La justicia necesita unión, no atajos

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Por: Ángel Durán

He escuchado, y también lo observé, que la llamada “operación acordeón” funcionó. Pero funcionó, precisamente, porque hace falta unión social. 

Funcionó porque seguimos careciendo de liderazgos con la capacidad de unirse entre sí para resistir estrategias concertadas, vengan de donde vengan. 

En toda democracia, siempre habrá intentos por desviar su rumbo. 

https://i0.wp.com/angelduran.com/wp-content/uploads/2021/03/Democracia-Transformadora-22-01.jpg?fit=1004%2C1300&ssl=1 (aquí puede encontrar en este link, la obra gratuita)

Por eso, la mejor defensa es una sociedad civil organizada y vigilante. La unión —la capacidad real de unión— es el mejor frente de batalla frente a cualquier intento de vulneración democrática.

Y no me refiero a una unidad retórica. Hablo de una articulación genuina entre liderazgos que, aún desde trincheras distintas, reconozcan el valor del otro, respeten la pluralidad y trabajen juntos por una causa mayor: el fortalecimiento del sistema de justicia.

Nuestra democracia, que pronto cumplirá tres siglos de historia, necesita ser reestructurada. 

No basta con decir que la democracia es un derecho humano individual. Hoy, ante su deterioro, debe ejercerse bajo un principio de interés colectivo. ¿Qué implica esto? 

Que debemos construir, defender y mejorar nuestras instituciones entre todas y todos. Y eso, sí, también incluye al sistema judicial.

No hay duda: todas y todos queremos un sistema judicial que funcione. Pero lograrlo, requiere una sociedad activa, consciente y comprometida. 

La justicia no puede quedar en manos exclusivas del gobierno, ni de los partidos, ni de los poderes fácticos. Y tampoco puede depender de una sola persona, por más buena voluntad que tenga. 

Un sistema de justicia eficaz y legítimo, necesita ser construido por la sociedad en su conjunto. 

Con pensamiento, con acciones, con cuidado. Todos debemos ser guardianes de la justicia que anhelamos.

La pluralidad de ideas, la práctica de la tolerancia y la inclusión, son los principios que deben fundar el nuevo sistema judicial. 

El método puede discutirse: ¿designación desde el poder político o elección por voto popular? Ambas tienen riesgos. 

Pero el verdadero peligro está en la desinformación, en el voto manipulado, en la falta de deliberación ciudadana. 

Si la sociedad no se une, si no construimos un voto informado y libre, cualquier mecanismo de elección será insuficiente.

La reciente experiencia electoral mostró esa diversidad: hubo quien votó tras investigar perfiles, quien se dejó llevar por el “acordeón”, quien se abstuvo de votar en protesta porque consideraba que la elección es una farsa, quien promovió a sus candidatos por redes. Y aunque para muchos este ejercicio fue antidemocrático, también nos revela que necesitamos algo más profundo: la construcción de ciudadanía.

El problema de fondo no es si votamos o no por jueces. El problema es la fragilidad institucional, la polarización y la ausencia de consensos. 

Es hora de bajar el tono de la confronta, de dejar de fortalecer grupos y empezar a construir nación. 

La justicia no se logra con atajos ni con imposiciones disfrazadas. Se logra con unión.

Y esa unión no es ingenua. Es estratégica. Es política. Y sobre todo: es urgente.

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*Las opiniones expresadas en este texto de opinión, son responsabilidad exclusiva del autor y no son atribuibles a CN COLIMANOTICIAS.