MARCOS TORRES

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Por José Díaz MadrigalMañana 25 de abril, se recuerda el natalicio de Marcos Torres Virgen. Fue éste un audaz guerrillero, de la época conocida como La Revolución  Cristera, de hace 95 años. Peleó con heroísmo contra los soldados callistas, que nunca pudieron echarle mano.En Colima el levantamiento armado, debido a la intolerancia gubernamental hacia la libertad religiosa; inició formalmente el día cinco de enero de 1927. El estilo de mando que imprimió Plutarco Elías Calles en su período presidencial, consistente en un autoritarismo radical e inflexible; pidiendo al Congreso de la Unión poderes extraordinarios, para emitir decretos a modo, sin ser revisados por los legisladores. De esta manera promulgó el decreto de la maligna Ley Calles, publicándose en el diario oficial de la federación. Ésta ley en la práctica, penalizaba la enseñanza religiosa y los actos de culto.Con paciencia y esperanza, un par de obispos Católicos de diferentes diócesis mexicanas, se entrevistaron con el presidente, con la finalidad de moderar o hacer menos fuerte el decreto. «Irremediablemente» tendrán que sujetarse a la nueva ley, dijo Calles; áspero y altanero, continuó: ustedes no tienen más que dos caminos, o cumplir la ley o la lucha armada.El pueblo Católico le agarró la palabra. En los primeros meses del año arriba citado, se dieron diversos encuentros entre gobiernistas y Cristeros. Éstos últimos estaban integrados la mayor parte de ellos, por jóvenes provenientes de pueblos y rancherías, sobretodo de la zona norte de Colima y sur de Jalisco. Al principio, los rebeldes tenían su cuartel general en un punto llamado Caucentla, ya casi en las faldas del Volcán de Colima. Desde este lugar, se dirigieron los planes de ataque contra el enemigo. Del mismo modo por su lejanía y altura prominente, se podía observar cualquier rival que se aproximara.En la segunda semana del cuarto mes del año, Dionisio Ochoa, comandante de los insurrectos, comisionó a tres jóvenes para que de Caucentla vinieran a la ciudad de Colima a proveerse de municiones. Éstos eran tres seminaristas transformados en combatientes. Fue la madrugada del día 8 de abril de 1927, cuando salieron a pie del montañoso cuartel; todavía estaba oscura la mañana, poco antes de llegar a la hacienda de Chiapa, que fueron sorprendidos por soldados callistas. Uno de los tres, Rafael Borja, cargaba en el hombre un costalillo lleno de casquillos de 30-30, que traían a Colima para reformar.Borja con verdadera lealtad y hombría, para proteger a sus amigos se echó la culpa total, diciendo que los otros dos no tenían que ver con el asunto de los casquillos. Fue sentenciado a morir. A otro compañero, Radillo, un día después se ordenó que lo fusilaran, sin embargo cuando lo llevaban al paredón, logro escabullirse en un cañaveral. Sólo les quedó Marcos Torres. Hombre listo, sagaz y resuelto; pero de una apariencia bondadosa que cualquier persona que lo veía, no adivinaba el empuje de espíritu que poseía. Los callistas que lo habían capturado, no lo creyeron culpable de nada; ganándole de alguna manera la confianza de ellos y, cuando menos lo esperaban, se les peló.Después de huir de sus captores, nació y empezó a crecer la fama de Marcos Torres, aunado a su inteligencia y sencillez; además de su agilidad en el campo de batalla y su don de gente, se hizo muy querido entre los muchachos que él hábilmente dirigía. Éstos eran principalmente jóvenes de 15 a 20 años, procedentes de las haciendas de Chiapa y la Capacha. Excelentes tiradores, jinetes insuperables, bragados, audaces, llenos de atrevimiento que es distintivo de valentía. Los benjamines, llegaron a decir del grupo capitaneado por Marquitos, por el motivo de ser los más jóvenes de los Cristeros. Con éstos, no daba tregua ni paz a las tropas callistas, causándoles inumerables bajas.Era tanta la aversión que los gobiernistas le tenían a Marcos, que se ofreció a cualquiera que lo presentara vivo o muerto, una recompensa de 50 mil pesos. La historia de la Cristiada en Colima, no refiere de ningún otro jefe Cristero, por el cual se haya ofrecido cantidad alguna; de este modo se concluye, que era el más temido por el gobierno.Como a Cristo por quien luchaban, que lo vendió Judas a Traición; de tal manera un traidor delató a Marcos Torres. Cierta persona de Colima le prometió ayuda a Marquitos para su causa, eran 200 pesos que tenían que ser entregados el 14 de Agosto de 1928, en el rancho de Santa Bárbara, antiguo caserón que permanece en pie, justo por la calle Venustiano Carranza de esta ciudad.Marcos llegó temprano, viendo que no había llegado la persona, le pidió de favor al ordeñador que era conocido de Marcos, que fuera avisar que ya estaba él en el rancho. Vilmente el ordeñador, en lugar de ir a dar el recado; se dirigió a la comandancia de la Policía. La perrada que le hizo este infame ordeñador a Torres, no se pudo evitar; cayó la gendarmería y el primero que se abalanzó a disparar sin decir palabra de rendición alguna, fue el policía apodado el Esquilín, güerillo pelirrojo. Quedando muerto al instante, el querido coronel Marquitos.Pocos días después, manos anónimas pero dolidas, Se echaron al plato al ordeñador y al cobarde Esquilín.    ‘No es la clase de muerte, sino la causa, lo que hace los mártires’.          -San Agustín-