JUÁREZ EN WASHINGTON

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Por: José Díaz Madrigal

Más temprano que tarde, se tenía que dar la vista del actual presidente de México a los Estados Unidos. Desde que se modernizaron los medios de transporte, primero terrestre, después por avión; la mayoría de presidentes mexicanos, han acudido a Washington, a rendirle pleitesía al gobernante en turno.

Queramos o no, gran parte de los mandatarios mexicanos, se han plegado a las directrices del gobierno norteamericano. López Obrador no iba a ser la excepción. Una cosa eran las bravatas que vertió sobre Trump, cuando aquel andaba en campaña (obvio, era la técnica de enardecer a sus seguidores) y, otra cosa, es aterrizar el discurso a la realidad actual y cotidiana; para no agraviar al inquilino de La Casa Blanca.

Esta fue una visita anunciada, con muchos días de antelación a propósito de la invitación que le hizo Trump a López Obrador; este no pudo declinar la llamada para estar en la capital estadounidense, con motivo de la entrada en vigor del nuevo tratado de libre comercio, entre tres países: Canada, Estados Unidos y México.

Se puede deducir que el primer ministro canadiense no asistió a la reunión, por los desencuentros que ha tenido con Trump en varias ocasiones; por lo cual se han enturbiado las relaciones entre ambos mandatarios.

Como un buen «chico» se refirió Trump cuando le preguntaron hace unos días acerca de López Obrador. En esencia el presidente de México evita contrariarlo, bien sabe que es la parte más débil en esta relación dispareja de los dos países. De este modo, el comportamiento del mandatario mexicano ante el poderoso Trump, es comparable a la de un niño de kinder; regresó a casa con una estrellita en la frente por su buena conducta.

Era claro que iba a ser bien recibido por Donald Trump. Primero porque Trump sacó enorme raja política, quedando relativamente bien con la comunidad méxicoamericana. Segundo, a López Obrador le ha tocado hacer el trabajo sucio en la contención migratoria y la tercera (ya salió el peine) algunos medios de comunicación, refieren y están ventilando que el yerno de Trump Jared Kushner, está detrás de la construcción en la refinería de Dos Bocas.

Un periodista del New York Times, que es de los diarios más influyentes en la opinión pública de los Estados Unidos, comentó de López Obrador: el incendiario presidente de México, que tanto le gusta polemizar y contradecir en sus conferencias mañaneras, sigue al pie de la letra, la agenda que le imponen de La Casa Blanca.

Así ha sido desde siempre, el primero en someterse a las órdenes del vecino del norte; fue ni más ni menos el mayor ídolo y que tanto admira López Obrador, Benito Juárez. En su tiempo, Juárez estuvo a punto de ceder buena parte de la soberanía nacional, por dinero.

La historia oficial, la que nos enseñan en la escuela, la que quieren que sepamos el grupo político dominante; estos han sobredimensionado en el imaginario colectivo, no al verdadero Juárez; más bien, nos han machacado casi a modo de adoctrinamiento, que Juárez era una especie de semidios, un excelso personaje salido de una novela de fantasía, que vino a salvar a México.

Sin embargo no fue así. Después de Juárez no ha habido ningún otro presidente, que haya puesto la soberanía nacional en venta a los norteamericanos. El que más se le acercó, fue Obregón con los conocidos tratados de Bucareli, que buscaba el reconocimiento de su gobierno por parte de Estados Unidos. Pero Obregón más patriota que Juárez, no comprometió ni un centímetro de territorio mexicano.

Así pues, no es casualidad que dentro del cúmulo de estatuas que se esparcen en Washington; tengan una del único mexicano en esa ciudad, Juárez, obsequio del gobierno de México al pueblo de los Estados Unidos.

Por otro lado, los estadounidenses con su estatua de Juárez, homenajean a uno de sus más obedientes y entreguistas «chico» (calificativo de Trump a López Obrador) que sin ningún recato, andaba vendiendo la soberanía de México.

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