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México.- Llegar a los 60 años en plenitud de salud y con el cariño de todo un país, es algo que muy pocos pueden contar. Julio César Chávez González festeja hoy sus seis décadas de existencia en un centro de eventos de esta capital y lo hará rodeado de personajes de distintas esferas.
Por supuesto, uno de los hombres que no puede faltar es Mauricio Sulaimán Saldívar, a quien JC le transfirió el cariño y el agradecimiento que siempre hacia su padre, Don José, quien fue pieza clave para sentar las bases de la que ha sido la carrera del más grande boxeador mexicano de todos los tiempos… y que haya resurgido tras caer en el averno de las drogas.
Los recuerdos bonitos de su trayectoria brotarán a cada momento, pero uno de los más especiales es aquel día cuando acudió a escondidas de sus hermanos pugilistas Rafael y Rodolfo al gimnasio de José Antonio López, con cuya hermanita, Pilar, se puso los guantes por primera vez. Lo increíble es que fue una niña su primer “oponente” en un ring y más que ella le haya “metido las manos”.
Aquel récord profesional de 90 peleas consecutivas sin perder y su confesión de que hubiese llegado a 100 combates invicto, de no haber sido porque cayó presa de las drogas y el alcohol, serán el aderezo de de la reunión.
El récord Guinness de 132,274 espectadores en el estadio Azteca contra Greg Haugen el 20 de febrero de 1993 es infaltable a la hora de mencionar las proezas del “gran campeón mexicano”, como lo bautizó el célebre anunciador Jimmy Lennon en las transmisiones de Showtime.
Su primera contienda contra Meldrick Taylor es escogida por Chávez como la más dura (“sentí la muerte, yo no quería salir para el último round”, confiesa) , junto a la que lo encumbró mundialmente, porque además le sirvió para que los escritores estadounidenses de boxeo lo reconocieran como el mejor libra por libra, pero la del “Macho” Camacho fue la más mediática y por lo tanto le valió aquel paseo triunfal desde el aeropuerto de la Ciudad de México hasta Los Pinos.

