Por: José Díaz Madrigal
La población de Asís, cuna de San Francisco, se ubica geográficamente casi en el centro de la bota italiana y, a poco menos de cien kilómetros al sur se encuentra Greccio; pequeña comunidad de unos mil habitantes. En éste poblado justamente hace 802 años, se construyó el primer nacimiento Navideño; precisamente por San Francisco de Asís, para conmemorar la venida de Nuestro Señor Jesús.
San Francisco hizo el primer pesebre en Greccio en diciembre de 1223, porque deseaba vivir y mostrar la humildad del nacimiento de Dios hecho Niño. La idea le prendió tras regresar de una visita a Belén en Tierra Santa y, de esa manera quería que la gente sintiera la Navidad auténticamente, no sólo como una narración litúrgica sino que vieran y palparan seres reales. Para eso usó animales vivos; un buey, un burro y heno vegetal. Con el objetivo de rehacer con originalidad el pesebre de Belén.
Buscaba el Santo de Asís, imitar la sencillez del Niño Jesús, que nació sin lujos y además mostrar que Dios eligió el último espacio con techo de aquel lugar. Contrastando con eso, las jerarquías de rangos de las sociedades de todos los tiempos. Fue pues aquel, un acto de pura Fe, para sentir que la Navidad es alegría y sencillez entre familias y las comunidades de vecinos.
Durante los primeros tiempos de La Iglesia, por su condición de religión prohibida por el imperio romano; las festividades Navideñas se practicaban en la clandestinidad. No fue hasta que el emperador Constantino promulgó el edicto de Milán, cuando se dió luz verde y apareció la libertad de culto. Los Cristianos dejaron de ser perseguidos. Entonces la primera vez que se festejó públicamente el nacimiento de Cristo fue en el año 354
Volviendo a San Francisco, éste veía la temporada Navideña como el periodo de tiempo más alegre del año, puesto que es la fecha en que vino nuestro Salvador. Cuando hemos estado en peligro o situación crítica y alguien viene a echarnos la mano o salvarnos, el regocijo y alegría nos llena el corazón.
Sin embargo por algún motivo quizás oculto, esta temporada para ciertas personas se les acumula una especie de vacío, de soledad interior y no se dan cuenta de percibir la felicidad que se respira alrededor.
Cuantas veces notamos a gente que se observa indiferente al festejo, con miradas perdidas, de vidas que van y vienen sin un noble propósito. ¡cuantos traumas emocionales, añejas tristezas, desilusiones, sueños frustrados, tragedias, viejas añoranzas! Nadie, absolutamente nadie estamos exentos de eso. ¿Quién chingaos en el correr de la vida, no guardamos inconscientemente alguna de esa basura en nuestro equipaje?
Lo cierto es que la mayor parte de la vida, no está hecha de desastres. Vivimos casi siempre en la rutina del trabajo, en la repetición de eventos comunes, ordinarios. Esto es también parte de la felicidad, en hacer lo cotidiano, en afrontar las cosas simples y modestas con formalidad y, de algún modo esta responsabilidad nos hace fuertes para encarar traumas y tragedias que no faltan y que pueden llegar.
El miércoles próximo en esta misma semana, es Noche Buena. “Noche de paz, noche de amor. . . Todo duerme en derredor; sólo suena en la oscuridad, armonías de felicidad, armonías de paz” La letra de éste bello villancico, es de la autoría del sacerdote austriaco José Mohr, quien quiso expresar el sentido e íntimo sentimiento de esa noche.
Indudablemente en muchos hogares habrá música, baile, rica comida, bebida y regalos. Pero la verdadera alegría será contemplar a Jesús con el corazón, con la misma admiración gozosa de los humildes pastores; con la auténtica felicidad que nace del interior más profundo de hombres y mujeres de buena voluntad, por el enorme gustazo del nacimiento de Nuestro Salvador.
Para todos los lectores de esas humildes líneas: ¡Feliz Noche Buena!
*Las opiniones expresadas en este texto de opinión, son responsabilidad exclusiva del autor y no son atribuibles a CN COLIMANOTICIAS.

