Por: José Díaz Madrigal
En una antología de literatura universal, existe la historia de un famoso autor conocido por sus escritos escandalosos, negativos; provocadores de violencia, destrucción y pobreza. Cuando éste muere entra por vía corta al infierno, al mismo tiempo que un delincuente del fuero común, se trataba de un individuo que cometió un crimen pasional. De inmediato el escritor observa que unos demonios se llevan al asesino a purgar su pena en un horno que tenía un fuego intenso; sin embargo a él le toca una área de infierno pasable, donde hay pequeñas fogatas con lumbre suave, soportable, así como tibio vientecillo.
Más tarde se da cuenta que están también otros personajes, que durante su vida en la tierra fueron pensadores, filósofos como él, escritores que propiciaron barbarie y crueldad. Todos ubicados en círculos concentricos, tal como lo describe Dante en La Divina Comedia.
Un diablillo que la hace de chalán, le explica al autor recién llegado que el infierno no es estático, le dice: el fuego se aviva con el eco de sus palabras en el mundo de los vivos.
El primer año de su estancia, el fuego inicia quemando levemente su piel, puesto que alguien citó su libro para romper una familia. Pasados diez años, el fuego se ha convertido en una hoguera al rojo vivo, ya que sus libros ahora son el fundamento de un movimiento de fanáticos que causan guerras. A los cien años de su llegada el fuego es un infierno total, una generación completa se ha echado a perder, se ha corrompido por la crueldad de sus ideas.
Por otro lado se observa después del paso de esos cien años, que el asesino que llegó al mismo tiempo que él, su fuego que lo quema sin consumirlo empieza a disminuir, debido a que está terminando su penitencia por el homicidio que cometió en vida.
En cambio el filósofo escritor no sufre por lo que hizo en vida, sino por lo que sigue haciendo después de muerto. Hasta entonces le cae el veinte, que sus escritos cobraron vida propia y se convirtieron en un monstruo que devora almas, aumentando así su propia tortura.
¿Será Marx el protagonista de esta leyenda? Carlos Marx es sin duda uno de los peores filósofos escritores que más daño ha causado a la humanidad. Sus ideas venenosas prendieron más después de muerto que cuando vivía. El Manifiesto del Partido Comunista -justo ayer se cumplieron 178 años que vió luz pública- fue una de las primeras obras creadas por este alemán. En éste se refleja la base del marxismo, ésta base tiene como cimiento y piedra angular, la lucha de clases.
Es en esta lucha de clases donde propone el derrocamiento por la fuerza de las armas de gobiernos y de todas las condicione sociales, prohibir estrictamente la religión – decía: La religión es el opio de los pueblos, claro que sabía lo que era el opio, puesto que era un gran adicto de ese narcótico y se la pasaba en modo avión- y por último el fin de la propiedad privada. Quería puro pobre. Todos estos ideales sirvieron como una llamada a izquierdistas radicales y a las revoluciones comunistas en el mundo.
El comunismo ha costado millones de vida en el planeta. Tan sólo en la China de Mao, para implantar el gobierno comunista en esa nación, murieron más de 100 millones de chinos.
Hasta antes de la caída del Muro de Berlín, había decenas de regímenes comunistas en los continentes. Ahora sólo quedan dos: Korea del Norte y Cuba. La China de hoy que se dice comunista, es tan capitalista como los Estados Unidos; la diferencia es que no hay democracia, los chinos están gobernados por un tirano que lleva 13 años en el poder.
Marx Arriaga que desde el nombre tiene maligno, hace unos días causó tremendo alboroto en los medios informativos, por negarse a entregar la oficina propiedad de la SEP -de donde lo corrieron- ¿pero quién es éste oscuro y fatal funcionario de cuarto nivel? Pues nada menos que el hacedor de los nuevos libros de texto que llevan los alumnos de primaria, cuyo objetivo es enyerbar la mente de los niños con las ideas marxistas.
Como lo hacen muchos rufianes sinvergüenzas, se atrincheró durante varios días para llamar la atención. El cese en sus funciones ya se había decidido. Cuando por fin salió del lugar, lo hizo haciendo gala de su negra mollera. Llevaba entre sus manos a modo de trofeo, su gran ídolo un retrato grandote del drogadicto y tocayo de él: Carlos Marx.
Una vez de patitas en la calle, voló a Ciudad Juárez su antigua residencia. Quizá pensó que lo iban a recibir como héroe por la resistencia que opuso a su desalojo. Pero cual va siendo la sorpresa, que allá en la frontera también lo detestan y fue recibido con abucheos y pancartas por su mal desempeño en la SEP. Con esa acción, sabemos que los mexicanos somos antimarxistas y no queremos a ese pelafustán.
*Las opiniones expresadas en este texto de opinión, son responsabilidad exclusiva del autor y no son atribuibles a CN COLIMANOTICIAS.

