Por: José Díaz Madrigal
La madrugada del 7 de octubre del año pasado, el grupo terrorista Hamás llevó a cabo un ataque sorpresa contra el pueblo judío. Ese día quedará marcado como el más negro que ha vivido el Israel moderno, en sus 76 años de existencia. Fue aquel día un sábado, que para los hebreos es festivo y sagrado; cuando las familias hacen planes para pasar un rato juntos en los hogares, o también ir a la sinagoga y reunirse con los amigos.
Fueron más de 1200 hombres, mujeres y niños los que masacraron en un ataque relámpago; con el puro propósito de sembrar el terror. Luego de esa matanza indiscriminada, los matones palestinos tenían la orden de su enloquecido jefe Sinwar; que a semejanza de los legendarios Sioux que ponían sobrenombres a sus jefes según su aspecto físico, tal como Toro Sentado o Caballo Loco; del mismo modo a este jefe palestino le viene a copas el apodo de Perro del Mal y, no es mentira, sólo basta con observar la foto de esa fiera desalmada para entender el adjetivo. Pues el tal Sinwar dió la indicación de secuestrar el mayor número de personas, para después usarlos como chantaje contra el gobierno israelí.
Entre las personas secuestradas estaba el joven mexicano Orión Hernandez, quien había asistido a un festival de música llamado: Concierto por la Paz, que por paradojas de la vida, resultó todo lo contrario. El paisano de 31 años era productor y organizador de fiestas, con una profunda pasión por la música. Ninguna vez se le volvió a ver, lo mataron en cautiverio los pistoleros de Sinwar.
Lo que ha ocurrido hoy nunca se había visto en Israel -dijo el primer ministro Benjamin Netanyahu- me aseguraré de que nunca vuelva a ocurrir, Hamás ha empezado una guerra malvada y cruel. Ganaremos, pero el precio será alto.
Horas más tarde pasado el shock inicial, el ejército israelita emprendió el bombardeo de la Franja de Gaza, con el fin de acabar con Hamás. Ese día la mayor parte de países del mundo libre, de inmediato expresaron la solidaridad con Israel; sin embargo los iranies, habituales aliados de Hamás y otros grupos terroristas, se congratularon por el ataque.
Un día después de la cobarde agresión contra Israel, Hezbolá, la otra agrupación terrorista auspiciada por Irán, igualmente empezó con ataques al estado hebreo, pero por el norte, en mera ayuda para Hamás. Lo han seguido haciendo desde aquel día, obligando a casi 100 mil israelitas a dejar la zona norte del país.
En septiembre pasado se recrudecieron las hostilidades en esa zona. El día 27 de septiembre, ni siquiera hace un mes, los judíos lanzaron un ataque con bombas perforadoras de bunkers en la capital libanesa, Beirut. Cayeron donde según informes se encontraba el cuartel general de Hezbolá. Murieron varias personas en la explosión, entre los muertos se encontraba el no menos maligno Hasán Nasrala. Quedando decapitado ese siniestro grupo terrorista.
En la actualidad la guerra continúa, en el norte los judíos luchan contra Hezbolá y por el lado suroeste combaten a Hamás. Desafortunadamente la mayoría de muertos la ha puesto la población civil, y de estos, la peor parte la han llevado los gazatíes; pero con una fatídica obsesión, no quieren liberar al resto de rehenes que tienen retenidos.
El miércoles de la semana que terminó, durante un patrullaje de rutina, las tropas israelitas se toparon con algunos terroristas escondidos en un edificio. Los soldados luego de revisar con la cámara de un dron, hicieron disparos de artillería contra el edificio que se derrumbó parcialmente. Un día después los soldados ingresaron al edificio en ruinas, dándose cuenta que uno de los terroristas muertos era el mismísimo Sinwar.
Abatido el funesto líder de Hamás, queda sin cabeza visible esa pandilla de asesinos al igual que Hezbolá. El monstruo Sinwar fue quien provocó la guerra más sangrienta del Israel contemporáneo. Ésto ha sido un logro militar y moralmente significativo para el pueblo de Israel y una victoria para el mundo libre, frente al eje del mal que representa el Islam radical liderado por Irán, dijo un alto funcionario judío.
Fue chiripada, un momento de buena suerte haberse echado al plato al multiasesino Sinwar. -Que se vaya al infierno- comentó una mujer palestina, dolida por tanta mortandad y destrucción. Otro dijo: ese hombre alguna vez fue bebé, niño y tuvo una elección y eligió el mal. Eligió la maldad.
Una vez eliminado el obstáculo llamado Sinwar, se vislumbran muchas posibilidades de que pronto termine la guerra; puesto que el difunto criminal se oponía a todo tipo de acuerdos. Éste enemigo de la paz ya no puede hacer daño. Bien lo dice un conocido refrán mexicano: muerto el perro se acaba la rabia.
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