Por: Ángel Durán
El parque, conocido popularmente como “Jardín de los borrachos”, hoy luce en completo abandono; un espacio emblemático en la zona norte de la ciudad donde confluyen familias de las colonias cercanas y de otras partes.
Tiene árboles grandes y áreas verdes que, cuando están bien cuidadas, resultan muy agradables; sin embargo, por alguna razón que nadie explica, el Ayuntamiento de Colima se ha olvidado de su mantenimiento. Y el problema es claro, pero también lo es la solución: cumplir con la obligación básica de atender estos espacios públicos.

Esta administración municipal se ha caracterizado, lamentablemente, por el abandono de los parques y jardines.
Pareciera que el departamento encargado dejó de existir, o que simplemente no está funcionando.
Porque no se trata de grandes inversiones: bastaría con lo mínimo, con alguien que barra, pode, limpie, que le devuelva un poco de dignidad al lugar.
Ahí acuden familia enteras, personas que hacen ejercicio por las mañanas y tardes, grupos que se reúnen por las noches, como los Boy Scouts; sin embargo, hoy el parque refleja meses sin atención.
Las plantas que en algún momento fueron sembradas y lucieron bien por poco tiempo, hoy están secas. El descuido es evidente.
Este abandono no es menor; es un reflejo de la falta de compromiso institucional.
Vecinos han señalado que no es el único caso: la mayoría de los parques y jardines de la ciudad se encuentran en condiciones similares. Y eso resulta aún más grave cuando sabemos que existe presupuesto, que hay personal asignado y que hay un área responsable.
Entonces, la pregunta es inevitable: ¿por qué no se está haciendo el trabajo?
No hay justificación válida cuando se incumple con una función pública establecida en la ley.
El artículo 115 de la Constitución federal, junto con la Constitución del estado y la Ley del Municipio Libre de Colima, señalan claramente que corresponde al Ayuntamiento el cuidado y mantenimiento de estos espacios.
No hacerlo, no es solo una omisión; es una violación a los derechos de quienes habitan y utilizan estos lugares.
Porque cuando un parque se abandona, deja de ser un espacio de convivencia y se convierte en foco de infección, en un lugar inseguro, en un problema para la comunidad.
Se han hecho comentarios, peticiones, llamados directos al presidente municipal, Riult Rivera, y la respuesta ha sido nula.
Todo indica que no hay interés en atender este tema. Y eso preocupa, porque no estamos hablando de algo secundario: los espacios públicos son parte fundamental del tejido social.
Ante esta realidad, surge una alternativa que, aunque no debería ser así, pero ante el desinterés municipal, puede convertirse en solución: la organización vecinal.
Si la autoridad no cumple, la sociedad debemos empezar a actuar, poco a poco, convocándose para limpiar, rescatar y cuidar lo que es de todos.
No es lo ideal, porque la responsabilidad es del municipio, pero es una forma de no dejar que el abandono gane por completo.
Lo cierto es que cada vez se vuelve más evidente el incumplimiento de las autoridades municipales. Y este tipo de omisiones no solo afectan la imagen urbana, sino la calidad de vida de las personas.
Habrá que esperar que en algún momento se corrija el rumbo, ya sea en esta administración o en la que venga.
Porque los parques no deberían ser símbolo de abandono, sino de comunidad.
*Las opiniones expresadas en este texto de opinión, son responsabilidad exclusiva del autor y no son atribuibles a CN COLIMANOTICIAS.

