Las entrañas podridas de Morena

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VENTANA POLÍTICA

Por: Guillermo Montelón Nava 

En política, los partidos que nacen como movimientos suelen enfrentarse tarde o temprano a una prueba inevitable: la transición de la cohesión carismática al pluralismo competitivo interno. Lo vimos en el PRI y el movimiento que encabezaron Cuauhtémoc Cárdenas y Muñoz Ledo y también en el PRD con sus divisiones internas. Eso es exactamente lo que hoy vive Morena. Lo que durante años funcionó como un frente unificado alrededor del liderazgo de Andrés Manuel López Obrador se ha convertido en un espacio donde distintas corrientes compiten por poder, narrativa y control territorial. No se trata de una anomalía; es una fase estructural de institucionalización. Sin embargo, sus efectos sobre la estabilidad gubernamental pueden ser profundos, sobre todo porque la presidente Claudia no tiene el liderazgo, no tiene el control, ni la habilidad para ejercer el poder, debido a presiones, tanto del exterior como desde Palenque.

La guerra interna que atraviesa Morena no se desarrolla únicamente en los pasillos del poder ni en las disputas por futuras candidaturas Ejemplo de ello es la publicación del libro Ni venganza ni perdón, de Julio Scherer Ibarra y Jorge Fernández Menéndez, donde se vuelven visibles las tensiones que existen. Más allá de la veracidad jurídica de cada acusación, el texto constituye una pieza política en sí misma: un testimonio fuerte y contundente porque viene desde dentro y revela fracturas, desconfianzas y pugnas por el control del proyecto gobernante. Veremos la autoridad competente interviene como debiera.

El libro presenta señalamientos que involucran a figuras cercanas al entorno del expresidente Andrés Manuel López Obrador, como Mario Delgado, Jesús Ramírez Cuevas y actores vinculados al financiamiento político a partir de esquemas de contrabando de combustibles, el llamado “huachicol fiscal”. También toca indirectamente la esfera de influencia de los hijos del exmandatario, insertándolos en la discusión pública sobre redes informales de poder y acceso privilegiado. Estas afirmaciones han sido negadas por los señalados, pero su impacto político no depende únicamente de su comprobación: radica en que provienen de alguien que ocupó un espacio privilegiado dentro del propio gobierno y que aún podría tener ases guardados bajo la manga.

La publicación nos confirma que las facciones que hoy compiten por influencia —el núcleo lopezobradorista histórico, el aparato electoral pragmático, el bloque gubernamental institucional y la izquierda militante— demuestra que la fricción se exacerba y que hay desconfianzas mutuas. No es la oposición contra gobierno, es un conflicto entre rivales internos que están señalados como delincuentes y no tanto por disputarse la herencia política del poder.

El señalamiento a personajes como Mario Delgado, por ejemplo, impacta al sector más orientado a la operación electoral del partido. Las referencias a Jesús Ramírez Cuevas tocan el ámbito del control narrativo y comunicacional del proyecto. Las alusiones al entorno familiar del expresidente afectan el liderazgo mesiánico fundacional. Así, el libro no solo denuncia; también redistribuye tensiones entre polos de poder que ya competían por espacio político y los efectos de todo ello ya son imparables. Lo lamentable es que ni la presidente da muestras de que pueda aprovechar la circunstancia para sacudirse a los opositores internos y tampoco los partidos de oposición dan señales de vida para exigir que se abran carpetas de investigación contra los señalados.

Para el gobierno de la presidente Claudia Sheinbaum, este escenario implica una dificultad adicional a su ya de por sí cuestionada legitimidad y su deficiente desempeño. El libro introduce una variable perturbadora porque reactiva debates sobre ética pública y lealtades internas en un momento en que el Ejecutivo requiere cohesión para sostener gobernabilidad, más ahora que pesan fuertes amenazas del gobierno norteamericano.

Aunque las acusaciones sean refutadas, la simple existencia del debate abre grietas en la narrativa unificadora. Y en política, la percepción suele tener efectos prácticos: condiciona alianzas, moldea percepciones ciudadanas y redefine correlaciones internas, así que seguramente muy pronto surgirán otras sorpresas.

El segundo efecto es estratégico. Al señalar a actores específicos, el libro puede endurecer posicionamientos dentro del partido, incentivar alineamientos defensivos o confrontativos que podrían agudizar los conflictos abiertos con efectos en decisiones legislativas, candidaturas futuras o coordinación territorial.

Por otra parte, podría haber efectos en la gestión gubernamental, así que la presidente deberá navegar entre evitar que la confrontación erosione la estabilidad administrativa y preservar los equilibrios institucionales para no provocar rupturas mayores.

En última instancia, la vinculación entre la guerra interna de Morena y el libro Ni venganza ni perdón, si bien no determinará por sí mismo el rumbo del partido ni del gobierno, sí tendrá efectos en el electorado. En ese sentido, su mayor impacto no está en las acusaciones específicas, sino en haber colocado nombres, relatos y sospechas que exhiben tal cual a la 4T, aunque aún habrá que tomar en cuenta otros factores, como el poder político de los grupos delincuenciales y la reacción organizada de la sociedad frente al desastre gubernamental.

*Las opiniones expresadas en este texto de opinión, son responsabilidad exclusiva del autor y no son atribuibles a CN COLIMANOTICIAS.