ISSSTE Colima

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Sociedad de la Información

Por: Luis Alfonso Polanco Terríquez

Durante décadas, el ISSSTE Colima brindó una excelente calidad en la atención, destacando tanto por el trato humano al derechohabiente como por el servicio médico. Las razones eran sencillas: Colima era una ciudad pequeña donde prácticamente todos nos conocíamos y, con frecuencia, algún familiar laboraba en la institución. Sin embargo, con el tiempo llegaron el crecimiento demográfico, la sobredemanda y la corrupción que han socavado a la mayor parte de los organismos públicos, afectando de manera directa la atención a los derechohabientes.

Durante más de una década, cuando la atención especializada no era posible en la entidad, el traslado a un hospital regional representaba la solución. No obstante, los hospitales regionales también comenzaron a saturarse y a exigir a los estados una reducción en el envío de pacientes. Para contrarrestar esto, la federación dotó prácticamente al Hospital «Miguel Trejo Ochoa» de los especialistas necesarios y de la instrumentación requerida.

Incluso, en aquella época y gracias a esa suficiencia de insumos, el ISSSTE Colima llegó a brindar apoyo al Hospital Universitario y al IMSS. Este logro fue producto del fortalecimiento institucional del centro, y no —como presumen algunos ex directivos al criticar a las actuales administraciones del ISSSTE y del Hospital «Miguel Trejo Ochoa»— debido a una gestión visionaria o talento excepcional de quienes entonces ostentaban los cargos directivos.

Al inicio de la administración de la gobernadora Indira Vizcaíno Silva, el organismo era un caos donde imperaba la discrecionalidad. En el área de enfermería, el maltrato a pacientes y familiares había sido una constante durante más de una década. En el servicio médico de urgencias la situación era grave: los pacientes eran atendidos a discreción, al grado de haberse registrado lamentables decesos en la propia sala de espera.

Hoy en día, las actuales autoridades del ISSSTE en Colima han logrado mejorar considerablemente el panorama. Sin embargo, el encubrimiento de ciertos médicos con malas prácticas y el temor de los pacientes o familiares a presentar las denuncias correspondientes impiden que los funcionarios actuales puedan sancionar con firmeza a quienes incumplen con sus funciones. Esta problemática es, en esencia, una dolorosa herencia de la falta de dirección, gestión y mando de exdelegados y exdirectores del hospital en el pasado.

A este escenario se suma la falta de regulación en las tarifas que clínicas y hospitales privados aplican por sus servicios, combinada con el afán de lucro de algunos médicos especialistas, lo que ha encarecido drásticamente la atención médica en la entidad. Existe una pugna constante entre los dueños de clínicas privadas y los especialistas: al percatarse de que ciertos médicos comenzaban a enriquecerse aceleradamente, los hospitales privados incrementaron las cuotas que cobran tanto al especialista como al paciente.

En la actualidad, hay servicios de especialistas, hospitales y clínicas en Colima cuyos costos superan los del centro del país, e incluso los de profesionales con prestigio internacional en la Ciudad de México. Ocurre que en Colima solemos conformarnos con la primera opción y, ante la urgencia, pocas veces se buscan alternativas o segundas opiniones —incluso dentro del mismo estado, donde existen doctores que, en honor a la verdad, ejercen con absoluta honestidad—, tal como el Dr. Salcido, por citar.

Recientemente, esta tensión entre especialistas y dueños de hospitales privados en Colima se ha intensificado al grado de que algunos médicos han optado por adquirir su propio equipo y acondicionar sus consultorios para realizar estudios diagnósticos sin depender de laboratorios externos. De este modo, procedimientos como endoscopias o colposcopias ya se realizan de manera habitual dentro de los consultorios privados, por citar algunos estudios.

Esta dinámica ha provocado desde hace cinco años un profundo desajuste en el sistema de salud pública —tanto en el Hospital Universitario como en el IMSS y el ISSSTE—. La escasez de especialistas para atender a los derechohabientes se agrava porque muchos optan por renunciar a sus plazas públicas para dedicarse exclusivamente al sector privado, donde una sola cirugía reditúa mayores ingresos.

En su carrera por la lucratividad, estos doctores olvidan que su prestigio y experiencia fueron forjados en el servicio público, del cual muchos fueron extraídos bajo la promesa de una supuesta atención superior en el ámbito privado. Las quejas contra directivos de hospitales y clínicas públicas en Colima —particularmente en el ISSSTE, donde los derechohabientes históricamente han exigido un servicio equiparable al de la medicina privada— son constantes.

Esta problemática ya ha repercutido también en el IMSS Colima, cuya directiva estatal ha tenido que salir públicamente a convocar médicos especialistas. Es previsible que en los próximos meses el sector público de salud enfrente mayores carencias, dado que los especialistas disponibles a nivel nacional son insuficientes y no todos están dispuestos a radicar en provincia.

Una nueva ruta para la esperanza: Tlajomulco. Hace algunos meses, la federación tendió la mano al ISSSTE Colima al abrir la posibilidad de que los procedimientos que no pueden resolverse en el estado sean atendidos en el nuevo Hospital Regional de Tlajomulco, Jalisco. Anteriormente, esperar una cita con un especialista en el ISSSTE Colima tomaba de tres meses a un año, a menos que se tratara de una urgencia vital; y en cuanto a los traslados, pocos eran los afortunados, ya que el Hospital «Valentín Gómez Farías» en Zapopan solía carecer de espacios suficientes para la entidad.

