Nací con jorongo mis amigos

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Entre libros y café

Por: José Luis Cobián León

Un día como hoy nació un servidor, y aunque a lo largo de mi vida mi bella familia me ha preguntado, si me cantan las mañanitas o el himno nacional, hoy quiero, gracias a la inspiración que fluyó por esa tregua entre las lluvias con el calor, que nos permitió disfrutar, aunque en breve, del descanso de la humedad balsámica de la tierra y la frescura del ambiente, decirles lo siguiente.

A los amigos, que aunque como decía Roberto Barrios Paniagua, la amistad no se agradece, se corresponde, hoy quiero agradecer y corresponder a los que me han acompañado a lo largo de mi vida y que han sido fuerza en mi andar, entre ellos, el director de este medio y su respetable padre, pero mencionarlos a todos, gracias a Dios, no me alcanzaría la columna.

Decirles, que hoy, al observar las fotografías sin retoque del álbum de mi vida, escuchando los retazos de conversación, risas y tristezas, entre ustedes, mis amigos, en esas breves reuniones en las que celebro verlos en el plenilunio de sus vidas, porque los mejores años no fueron, son ahora, por lo que con la lucidez de los años comparto que el amor y la amistad es la luz de las ilusiones y de los sentimientos.

Entonces estimados lectores, amigos, disfrutemos de este mes y olvidémonos por un momento de la modorra habitual, cambiemos el traje de oficina por el sarape o jorongo, reunámonos en familia, con amigos y realicemos, porque no, una rica velada, con antojitos, acompañados de unos ricos tequilas, aguas frescas o la bebida de su preferencia.

El Maelström

Dejando discurrir el tema, en el archipiélago de Noruega existe un gran remolino llamado Maelström, en el que se inspiró Julio Verne y Edgar Allan Poe, este último tituló un cuento “Un descenso al Maelström”, en el que describe un mar enfurecido y encrespado capaz de devorar todo, incluso, robar el espíritu de los marineros tan solo con sus rugidos, provocado por ese vértice que llega hasta las profundidades.

Actualmente estudios aseguran que el gran remolino Maelström y otros más alrededor de él, se forman cuando las fuertes corrientes se unen, asimismo, por la amplitud de las mareas. Algo muy lógico, sin embargo, mantengo mis reservas sobre el asunto, porque los científicos hasta nuestros días, muchas veces, niegan lo que es y explican lo que no es: ¿tendrán algo de científicos, muchos de nuestros políticos?

El tópico, el tema, el asunto, lo gastado aquí, es nuestra ciudad, donde pareciera que varios Maelströms se forman en muchas colonias cuando llueve. En algunas partes, aún, siguen las bajantes de agua, que como lenguas se extienden por toda la ciudad, perforado las carreteras y calles, donde una llanta clavada en el pavimento muestra un bache, mostrando un panorama desolado.

Pero a estas fechas, quizás no sea tan malo, porque cuando quiero ir a explorar con mi hija, no es necesario viajar hasta Noruega, para conocer el gran remolino y su descomunal estruendo, el Maelström, porque basta solo ir a pasear por la ciudad, para observar ríos, lagunas, nacimientos de agua, cataratas, toboganes naturales de la 16 de septiembre o la Venecia, a espaldas de Soriana, entre otras tantas posibilidades.

Lo que me lleva decir, ¡que bonito es Manzanillo! pero antes, no después de la lluvia. Quizás sean vagas conjeturas personales, pero en el estado, como en el municipio, desde antaño nuestras autoridades, aunque alabadas y astutas, pero nada más. No han mostrado método en sus procedimientos, excepto el método del momento. Tapar aquí, allá, para salir al paso, pensando quizás “al que tome mi estafeta que siga por los siglos de los siglos”.

No es mi intención llevarme el título como presidente de la cámara de la negatividad y el pesimismo, porque no todo es malo, sin embargo, es necesario demandar por medio de misivas a nuestros representantes que alguien rompa las diferencias, entre el que se va y el que se queda, para que den continuidad a planes de crecimiento sostenido y que la ciudad ya no parezca un navío a la deriva.

Hace días, le preguntaba Juanito a su papá, -Papi quiero cruzar al otro extremo del Crucero de Mina, pero no puedo porque hay muchos camiones y sin embargo veo que hay gente del otro lado. ¿Cómo le hicieron ellos para pasar padre? –Hijo, ellos nacieron allá. Para que no quede nada en el tintero, [email protected]

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