La opacidad como política pública

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Bitácora Reporteril

Por: César Barrera Vázquez

La corrupción empieza con la opacidad, pues es en lo oscurito donde se dan las componendas y confabulaciones para el desvío de recursos y el peculado. Es ahí donde prospera, donde se oculta y donde se normaliza la corrupción. Por eso, cada vez que un gobierno limita el acceso a la información o evade la rendición de cuentas, está sentando las bases para que la corrupción crezca.

La historia reciente lo confirma. Uno de los ejemplos más claros es el caso del fracking. Durante años, el expresidente Andrés Manuel López Obrador aseguró que esa técnica para la extracción de gas ya no se utilizaba en México. Hay decena de videos donde lo afirma. Sin embargo, una solicitud de información realizada por el periódico El Universal reveló lo contrario: el fracking nunca dejó de emplearse durante el sexenio pasado y en el actual se utiliza con mayor medida.

No se trata sólo de una contradicción discursiva, sino de un caso donde la realidad fue ocultada deliberadamente. Sin ese ejercicio de transparencia realizado por El universal, la versión oficial habría permanecido intacta.

Lo mismo ocurre en otros ámbitos. El caso del derrame en el Golfo de México es paradigmático. A semanas de ocurrido, persisten más preguntas que respuestas: no se conocen con claridad las causas, no hay un diagnóstico completo del daño ambiental y tampoco se ha transparentado el alcance de las acciones de mitigación. Mientras tanto, el discurso oficial minimiza el problema.

Y esa es precisamente la lógica de la opacidad: reducir el impacto en la narrativa, aunque la realidad sea otra. Pues sin información pública, verificable y oportuna, no hay forma de dimensionar los daños, exigir responsabilidades ni corregir políticas públicas.

El problema se agrava cuando se debilitan los contrapesos. La desaparición de organismos autónomos o la concentración de funciones en el propio gobierno generan un entorno donde el poder se vigila a sí mismo. Y la experiencia demuestra que, en esos casos, la transparencia deja de ser regla y se convierte en excepción.

Por eso, la opacidad es una característica funcional de sistemas corruptos, donde la rendición de cuentas incomoda. En temas como el medio ambiente, las consecuencias son aún más graves. Los daños no siempre son inmediatos ni visibles, pero sí acumulativos y, muchas veces, irreversibles. De ahí que derechos como el acceso a la información y también el de un medio ambiente sano son indisolubles uno del otro.

Dos puntos

En algunas áreas los datos abiertos funcionan bien y abonan a esta política de transparencia, salvaguardando este derecho humano. Tal es el caso de los informes epidemiológicos. Gracias a ellos conocemos el incremento de casos de sarampión y tos ferina, enfermedades que hace algunos años eran prácticamente inexistentes. Y gracias a esos datos también se constata lo que han dejado de hacer las autoridades sanitarias en el país. Lo que resta ahora, al tener un diagnóstico preciso, es reactivar las políticas de vacunación y hacer, en pocas palabras, lo que se dejó de hacer en el pasado sexenio.

*Las opiniones expresadas en este texto de opinión, son responsabilidad exclusiva del autor y no son atribuibles a CN COLIMANOTICIAS.