VENTANA POLÍTICA
Por: Guillermo Montelón Nava
Acorde a su o su origen y a su genética política, quienes conforman la cúpula de Morena ya comenzaron muy anticipadamente su proceso de autodestrucción y, muy probablemente, a la conformación de lo que pudiera ser un nuevo partido o un nuevo movimiento. Recordemos que esta forma ambiciosa de poder está en sus genes bajo el disfraz de corriente democrática cuando abandonaron el PRI, en las tribus cuando conformaron el PRD y en la indisciplina, así como en la voracidad por el poder, cuando abandonaron el sol azteca y fundaron Morena. En esencia son los mismos rijosos, ambiciosos y violentos. Así que no esperemos que se investiguen los abusos de poder denunciados.
La variante ahora es que los liderazgos no solo están más dispersos, son más abundantes los grupos y se ha agravado su enfermiza ambición por el poder, al grado de que en algunos municipios del país han llegado a las expresiones más violentas como es recurrir al asesinato de competidores, aunque fueran de su propio partido.
Y ahora, tenemos una variante que es aún más delicada, pues las dos figuras políticas más relevantes en el congreso de la unión como son Ricardo Monreal y Adán Augusto López, llegan al grado de actuar políticamente obedeciendo más al obradorato que a la nueva presidente Claudia. Ella, quien debilitada como está por su frágil legitimidad luego de haber sido impuesta por López Obrador, muestra su incapacidad para capitalizar la votación que le favoreció y desaprovecha su propia investidura presidencial, debido a la falta de carácter y por la demasiada sumisión a su manipulador, quien no solo le impuso a la mayoría de su gabinete y le dejó al hijo Andy López Beltrán como cuña de presión, junto con otros incondicionales, sino que sigue tomando decisiones para premiar a corruptos como el ex gobernador de Chiapas o marcando una estrategia que le garantice plena impunidad frente las múltiples denuncias de actos de corrupción contra muchos de sus allegados, incluyendo a sus hijos y amigos de estos.
Desde luego, con este escenario lo que comenzamos a observar es que se agudizan los efectos de un gobierno débil, incapaz y sin el poder suficiente para mantener el control, no solo en la gobernanza misma, que sería lo prioritario, sino en otros aspectos como es el control del partido y de los propios grupos que internamente han comenzado a formarse con miras futuristas, tanto para los comicios del 2027 como para los del 2030; tal es el caso de Monreal y Augusto, especialmente este último, quien actúa obedeciendo más a Obrador que a la presidente Claudia. Recordemos que Ricardo Monreal tuvo con AMLO varios roces y lo marginó en algunos de los proyectos que tenía el zacatecano, igual que lo hizo con Marcelo Ebrard en sus aspiraciones presidenciales.
Esta confrontación que Claudia trata de minimizar, no quedará un supuesto acuerdo de unidad, pues lo que hay de fondo no son simples declaraciones, sino denuncias formales que ya se presentaron y, si bien ambos tienen largas colas por corrupción y tráfico de influencias, el personaje que aparentemente podría salir más perjudicado es Monreal, de ahí que desde hace mucho él venga trabajando en la conformación de un grupo que le apoya incondicionalmente, mismo que luego de las acusaciones de Adán Augusto salió en su defensa aunque, a decir verdad, frente al poder de los dueños de morena, no tendrán la fuerza suficiente para salir airosos, de ahí que: o Monreal radicaliza sus posturas o termina por doblar las manos.
Lo grave para el país es que en lugar de avocarse a cumplir con sus responsabilidades y su funciones, en morena se dedican a hacer futurismo, a conformar sus propios grupos y a buscar que sus fechorías o las de sus amigos queden impunes, protegiéndose entre sí o favoreciendo a los nuevos corruptos cercanos. Mientras tanto siguen con su proyecto destructivo de las instituciones y del orden constitucional con miras a tratar de consolidar un régimen autoritario, desatendiendo los temas fundamentales y estructurales del país, pues aunque pareciera que en materia de seguridad comienzan a dar resultados, la realidad es que estamos muy lejos de apreciar una estrategia efectiva que pueda atender el problema de manera general.
Así que mientras tengamos a una presidente sin la capacidad, la determinación y sin la fortaleza necesaria para asumir como debiera su investidura presidencial, no sólo tendremos un gobierno débil y frágil frente a los embates exteriores que se avecinan, sino a un régimen que en su propia voracidad y supuesta fortaleza encontrará su debilidad y el camino a su autodestrucción. Veremos si son capaces de reaccionar a tiempo, aunque ello les deberá obligar a pensar más en el país que en sus proyectos personales, porque la sociedad ya les está tomando la medida y muy pronto no habrá “programas sociales” ni billones de pesos suficientes para comprar votos y conciencias. Lo que se impondrá será la cruda realidad.
*Las opiniones expresadas en este texto de opinión, son responsabilidad exclusiva del autor y no son atribuibles CN COLIMANOTICIAS.

