LA PANGA

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SEGURIDAD Y PAZ SOCIAL, el deseo de los habitantes de Colima…

 Por: Mayahuel Hurtado

 Todo ha ido cambiando de manera paulatina, ya no es el Colima que ofrecía paz a sus habitantes, donde dejabas a tus hijos caminar sus calles, acudir a unidades deportivas, deleitarse con sus ferias o pasear en los jardines de los municipios de Colima,  Manzanillo, Tecomán y Villa de Álvarez, ahora la manera de disfrutar lo que ofrece esta bella tierra, se ha transformado drásticamente.

Pero ¿Quiénes son los responsables? Las respuestas son tantas que no acabaríamos en debatir quienes son los generadores de que este oasis del Pacífico Mexicano hoy en día presente tantas variantes de problemas que atacan a uno de los pilares que es en definitiva una prioridad: LA SEGURIDAD.

Si regresamos en la línea del tiempo encontraremos que el crecimiento portuario, fue una lluvia de oportunidades mal valorada por los habitantes oriundos de estas tierras, y por consiguiente, ante la falta de cubrir esos espacios se vino gente del Estado de México, Ciudad de México, Veracruz, Tamaulipas, Monterrey y Guadalajara.

Llegó gente a trabajar pero al mismo tiempo, se filtró el cáncer social que estamos padeciendo: LA DELINCUENCIA de otras entidades en sus distintas modalidades, pues encontraron aquí “tierra fértil” para el desarrollo pleno de sus actividades, y quienes actualmente pagan esa factura de manera más acentuada son los municipios de Tecomán, Manzanillo y Colima.

Pero eso no es lo único, para el ambulantaje en calles, tianguis, jardines y en la playa, se vinieron más de seis mil personas originarias de Guerrero y Oaxaca, y para la construcción y fabricación de muebles de madera,  tenemos personas de Chiapas y Michoacán, además de cerca de cinco mil veracruzanos que trabajan en comercios de comidas, en playas o en el puerto. Y si a eso le sumamos otros dos mil entre chinos y coreanos y otros mil más de origen centroamericano, norteamericanos, canadienses y algunos europeos, sabremos entonces que “vaya que ha crecido y cambiado el estado de Colima”.

Recuerdo que hace unos 9 o 10 años podíamos dejar el vehículo estacionado con los vidrios abajo, inclusive con las llaves puestas, sabíamos perfectamente que nada ocurriría.  Lo mismo sucedía en las viviendas, era para muchos exagerar en colocar protecciones en puertas y ventanas, pero en el hoy sabemos que eso es historia.  Los robos a vehículos se han incrementado, así como los asaltos a casa habitación y comercios. Ahora nuestra vida es a través de “jaulas modernas y adaptables”, es decir cancelería y seguridad que vemos en todos lados.

Pero es precisamente el factor foráneo,  lo que impide que las autoridades estén familiarizadas con los problemas de la delincuencia en las grandes urbes y tardan más en conocer ¿Cómo se organizan u operan? para saber ¿Qué acciones emprenderán? para disminuir la incidencia delictiva en la entidad. Y si a eso le sumamos la falta de personal suficiente en dependencias de seguridad e impartición de la justicia, la combinación es desastrosa.

Sin embargo, no sólo las autoridades municipales, estatales, federales, diputados y senadores son responsables de lo que vivimos a diario. A ellos les toca administrar, proveer, gestionar y legislar, para que la SEGURIDAD PÚBLICA impere en las calles, pero también la ciudadanía, juega un papel fundamental para que se consolide una sociedad que goce de una garantía que es indispensable para la calidad de vida, y no hablo de la salud, ni la educación; me refiero a la participación ciudadana en aportar elementos para tener acceso a la SEGURIDAD y por consiguiente obtendremos la PAZ SOCIAL.

Y de pronto recuerdo casos como adolescentes en bares y discotecas a las tres de la madrugada, o adolescentes y jóvenes que deambulan en la vía pública en horas posteriores a las 12 de la noche, y no puedo dejar de mencionar a los cientos de ellos que se concentran en espacios destinados para beber, bailar o aquellos que van a brechas y miradores sin medir el riesgo a ser presas de la delincuencia.

Pero existe hoy en día la mejor agenda para los delincuentes y es a través de las redes sociales. Así es, si es bien cierto de la gran aportación comunicativa que representan, estos espacios tales como Facebook, Instagram, Twitter, tienen aplicaciones para actualizaciones automáticas que muestran en que lugar estamos o nos gusta acudir, muestra nuestras fotos, las de familiares y amigos, actividades y pasatiempos porque no existe un control ni en la privacidad de contenidos, ni en las personas que admitimos para formar comunidades sociales de manera virtual.

Y en la lucha de los “me gusta” o la aceptación de las multitudes, se exponen completamente para que la delincuencia cuente con un perfil detallado, de ¿Quién es? ¿Cómo es?  ¿Dónde localizarla? ¿Qué vehículo utiliza o medio de transporte? ¿Qué situaciones emocionales atraviesa? etc. Pero existen además salas de chat para buscar amigos, una cita o una relación y las personas proporcionan todo tipo de información a quien está del otro lado de la red, sin conocerla.

Y éste conjunto de actividades amable lector, pone en grave riesgo nuestra seguridad. Existen también casos lamentables y aberrantes en donde las desapariciones de personas y otros rasgos del crimen organizado han golpeado nuestra Paz Social. Han desaparecido hombres y mujeres de diferentes edades, con o sin conexión con el mundo delictivo. Hemos visto el rostro crudo de la violencia en nuestras calles y nos estamos convirtiendo en testigos abúlicos del acontecer delictivo que diariamente aparece en los titulares informativos.

Si queremos que regrese la paz a nuestras calles, todos debemos aportar lo que nos corresponde, comenzando por evitar los excesos de confianza. En los hogares debe regresar el respeto a las figuras de autoridad, deben retomarse los valores de la familia y los padres deben tener más comunicación con sus hijos, conocer ¿Quiénes son sus amistades? Y si son adecuadas para la formación y educación que pretendemos para cada uno de ellos. Establecer códigos  de seguridad en la familia, evitando episodios de violencia al interior del hogar, y fomentando reuniones familiares sin Wi-Fi para escuchar y dialogar entre padres e hijos. Muy importante también, respetar en casa las figuras de autoridad en la escuela y en las iglesias, que independientemente la religión, todas buscan formar buenos ciudadanos y seres humanos con integridad moral.

Cuando aporte cada quien lo que les corresponde, le aseguro, le garantizo, le juro que regresará la SEGURIDAD Y LA PAZ SOCIAL al Estado de Colima.

Y tú ¿te sumas a trabajar para recuperar la paz y seguridad en la entidad?