Por: Ángel Durán
La imagen de una colmena vibrante, llena de vida y movimiento, está desapareciendo silenciosamente en Colima.
Lo que antes era un zumbido constante y vigoroso en las huertas, ahora se ha convertido en un eco intermitente, frágil y quebrado.

Las recientes muertes masivas de abejas documentadas en el reportaje de Meganoticias no son un hecho aislado: representan una alerta ambiental, económica y alimentaria de primer orden para el estado.
Las abejas no son solamente productoras de miel; constituyen, junto con otros polinizadores, el cimiento invisible de la seguridad alimentaria y del equilibrio ecológico.
De ellas depende más del 70% de los cultivos que sostienen nuestra dieta. Sin embargo, su muerte de forma masiva es alarmante.
En Colima, los apicultores han documentado pérdidas súbitas de colmenas enteras, con miles de individuos muertos en cuestión de horas, muchas veces sin posibilidad de rescate o recuperación.
En primer lugar, el uso indiscriminado de pesticidas de alta toxicidad —particularmente neonicotinoides y otros agroquímicos de amplio espectro— sigue siendo una de las causas directas de envenenamiento masivo.
Las aplicaciones sin control técnico, sin avisos previos y sin criterios de mitigación generan verdaderas nubes tóxicas que, al caer sobre las flores, se convierten en trampas letales para las abejas.
En segundo término, la pérdida acelerada de hábitat resulta devastadora. Zonas que antes ofrecían floración diversa, sombra y agua hoy se transforman en superficies áridas, urbanizadas o uniformemente cultivadas con monocultivos que no ofrecen alimento suficiente a lo largo del año.
Las abejas, al no encontrar fuentes continuas de néctar ni refugio, debilitan sus defensas y se vuelven más susceptibles a enfermedades y parásitos.
A ello se suman los efectos del cambio climático: sequías prolongadas, lluvias irregulares y temperaturas extremas alteran los ciclos naturales de floración y reducen drásticamente la disponibilidad de recursos.
En este escenario, las colmenas sobreviven apenas, agotadas por la falta de condiciones mínimas para prosperar.
La apicultura colimense, que por décadas ha sido una actividad noble y resiliente, se enfrenta hoy a pérdidas millonarias.
Pero el daño va más allá del sector apícola: afecta directamente a productores de coco, plátano, limón, papaya, mango y otros cultivos estratégicos para la región.
Sin polinización, la productividad agrícola cae de manera inevitable, reduciendo calidad, volumen y competitividad.
No se trata, pues, de un problema aislado de los apicultores; es una crisis ambiental que involucra a toda la sociedad.
Cada colmena perdida es un recordatorio de que el equilibrio ecológico está siendo vulnerado y que las consecuencias pueden ser irreversibles si no se interviene con firmeza.
¿Qué hacer? Se requieren medidas integrales: regulación efectiva del uso de pesticidas, calendarios de aplicación con notificación obligatoria, zonas libres de agroquímicos alrededor de apiarios, incentivos para prácticas agrícolas sostenibles, formación técnica a los productores y campañas permanentes de sensibilización.
También urge fortalecer la vigilancia ambiental y sancionar a quienes incumplan las normas que protegen a los polinizadores.
La historia que muestran las imágenes del reportaje no debe quedar en una anécdota dolorosa. Es un llamado urgente a la acción colectiva. El silencio de las colmenas es el preludio de un vacío que no podemos permitir.
Defender a las abejas es defender la vida misma; es garantizar que Colima siga floreciendo, que sus campos sigan produciendo y que las futuras generaciones puedan heredar un territorio fértil, sano y digno.
Autoridades federales, estatales y municipales son quienes tienen la competencia para resolver esta problemática que afecta a todo un ecosistema, ojalá se sumaran: la sociedad, colegios de abogados para asesoría, investigadores y gente interesada en este tema, como las asociaciones civiles, para ayudar a mitigar el impacto y rescatar la apicultura y evitar en el futuro, la muerte masiva de la abeja.
*Las opiniones expresadas en este texto de opinión, son responsabilidad exclusiva del autor y no son atribuibles a CN COLIMANOTICIAS.

