MAESTROS EN RIESGO

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    Ya establecida en Colima, llegó algunas veces a visitarla el maestro de aquella comunidad, para saludarla y platicar con ella, en agradecimiento a la hospitalidad que mi abuela le había demostrado en esas tierras jaliscienses. En cierta ocasión conversé con el profesor y le pregunté por qué no pedía su cambio a un lugar más cercano a Colima, pues su familia vivía en Villa de Álvarez, y me comentaba tenía ya varios años laborando en la escuela rural de aquella población de Jalisco. El profesor me respondió con una gran sonrisa de satisfacción, contándome que allá lo habían asignado desde que egresara de la escuela normal y que no pensaba en regresarse a la ciudad, porque la gente del lugar eran personas muy amigables que le demostraban todo el tiempo el agrado de tener un maestro para su escuela; razón por la cual se sentía contento con llevar la enseñanza por esas regiones, donde disfrutaba impartiendo clases, gozando del clima fresco y la vida tranquila de una comunidad rural. Pasado el tiempo mi abuela partió a su morada eterna y sólo volví a saludar brevemente al profesor en algún espacio público años después. Hace un par de semanas, leí lamentablemente la noticia en este mismo medio, del asesinato del profesor, quien en vida llevara el nombre de Guillermo Ruíz Ramos -el maestro Memo como afectuosamente lo llamaba la abuela- con seguramente 25 años o más de ejercicio docente. De acuerdo a la información de las autoridades – nos advierte la nota- , fue encontrado muerto en las inmediaciones de Pihuamo, entre el acotamiento de la carretera, camino que transitaba comúnmente para llegar al lugar de trabajo. Es un condenable hecho de violencia, perpetrado por la delincuencia organizada que tiene asustados a los pobladores de estas comunidades, pueblitos que un día fueron prósperos y con un buen número de habitantes. Ojalá se tomen cartas en el asunto, porque el profesor, llevaba una vida modesta y digna producto de su trabajo como educador, además era querido y apreciado por el pueblo. Es necesario reflexionar que el maestro rural requiere trabajar en un ambiente sino de seguridad absoluta, por lo menos de entornos donde se respeten los derechos humanos fundamentales. Porque se pone en riesgo que el motor de progreso que constituye la educación, no llegue a todo los rincones de nuestro país. Vaya nuestro reconocimiento a todos los maestros rurales por hacer un gran esfuerzo para llevar la enseñanza a todos los niños de México, aun a costa de su propia vida. Aprovecho también este espacio para enviar mis condolencias a la familia Amador Chávez, por el sentido fallecimiento de su señor padre el Profr. Octavio Amador Jiménez, querido maestro de tantas generaciones, que nos deja un gran ejemplo de amor por la enseñanza y que en la próxima entrega haremos mención a su incansable labor docente, que lo coloca ya, como un destacado maestro colimense.