COLIMA, CINCO LUSTROS DE PODER*
Por: Noé Guerra Pimentel
Para entender la situación política actual del Estado de Colima en la que precisamente recién, apenas el 17 de enero, se concretó mediante elección extraordinaria el relevo en la titularidad del Poder Ejecutivo Estatal, recayendo en José Ignacio Peralta Sánchez, es imprescindible remontarse al pasado inmediato que le dio origen y que, siendo rigurosos, parte de 1991, hace 25 años, periodo en el que el PRI a nivel nacional, luego de que en 1989 perdiera Baja California y antes, en 1988, con la “caída del sistema” de manera muy cuestionada retuvo la presidencia, empezaba a perder su histórica hegemonía, entendiendo esta como la condición en la que la única dificultad para ocupar un cargo radicaba en que el aspirante la ganara a nivel interno y en la que el grupo dominante fuera desplazado o que permitiera el arribo de otra corriente interna o grupo de relevo.
Así, nos encontramos con un escenario complicado en el que la oligarquía local, dividida por sus intereses, por primera vez en la época contemporánea se tuvo que unir frente a un “adversario externo” para hacerle frente y ganar a la presunta imposición del centro, según, confabulada por el Presidente de la República Carlos Salinas y el entonces Presidente del PRI nacional Luis Donaldo Colosio, quienes actuaron para favorecer a la prestigiada mujer de letras y política de talla nacional Socorro Díaz Palacios, quien vino a ver su cruz a un Colima que esta vez, para su mala fortuna, era la primera ocasión, repito, se resistía y revelaba a una intervención-imposición central, fuera esta cierta o falsa, pero que algún momento ella misma prohijó, hoy vemos que equivocadamente.
Fue así como con la alianza de los principales actores políticos de entonces, sumados exgobernadores y demás cuadros políticos vigentes, se pronunciaron a favor de un abogado de carrera con ascendencia social, tradición y arraigo familiar, quien como lo dijo muchas veces, nunca quiso ser político, Carlos de la Madrid Virgen y menos ocupar los cargos en los que se desempeñó sin dejar de ser Notario titular, quien literalmente fue sacado de ahí primero para desempeñarse como Secretario general de gobierno con Griselda Álvarez (1979-1985), quien con él cubría el apartado moral de residencia en Colima.
Con este impulso inicial de la primera gobernadora de Colima, De La Madrid Virgen fue diputado local (1985-1989), siendo el primer Coordinador del Congreso, y de ahí presidente del municipio capitalino (1989-1992), para por sobre las cabezas de los varios grupos en pugna alzarse primero con el triunfo en la interna aliado con el otro primo del expresidente De la Madrid, Carlos Vázquez Oldenbourg, el Senador Roberto Ánzar Martínez, el exdiputado federal y líder del grupo Universidad, Humberto Silva Ochoa y la cetemista obrera Graciela Larios Rivas, entre otros. Todos unidos en frente común contra Socorro Díaz Palacios que con el respaldo del centro, aquí fue apoyada por el dirigente de la CROM Cecilio Lepe Bautista, el líder ganadero y agricultor de Tecomán Elías Lozano Merino y Carlos Salazar Preciado (tras él, la exgobernadora Griselda Álvarez).
Trámite, el de la elección interna, que le valió al abogado Carlos de la Madrid, para ganar con desahogo la gubernatura (1991-1997) por 84, 812 votos (68.5%) contra los 16,860 (13.6%) del ingeniero José Alonso Ramos Cabra, venido con el apoyo de parte de los agroindustriales de Tecomán y del PAN, entonces un partido de cuadros que en Colima, no obstante que aquí ha sido el tradicional reservorio de las familias conservadoras paulatinamente relegadas del poder y obvio resentidas con quienes lo han ostentado, aún carecía de fuerza para aspirar ganar a ese nivel, a la par de un entonces crecido perredismo que aquella vez le restó presencia y votos al lograr 11,960 votos (9.6%) abanderado por el aguerrido Arnoldo Vizcaíno, profesor que con su carácter y claridad de ideas consolidaba al perredismo y a la izquierda aglutinada como la tercera fuerza política local.
Situación político partidista que tres años después, en 1995, devino en el primer descalabro priista en un municipio, Coquimatlán, donde dos desconocidos, ambos migrantes oriundos de ahí, apenas reintegrados a la localidad hicieron ver su suerte a dos priistas, Alfredo Rocha Contreras y Martín Flores Castañeda, según, impuestos por quien ya se veía como líder de relevo del Grupo Universidad, el exdiputado federal (1976-1979) Fernando Moreno Peña, quien con un creciente activismo dentro y fuera de la casa de estudios como Rector (1989-1993), ya empezaba a ponerse la mesa en pos de su aspiración a la gubernatura, la que concretó luego de su reelección en la Rectoría (1993-1997), labor que consolidó con una impresionante carga de trabajo, gestión y desarrollo de obra material y académica que dio seguimiento y creció lo hecho por su antecesor y mentor, Humberto Silva Ochoa, labor con la que logró posicionar a la Universidad y a él mismo como aspirante natural al cargo. Continuará…
*Titulo y avance de mi Ensayo.

