Bitácora reporteril
Por: César Barrera Vázquez
La reforma al Poder Judicial y su consecuente elección es, en una analogía simple, como haber inventado la rueda cuadrada: México es el único país del mundo que hace algo así, y que en la práctica resultará tan inútil como empujar una carretilla con ruedas cuadradas.
Sí, el Poder Judicial requería una reforma, sobre todo en materia de acceso a la justicia y modernización. Pero lo que se hizo representa una regresión. Se afectará gravemente la certeza jurídica y la impartición de justicia, sin haberse mejorado aspectos esenciales como la justicia alternativa o la infraestructura para implementar la reforma civil.
Y es que, oigan, ¿qué puede salir mal con elegir a jueces, magistrados y ministros por voto popular? Respuesta: basta ver a la clase política que ya elegimos. La democracia no es el mejor régimen, es el menos peor, pero eso no significa que debamos aplicarla a todo. La selección de juzgadores debería basarse en el mérito, no en el oportunismo político-electoral.
Porque lo que queda de democracia en este país, cada vez se parece más a los regímenes dictatoriales donde el poder se concentra en una sola persona y un solo partido. No olvidemos que en Rusia, Cuba, Venezuela, Nicaragua e incluso Irán también hay elecciones. También las hubo durante el priismo imperial.
Bien lo advirtió Giovanni Sartori: el mayor peligro para una democracia es otra que se proclama como la verdadera democracia, pero que termina destruyéndola. Eso es lo que ocurre con el actual INE, que hoy se supedita a los designios del Ejecutivo y funge como una oficialía de partes, igual que en los tiempos en que Gobernación organizaba las elecciones. Más de 30 años costó dar legitimidad a los procesos electorales, veremos cuánto duran ahora en perderla.
Sin contrapesos, sin división de poderes, sin instituciones que garanticen derechos o frenen el abuso de poder, lo que viene es el regreso del autoritarismo. Ya lo estamos viendo en Campeche, donde gobierna Morena: el periodista González Valdez fue vinculado a proceso el pasado 13 de junio, acusado de incitación al odio y calumnia contra la gobernadora Layda Sansores.
La ofensa, el insulto y la apología del delito no están protegidos por la Constitución. Pero sí lo está la crítica sustentada y relacionada con temas de interés público. Veremos en qué termina el caso González Valdez y qué dicen Artículo 19 o Reporteros Sin Fronteras. Pero que quede en el anecdotario: aquí en Colima, hubo un columnista que calificó de homosexual a un gobernador priista con lenguaje homofóbico, y ni siquiera hubo una demanda civil, como era procedente. Claramente, vivimos los tiempos de la rueda cuadrada, en la era de la Cuarta Transformación.
Dos puntos
Qué bueno que la presidenta Claudia Sheinbaum y la gobernadora Indira Vizcaíno estén impulsando obras como los pasos elevados en el Tercer Anillo o la ampliación de la carretera Manzanillo-Colima. Sólo no se olvide que en el gobierno de AMLO no se hizo ninguna obra trascendente, como sí ocurrió en los gobiernos neoliberales: Calderón construyó los entronques Cortés y el Complejo Administrativo; Peña Nieto, el paso a desnivel en el Tercer Anillo y túnel ferroviario que sacó al tren del centro del puerto. Sheinbaum, siguiendo ese buen ejemplo, ya está haciendo lo suyo. Se le reconoce y se le agradece por no ser como AMLO.
*Las opiniones expresadas en este texto de opinión, son responsabilidad exclusiva del autor y no son atribuibles a CN COLIMANOTICIAS.

