy responsable de lo que escribo, pero no respondo por lo que tu entiendas…

*Las opiniones expresadas en este texto de opinión, son responsabilidad exclusiva del autor y no son atribuibles a CN COLIMANOTICIAS.