Esta narrativa ha cambiado radicalmente. Cuando un derechohabiente requiere un especialista inexistente en Colima, los directivos del ISSSTE local se comunican en un plazo máximo de un mes para agendar la cita en el Hospital Regional de Tlajomulco. Desplazarse a este centro ofrece ventajas logísticas muy superiores frente al «Valentín Gómez Farías»: para empezar, el trayecto ahorra cerca de dos horas al evitar el ingreso y salida del área metropolitana de Guadalajara. Además, si la atención en el hospital de Zapopan ya era buena, la de Tlajomulco destaca por su calidad excepcional.

Médicos, especialistas, enfermeras y personal administrativo se esmeran para que dentro del hospital el paciente no solo reciba un tratamiento óptimo, sino también la tranquilidad necesaria durante su estancia. En el consultorio, el especialista escucha sin prisas, indaga detalladamente en el historial clínico y, de ser posible, realiza el diagnóstico y los estudios correspondientes en el mismo espacio gracias a la alta tecnología con la que están equipados la mayoría de los consultorios. Si se requiere la opinión de otra subespecialidad, el mismo médico encausa el turno correspondiente.

Las consultas en Tlajomulco con los especialistas no duran los apresurados diez o veinte minutos habituales en Colima o en el propio «Valentín Gómez Farías». El médico no da por concluida la cita hasta agotar el historial, definir los estudios necesarios y plantear alternativas terapéuticas. En mi caso particular, al acudir por primera vez, la consulta con el especialista se prolongó por cerca de dos horas.

Al disculparme con los cuatro o cinco pacientes que esperaban afuera por la tardanza, su respuesta fue reveladora: «No se preocupe, el doctor; por lo general tarda entre 40 minutos o una hora, pero cuando son consultas de primera vez, todos los especialistas aquí se toman más tiempo. Nos imaginamos que es su primera vez». Esa clase de vivencias devuelve la fe en el espíritu de la salud pública. Para quienes deban trasladarse a Tlajomulco, el viaje representa un pequeño inconveniente frente a la certeza de que la salud está primero.

Recomendaciones prácticas y el factor humano. Si decides acudir, te recomiendo viajar con tranquilidad y, de ser posible, salir con unas ocho horas de anticipación; en el tramo carretero Guzmán-Sayula son frecuentes los accidentes que interrumpen el tráfico. Si tu cita es matutina, procura llegar antes de las seis de la mañana para encontrar estacionamiento en la vía pública, ya que frente al hospital está prohibido estacionarse y las multas de vialidad en Jalisco son implacables. Si llegas rumbo a las siete, lo mejor es buscar estacionamiento privado; y si arribas después de las siete, resulta más sensato optar por un taxi o servicio de transporte en motocicleta.

El Hospital de Tlajomulco mantiene normas estrictas de ingreso similares a las del «Valentín Gómez Farías», pero con un trato notablemente más educado y eficiente que en aquel o en el IMSS Colima: solo ingresa el paciente con un acompañante, no se permiten alimentos y el uso de teléfonos celulares es restringido. En este punto, es de justicia reconocer la labor que el subdirector administrativo del ISSSTE en Colima, Dr. Gustavo Gaytán Sandoval, y el director del Hospital «Miguel Trejo Ochoa», Dr. Manuel Nicanor Caballero Sevilla, han venido realizando desde su llegada, reflejándose en un mejor trato administrativo, hospitalario y en la respuesta a consultas, tratamientos y medicamentos. No olvidemos que las autoridades no poseen varitas mágicas: si un paciente padece una necesidad y recibe una mala atención, pero decide callarla, los directivos jamás se enterarán.

Al cuestionar a varios especialistas sobre la escasez de atención médica en Colima, uno de ellos en Tlajomulco me compartió una reflexión muy clara: «Mire, en mi subespecialidad somos apenas unos 250 médicos en todo el país para atender a niños, jóvenes y adultos; somos claramente insuficientes, más aún cuando la demanda ha crecido y el sector privado ofrece incentivos económicos mayores. Muchos colegas no están dispuestos a dejar la comodidad de las grandes ciudades para trasladarse a provincia. Sin embargo, de algo estoy convencido: yo no cambio el sector público por el privado».

Esta convicción de servicio fue ratificada por otros cinco especialistas en Tlajomulco quienes, cada uno a su manera, expresaron su genuina gratitud hacia la institución. Algo fundamental en Tlajomulco es que los especialistas prácticamente nunca faltan a sus compromisos públicos, aun alternando con la práctica privada, tal como me lo sintetizaron allí mismo: «Los compromisos se cumplen; el paciente no tiene la culpa de que uno asuma agendas en lo privado. Si una consulta se reprograma, es estrictamente por causas de fuerza mayor».

Para despedirme: en cierta ocasión, al plantearle una pregunta directa al urólogo Dr. Luis Roberto Beas en el consultorio del ISSSTE Colima —«¿Cómo es que le va tan bien en el terreno privado y continúa trabajando aquí?»—, su respuesta fue firme: «Son varias razones, pero la principal es que estoy agradecido con la institución, a pesar de que algunos pacientes sean groseros y la paga sea baja».

Nos leemos en otra entrega.

*Las opiniones expresadas en este texto de opinión, son responsabilidad exclusiva del autor y no son atribuibles a CN COLIMANOTICIAS.