FMP: En el Gobierno de Silverio Creció la Delincuencia

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    En su columna «A Propósito» que publica hoy el Diario de Colima, el ex rector señala que «No comparto la idea de que la delincuencia y la inseguridad se deben combatir con boletines de prensa y mucho menos se resuelven con explicaciones.

    Durante el sexenio 1991-1997, un sexenio anterior al mío, hubo en Colima más de 50 secuestros. En noviembre de 1997, al asumir la gubernatura, reconocí y acepte esa realidad, las estadísticas y la percepción de la gente y los hechos coincidían: la gente estaba atemorizada con tanto secuestro.

    Durante mi gobierno, la gente sintió el cambio, porque veníamos de un periodo de muchos secuestros, y cuando dejé la gubernatura, el saldo fue de 5 secuestros en 6 años, se redujeron al mil por ciento, y no únicamente eso, todos los secuestrados regresaron con vida y sólo en un caso se pagó rescate.

    Durante mi gobierno se procesó a más de 160 secuestradores, se detuvo a quien secuestró al hijo de Vicente Fernández; al que secuestró también a un japonés director de la Sony en Tijuana; muchos secuestradores perdieron la vida en enfrentamientos con la policía. En el secuestro de una familia de Comala fueron rescatados y se detuvieron 9 secuestradores en Nueva Italia, Michoacán; se aprehendió a cuatro personas que secuestraron al profesor Torres; se detuvo a quienes secuestraron al señor Toscano en Armería, y cuando pretendieron secuestrar a cuatro empresarios por el rumbo de Villa de Álvarez, en menos de una hora fueron rescatados, sanos y salvos, en la balacera perdieron la vida algunos de los secuestradores.

    Durante mi gobierno se decía que la gente le tenía miedo al doctor Sam López, ahora toda la gente les tiene miedo a los delincuentes y éstos ejecutan policías y militares, y no únicamente ciudadanos.

    Se decía que el procurador tenía mal carácter y que era muy duro, pero mantuvo al estado seguro, porque ese fue el compromiso que asumimos y lo acreditamos en los hechos y además, porque nunca buscamos ni estadísticas, ni premios de dudosa procedencia, siempre nos interesó que la gente nos evaluara en los hechos y no en el boletín de prensa o en la entrevista radiofónica.

    En el sexenio que recién terminó, la gente notó el cambio, pasó de un Colima seguro a un estado inseguro, donde por primera vez en la historia de Colima, hubo decapitados, balaceados en los centro comerciales, ejecutados a la luz del día y levantados en cualquier día de la semana.

    En materia de secuestros, en el sexenio de Silverio Cavazos se incrementaron de manera notable, pues en 2008 hubo cuatro reconocidos y aceptados porque al parecer se pidió rescate y se registraron como tales, pero hubo muchos levantados que nunca aparecieron y que esos no están en la cuenta oficial, porque al no haber rescate de por medio, no se consideraron secuestros, sino levantados.

    El error de la anterior administración es que nunca quiso aceptar la realidad de la inseguridad y la violencia en Colima y cada que había delitos como secuestros, ejecuciones o hechos violentos, presumían estadísticas y reconocimientos “patito”, y así pretendieron combatir la inseguridad y crear una percepción ajena a la realidad.

    La delincuencia se combatió desde los medios de comunicación, pero eso contribuyó a que la inseguridad creciera y a que la violencia estuviera presente en las casas, en las calles y en las ciudades.

    A los periodistas que alababan las estadísticas y los premios, se les pagaba muy bien, pero a los policías se les pagaba muy mal, lo cual era lógico, pues el gobierno combatía a la delincuencia a periodicazos y con entrevistas de radio.

    En las primeras planas de los medios pagados se resaltaba que éramos el estado más seguro, y en las páginas de la nota roja se publicaba la realidad: delitos, delincuentes y hechos violentos, llenaron más de una página en cada periódico, los propios medios los desmentían.

    He revisado la nota roja y debo reconocer la eficacia de las autoridades para detener presuntos delincuentes en el último año del sexenio que termina, pues se detuvieron tres o cuatro personas por día, por diferentes causas o delitos, en promedio 1,300 al año presuntos delincuentes fueron detenidos. Ante este hecho, pregunto: ¿dónde están?, ¿En que cárcel los metieron?, si ese es el promedio al año de detenidos según lo publicado en los periódicos: ¿dónde cupieron todos?, pero ese es otro tema.

    No únicamente se incrementó el delito, sino que éste se ejecutó con más violencia, y además, la población se atemorizó más al ver que ni los policías estaban seguros, porque también los desaparecían.

