La regasificadora, como popularmente se le llama, tuvo problemas desde su planeación, pues organizaciones ambientalistas como Bios Iguana, A.C. se opusieron de inmediato debido a que dañarían varias hectáreas de mangle, en la zona de la Laguna de Cuyutlán.
A pesar de ello, la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) le otorgó el permiso de construcción, incumpliendo la norma oficial mexicana NOM-022-SEMARNAT-2003, que establece las especificaciones para la preservación, conservación, aprovechamiento sustentable y restauración de los humedales costeros en zonas de manglar.
El argumento principal de la autoridad para el otorgamiento del permiso federal fue que la empresa se comprometería a reponer el mangle en otra zona, a pesar de que la Semarnat, usando otro criterio, ha clausurado obras en otras partes del país, como el proyecto “La Guadalupana” en Tuxpan, Veracruz, por afectar los flujos hidrológicos que podrían afectar las zonas protegidas de mangle.
Sin embargo, la obra ha presentado más problemas para la CFE, pues al incumplir los plazos de su construcción, la paraestatal negoció una multa por las empresas Repsol y KMS, concesionarias del proyecto, de 29 millones de dólares.
De acuerdo al contrato firmado con las compañías extranjeras, la CFE se comprometió a terminar las obras e iniciar operaciones el 1 de septiembre del año pasado con el arribo del primer buque procedente de Perú.
Pero le fue imposible comenzar a operar debido a la conclusión del canal de navegación de Tepalcates, los puentes vehicular y ferroviario que impiden el ingreso de buques a la regasificadora.
Las autoridades no han dado a conocer cuánto fueron las pérdidas por el retraso de las obras.





