Por: José Díaz Madrigal
Era una maestra de tez blanca, baja de estatura y de cara bonita. Tenía a cargo la clase de Historia en la secundaria; agradable y divertida. De vez en cuando nos contaba cosas que le pasaba en otros salones. En cierta ocasión platicó de cuando estaba explicando, de como un cajón estibado sobre otro, hacía más fácil el traslado de mercancías desde la antigüedad. Esa vez pasó a un alumno al pizarrón y cuando iba a escribir la palabra cajón, el muchacho no se acordaba sí era con “G” o con “J”. Olvidadizo ese alumno, terminó por escribirla con “G”. . .
Uno de los temas históricos que de lejos se veía que le gustaba a la guapa profesora, eran los relacionados con La Segunda Guerra Mundial. Sobre todo cuando se conformó el bloque de Los Aliados.
La Segunda Guerra Mundial inició el 1° de septiembre de 1939, sin embargo no fue sino hasta 1942 en que llegaron los primeros contingentes norteamericanos a suelo europeo, consolidando con éste hecho el frente aliado; para combatir a los aguerridos teutones, que tenían en su dominio la mayor parte de países del viejo continente.
Bien pronto la flota estadounidense empezó a controlar el Atlántico y el Mediterráneo. Al siguiente año en 1943, más de dos mil buques aliados desembarcaron en la isla de Sicilia, en el sur de Italia; con el propósito de preparar la invasión a la Italia continental. En septiembre de ese año se dió el brinco, haciendo cabeza de playa en Salerno, a 50 Km. De Nápoles.
Una vez en la parte continental de la península, el ejército aliado pensaba que iba a ser fácil su camino en dirección norte; pero los alemanes curtidos en fieras batallas y aunque con menos soldados en el terreno, hicieron miles de bajas a los aliados.
Cuatro meses después del desembarco en Salerno, ya en 1944 llegaron a Montecasino. El grueso de las fuerzas armadas aliadas, eran de nacionalidad estadounidense. Lo malo para el pueblo italiano que a esas alturas del conflicto ya no querían queso para sus pizzas, sino salir de la ratonera, fue que los gringos para vencer la dura resistencia germana; sin ninguna consideración por las pérdidas humanas y materiales, bombardearon indiscriminadamente los puntos que creían de peligro para sus soldados.
El resultado fue un castigo inaceptable a las bellísimas ciudades italianas y sus preciosos monumentos antiguos, tal como el monasterio de Montecasino, que fue totalmente destruido por la aviación norteamericana. Los italianos de por sí gritones, al ver tamaña bestialidad que hicieron con el querido monasterio; trinaban de coraje contra los gringos, pues no había una justificación militarmente estratégica para su destrucción.
La abadía de Montecasino se encuentra en la cima de una mediana montaña, más o menos a la altura que nuestro cerro de La Cumbre aquí en Colima. Fue fundada por San Benito en el año de 529, es decir, dentro de 4 años va a cumplir 1500 años de su creación.
Hace apenas unos días en éste mes de octubre, un grupo de colimotes como en los tiempos ya idos, nos pusimos la concha de peregrinos y tuvimos la oportunidad de conocer Montecasino. Fuimos invitados y atendidos amablemente por el abad encargado de ese hermoso lugar, el Padre español Jordi-Agustí Piqué, que había estado aquí en Colima cuando fue la Consagración del Santuario de San Juan Pablo II.
Él personalmente vestido con sus hábitos de monje benedictino, nos hizo el favor de ser el guía en el recorrido por toda la abadía. Nos explicó porque Montecasino es el lugar más emblemático de la tradición de los benedictinos en el mundo y es además San Benito, el Santo patrono de Europa. De hecho 16 papas de La Iglesia Católica han llevado el nombre de Benedicto, en honor de San Benito que es quien representa las raíces Cristianas de la civilización europea.
A pregunta expresa acerca de la destrucción en la Segunda Guerra Mundial, el Padre Jordi contestó: un general alemán, gentilmente informó con anticipación del plan de los aliados de bombardear Montecasino. Entonces los sacerdotes encargados hace más de 80 años, se empeñaron en realizar una documentación fotográfica de todo el monasterio, también en 150 camiones de carga se enviaron al Vaticano para su resguardado, todas las obras de arte que se habían acumulado en cientos de años. Aclarando que de los 150 camiones, sólo uno se perdió. Los americanos como que nomás estaban esperando a que saliera el último camión y empezaron a dejar caer las bombas con sus aviones, fueron más de mil toneladas de explosivos los que acabaron con Montecasino.
La reconstrucción de la abadía se llevó a cabo, de acuerdo al respaldo fotográfico. Todo ésto hecho por una numerosa familia de obreros italianos que trabajando poco a poco de forma artesanal, tardaron 20 años en terminar el nuevo monasterio. Apunta el Padre Jordi, yo creo que en la actualidad ya no existe este tipo de mano de obra especializada. Nos siguió contando: todo el costo de la nueva abadía, fue pagado religiosamente por los norteamericanos, tal pareciera como que les pesó mucho en su conciencia esa infame destrucción, pero ellos jamás pegaron una piedra.
Cuando la maestra de secundaria Irma Yolanda, que así se llamaba, a propósito de la destrucción de Montecasino por los estadounidenses comentó: con esta clase de ayudas, mejor no me ayudes compadre.
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