    Pero el gobierno respondió siempre con justificaciones y argumentos baladíes y el problema es que se siga por ese mismo camino.

    Son de fuera, se dice siempre, pero se ejecutan aquí, en Colima. Son ajustes de cuentas, pero aquí se ajustan las cuentas, afuera de las escuelas, en las plazas públicas, a la vista de todos, aquí se les ejecuta, aunque sus familiares les lloren en otros lados.

    Siempre se argumenta que son de Michoacán y se publica hasta el árbol genealógico para justificar que son de fuera, pero aquí viven, aquí tienen sus actividades, aquí tienen sus domicilios, aquí tienen sus hijos, aquí andan de juerga, de compras y hasta de vacaciones, y aquí se comete el delito.

    Justificar que son ajustes de cuentas o que son de fuera, no disminuye la violencia y la inseguridad, por el contrario, surgen las preguntas: ¿por qué los ejecutan aquí? ¿Por qué se ajustan aquí las cuentas?

    Dice una diputada que Colima es un estado seguro y que hay seguridad para ajustar cuentas. A lo mejor los que ajustan las cuentas se sienten seguros, porque se encuentran los vehículos en que huyen pero nunca agarran a ninguno.

    Tiene razón la diputada: es seguro de que no los agarran.

    Otros hablan de poner retenes y la diputada dice: “Pero que los retenes no asusten a la gente”. No, diputada, quienes asustan a la gente son los delincuentes y los delitos, no los retenes. Además, los puros retenes no resuelven el problema.

    Un flamante funcionario declaró que van a poner más cámaras de seguridad, y el presidente de los padres de familia dice que se compre un seguro para los escolares. Eso no evita el delito, el seguro no protege de las balas a los niños, ni a los adultos.

    No. El problema es que no se acepta la realidad. No se quiere reconocer desde el poder, que Colima ya no es un estado seguro y se sigue afirmando que Colima lo es y la estrategia oficial que se implementa es para un estado que se siente seguro, no para un inseguro, como es el caso.

    No es vergonzoso, ni motivo de demérito, reconocer que la inseguridad es una realidad; lo que resulta vergonzoso para la autoridad es que la delincuencia crezca, y demérito es no implementar las medidas adecuadas.

    El sexenio anterior nos quiso vender siempre una sociedad tipo foxilandia, donde todos vivían felices, seguros y contentos, por tener un gobierno de diez y donde era más importante comprar premios que armamento para la policía, si hasta las patrullas las compraron fiadas, pero eso sí, los primeros lugares y los premios los compraban de contado.

    En lo que va del año 2009, se han cometido en Colima nueve feminicidios, cifra que no tiene precedente en la historia de Colima; no voy a enumerar los incontables delitos cometidos en los últimos cuatro años y los del primer mes de este gobierno.

    Durante los primeros días del inicio de mi gobierno, el tema era las madres de la libertad afuera de palacio; durante este primer mes de gobierno, el tema es los ejecutados en las calles, porque eso es lo que hereda Silverio Cavazos a la actual administración: un estado inseguro y si el creador de la foxilandia colimense ya no gobierna, la realidad se impone y la violencia se hace evidente.
    Aunque las justificaciones son las mismas “Son de fuera, son ajustes de cuentas y son hechos aislados”, y eso es cierto: uno fue afuera de la escuela Tipo; un militar en el Trapiche; dos en el poblado Los Limones; un degollado en Manzanillo.

    Tienen razón: son hechos aislados, no fueron en el mismo lugar ,y así fue durante el sexenio que recién terminó.
    Sé que los periodistas a sueldo, así como los defensores de la indefendible foxilandia colimense, me van a combatir, pero quiero dejar las cosas en claro: lo que más le conviene a Colima es que combatan a la delincuencia y a la inseguridad.

    Fueron eficaces para inventar premios, pero ineficaces para brindarles seguridad a los colimenses.

    No es una critica particular o una acusación directa contra alguien, no, únicamente es pedir que se acepte la realidad, y es cierto en este tema nos afecta la vecindad con Michoacán y Jalisco, así como que el puerto de Manzanillo es el eje económico de la entidad y que por las instalaciones portuarias llega y sale mercancía producto del narcotráfico.
    Es cierto, el país cada día es más violento, entonces: ¿por qué no aceptamos que Colima no es una isla? …

    VER NOTA COMPLETA..EN DIARIO DE COLIMA:

    http://www.diariodecolima.com/opinion.php?var=3799

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